Fernando Jáuregui
ZP tiene que recibir a Rajoy
05/03/2006


Rajoy ha tendido la mano, aunque sea retóricamente, a Zapatero.Le ha ofrecido, aunque sea ante los micrófonos convencionales, colaboración. De manera imprecisa, con condiciones, lo que usted quiera. Pero se la ha ofrecido, su tono ha sido considerado como algo distinto, quizá no tan distante, del duro empleado por sus predecesores en el uso de la palabra en la convención: era más dialogante. Quizá sea mero reparto de papeles, quién sabe. Pero entiendo que ahora le toca mover al presidente del Gobierno. Difícilmente podría no hacerlo. Sigo sin entender en qué puede perjudicar a Zapatero mantener un diálogo fluído entre gobierno y oposición con Rajoy.

Si el presidente del PP se equivoca en su estrategia --y hay cuestiones en las que entiendo que comete errores de bulto; por ejemplo, al empecinarse en condenar al Estatut catalán, que es algo que al Gobierno va a salirle bien--, allá Mariano Rajoy. Zapatero habría logrado quitarse de encima una de las principales acusaciones políticas que pesan sobre él, la de despreciar a una fuerza política que, como el PP, tiene diez millones de votos tras de sí. Esta sensación de que el presidente 'castiga' al principal partido tras el PSOE con el desprecio de su alejamiento del sofá monclovita resulta grotesca y penosa: actúa mucho más contra el gobierno que contra la oposición, que, al fin y al cabo, ha hecho lo que tenía que hacer en esta convención tan 'americana': tender una mano con condiciones al Ejecutivo para salir de algunos atolladeros. Y quién sabe si lo de ETA es un atolladero.

Muy seguro está Zapatero de que va a salirle bien, y ojalá así sea. No comparto las acusaciones, tremendas, de que algunos en el PP no quieren el fin de la banda terrorista porque entonces se quedarían sin materia a la que oponerse. Hay muchas materias para atacar al gobierno proponiendo soluciones alternativas --ahí esta lo de las opas, tan silenciado, inexplicablemente, en esta convención--, aunque la falta de imaginación de los estrategas populares no logre definirlas con precisión. En todo caso, ahora no toca criticar a los populares, que han hecho una convención aseada, casi aséptica si prescindimos del discurso de la dureza que aún mantiene ese Aznar por cuya culpa, exclusivamente, su partido perdió las elecciones del 14 de marzo de 2004, casi dos años ya.

No: toca emplazar al jefe del gobierno para que se comporte, en esto, como un estadista, incorporando a la oposición a las tareas importantísimas que le quedan por delante. Las encuestas siguen reflejando con claridad lo que los españoles piensan del comportamiento de sus políticos, tan chocante en algunos sentidos.