El Rey de Marruecos visita estos días el Sahara, una
parte del Sahara. Y está siendo aclamado por los habitantes
de una tierra que pertenece a otros que, sin embargo, no pueden
estar allí. Es posible que Mohamed VI siga el camino trazado
y, dentro de unas semanas, proponga en las Naciones Unidas
un proceso de autonomía para este territorio y trate de cerrar
artificialmente el conflicto. Es posible que las Naciones
Unidas, que "urgen" desde hace décadas un referéndum
para que hablen los saharauis, siga mirando hacia otro lado
y no haga nada. O, lo que sería mucho peor, que sea cómplice
de una farsa y aplauda la propuesta del monarca alauita y
"archive" el conflicto. Es posible que el Gobierno
socialista español, que hace años defendía con firmeza el
derecho de los saharauis a su tierra y a su autogobierno,
mire para otro lado. Es posible que la sociedad y las instituciones
españolas, que tienen una deuda histórica con los saharauis
que hablan nuestra lengua, siga asistiendo sin hacer nada
a esta humillación, a esta provocación.
Dicen los testigos de esta visita que "las fronteras del
territorio se encuentran cerradas desde hace varias semanas"
y que las calles están tomadas militarmente, con detenciones
y secuestros de todo aquel que pueda pensar diferente. El
próximo sábado, después de una "gira triunfal", Mohamed
VI anunciará sus "medidas de libertad". No las podrán
escuchar en directo, frente a frente, los miles de saharauis
que viven en el duro exilio, esperando volver un día a las
calles de El Aaiún, su ciudad, y a las de tantos otros lugares
de donde fueron expulsados. Ni le escucharán los saharauis
que están encarcelados en la cárcel negra de El Aaiún. Algunos
abogados españoles saben de primera mano cómo son detenidos,
torturados y juzgados sin el menor respeto a los derechos
fundamentales y violando todas las normas, cuantos simplemente
defienden los derechos y la libertad de su pueblo, expresamente
contemplados en el "plan de paz" de la ONU.
En España, muchos ciudadanos siguen protestando de vez en
cuando, cada vez menos, y otros muchos, casi siempre los mismos,
acogen cada verano a niños saharauis, cuyos padres no sólo
quieren ofrecerles el derecho a unas vacaciones, sino, sobre
todo, el derecho a no perder sus raíces españolas. Fuera de
ellos, ¿a quién le importa el olvido de un pueblo, su exterminio,
la carencia de los derechos más fundamentales? ¿A quién le
importa el Sahara? |