Pedro Núñez Morgades
Un ejercicio de responsabilidad
16/03/2006

La convocatoria de macrobotellón previsto en toda España para mañana viernes podría tener unas consecuencias imprevisibles e indeseables lo cual debe generar en todos una honda preocupación y una reflexión de fondo. A mi juicio, se trata de uno de los hechos más irresponsables de los últimos tiempos y que podría provocar el desbordamiento de la capacidad de acción de las instituciones: desde el punto de vista policial, de los servicios sociales y de los sanitarios, que podrían quedar claramente superados en su posibilidad de dar respuesta a lo que pueda suceder, desde un punto de vista preventivo y, especialmente, asistencial.

En este sentido, quiero hacer un llamamiento a los jóvenes para que digan NO a esta convocatoria, no sólo porque la ingesta excesiva de alcohol va a provocar consecuencias inminentes sobre la salud de muchos de ellos, incluyendo el aumento de posibilidades de sufrir, por ejemplo, accidentes de tráfico, sino por los problemas de convivencia y de orden público que se pueden provocar. Y quiero hacer un especial llamamiento a todos aquellos que se ven en la "obligación" de decir sí por no defraudar a sus compañeros de diversión, para que tengan criterio propio y sepan valorar- y actuar en consecuencia- la dimensión del problema que se puede generar.

Es obvio que la disponibilidad de alcohol favorece su consumo, y una convocatoria tan imprudente como ésta, que anima a concentraciones masivas y con el ánimo de competir, induce al consumo compulsivo y descontrolado y traslada, de nuevo, una imagen general de la juventud que no se corresponde con la realidad, en la que los hábitos saludables y la responsabilidad son mayoritarios.

Evitar esta concentración es, pues, cosa de todos. De los propios jóvenes, en primer lugar, pero es obvio los padres y la escuela tienen también un papel fundamental que jugar. A corto plazo, especialmente con los más pequeños, disuadiéndoles de asistir, pero se hace necesaria una labor preventiva más de fondo que pase por modificar algunos hábitos y comportamientos propios de nuestra cultura. El consumo de alcohol, no sólo no está mal visto, sino que se percibe, en muchos casos, como signo de triunfo social. Los padres no previenen a los hijos sobre las nefastas consecuencias que provoca, es más, servimos de ejemplo consumiendo nosotros mismos. Esto tiene que cambiar, para que los jóvenes alcancen a entender la dimensión del daño que pueden provocarse. Y los poderes públicos tienen que enfrentarse al problema y, tal como se ha hecho con el tabaco recientemente, dictar normas que impliquen la reducción del consumo de alcohol.

Una reciente encuesta del CIS, encargada por esta Institución, revela que los padres consideran que los hijos no tienen alternativas de ocio. Los jóvenes, por su parte, manifiestan lo mismo. Es obvio que se hace necesario un diálogo entre jóvenes y adolescentes y adultos para poder centrar y valorar cuáles son las carencias y necesidades y tratar de paliarlas. En este sentido, las Administraciones han de comprometerse en proporcionar a los jóvenes alternativas saludables de ocio y disfrute del tiempo libre, a la vez que, entre todos, tenemos que recuperar aquellas opciones clásicas que se centran en la cultura del día, frente a la actualmente preponderante cultura de la noche, el voluntariado, la práctica del deporte, el montañismo, el excursionismo, las actividades culturales…

Por otra parte, la forma utilizada por los jóvenes para convocar a la asistencia, hace reflexionar también acerca de la utilización responsable que tienen que hacer de las Tecnologías de la Información y la Comunicación porque el alcance de éstas y un mal uso de las mismas pueden tener consecuencias incalculables y estamos viendo últimamente ejemplos de ello (palizas grabadas con los teléfonos móviles, accesos a contenidos inadecuados o peligrosos, etc…)

En definitiva, evitar este macrobotellón y otras manifestaciones similares que se pueden producir en el futuro, es cosa de todos. De los propios jóvenes, de los padres y educadores, de las instituciones, de los medios de comunicación... No nos relajemos y actuemos desde el consenso y con un objetivo común, abriendo un diálogo para definir alternativas de futuro. Estamos a tiempo.
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* Pedro Núñez Morgades es Defensor del Menor