La convocatoria de macrobotellón previsto en toda España para
mañana viernes podría tener unas consecuencias imprevisibles
e indeseables lo cual debe generar en todos una honda preocupación
y una reflexión de fondo. A mi juicio, se trata de uno de
los hechos más irresponsables de los últimos tiempos y que
podría provocar el desbordamiento de la capacidad de acción
de las instituciones: desde el punto de vista policial, de
los servicios sociales y de los sanitarios, que podrían quedar
claramente superados en su posibilidad de dar respuesta a
lo que pueda suceder, desde un punto de vista preventivo y,
especialmente, asistencial.
En este sentido, quiero hacer un llamamiento a los jóvenes
para que digan NO a esta convocatoria, no sólo porque la ingesta
excesiva de alcohol va a provocar consecuencias inminentes
sobre la salud de muchos de ellos, incluyendo el aumento de
posibilidades de sufrir, por ejemplo, accidentes de tráfico,
sino por los problemas de convivencia y de orden público que
se pueden provocar. Y quiero hacer un especial llamamiento
a todos aquellos que se ven en la "obligación" de decir sí
por no defraudar a sus compañeros de diversión, para que tengan
criterio propio y sepan valorar- y actuar en consecuencia-
la dimensión del problema que se puede generar.
Es obvio que la disponibilidad de alcohol favorece su consumo,
y una convocatoria tan imprudente como ésta, que anima a concentraciones
masivas y con el ánimo de competir, induce al consumo compulsivo
y descontrolado y traslada, de nuevo, una imagen general de
la juventud que no se corresponde con la realidad, en la que
los hábitos saludables y la responsabilidad son mayoritarios.
Evitar esta concentración es, pues, cosa de todos. De los
propios jóvenes, en primer lugar, pero es obvio los padres
y la escuela tienen también un papel fundamental que jugar.
A corto plazo, especialmente con los más pequeños, disuadiéndoles
de asistir, pero se hace necesaria una labor preventiva más
de fondo que pase por modificar algunos hábitos y comportamientos
propios de nuestra cultura. El consumo de alcohol, no sólo
no está mal visto, sino que se percibe, en muchos casos, como
signo de triunfo social. Los padres no previenen a los hijos
sobre las nefastas consecuencias que provoca, es más, servimos
de ejemplo consumiendo nosotros mismos. Esto tiene que cambiar,
para que los jóvenes alcancen a entender la dimensión del
daño que pueden provocarse. Y los poderes públicos tienen
que enfrentarse al problema y, tal como se ha hecho con el
tabaco recientemente, dictar normas que impliquen la reducción
del consumo de alcohol.
Una reciente encuesta del CIS, encargada por esta Institución,
revela que los padres consideran que los hijos no tienen alternativas
de ocio. Los jóvenes, por su parte, manifiestan lo mismo.
Es obvio que se hace necesario un diálogo entre jóvenes y
adolescentes y adultos para poder centrar y valorar cuáles
son las carencias y necesidades y tratar de paliarlas. En
este sentido, las Administraciones han de comprometerse en
proporcionar a los jóvenes alternativas saludables de ocio
y disfrute del tiempo libre, a la vez que, entre todos, tenemos
que recuperar aquellas opciones clásicas que se centran en
la cultura del día, frente a la actualmente preponderante
cultura de la noche, el voluntariado, la práctica del deporte,
el montañismo, el excursionismo, las actividades culturales…
Por otra parte, la forma utilizada por los jóvenes para convocar
a la asistencia, hace reflexionar también acerca de la utilización
responsable que tienen que hacer de las Tecnologías de la
Información y la Comunicación porque el alcance de éstas y
un mal uso de las mismas pueden tener consecuencias incalculables
y estamos viendo últimamente ejemplos de ello (palizas grabadas
con los teléfonos móviles, accesos a contenidos inadecuados
o peligrosos, etc…)
En definitiva, evitar este macrobotellón y otras manifestaciones
similares que se pueden producir en el futuro, es cosa de
todos. De los propios jóvenes, de los padres y educadores,
de las instituciones, de los medios de comunicación... No
nos relajemos y actuemos desde el consenso y con un objetivo
común, abriendo un diálogo para definir alternativas de futuro.
Estamos a tiempo.
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* Pedro Núñez Morgades es Defensor del Menor
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