Emilio Martínez
Poner los pies en el suelo
16/06/2006


Somos un país extremista. Para bien y para mal, aunque a lo largo de nuestra complejísima historia, y en ámbitos más importantes que el fútbol, hemos salido perjudicados en más ocasiones. Y ahora ya está aconteciendo, de nuevo. La Selección ha pasado en el ánimo de la mayoría de los aficionados e incluso de los periodistas especializados –lo que es peor- de ser poco más que un petardo que siempre nos defrauda a clara aspirante al título del Mundial. Por arte de birlibirloque, la victoria y el excelente juego ante Ucrania han obrado tal milagro laico de la religión compulsiva que es el deporte rey.

Mas es menester, justo y necesario, situar las cosas en su sitio. Centrarse en la realidad sin pesimismos antiguos ni optimismos actuales excesivos. Algo que incluso alguien tan nefasto como el presidente de la Federación, el ínclito Ángel María Villar, ha comprendido al declarar que “aunque hayamos vencido a Ucrania, no somos favoritos; hay que tener los pies en el suelo”. En similar medida se han manifestado varios jugadores cuestionados al respecto, como Cesc, Xavi, Puyol, Pablo, Pernía y Torres. E incluso el propio Luis Aragonés: “Sólo hemos ganado un partido, aunque sea importante”.

Porque, aunque era inhabitual que España empezara las grandes competiciones con victoria, tampoco eso justifica ahora tanto y tan excesivo optimismo. Pues un grano no hace granero y nada nos garantiza que no lleguemos al fiasco de siempre: o eliminados muy pronto o a poner la pica en…cuartos de final como mayor ¿éxito? Porque hasta en las pocas ocasiones en que se dio tan favorable circunstancia, como en los Mundiales de Inglaterra del 66 y Corea del 2002, y en el Europeo de Portugal de 2004, y se desató una euforia casi similar, el fracaso o el ¿éxito? de cuartos acabó ocurriendo también.

Quizás la diferencia ahora sea que la victoria inicial llegó adornada por un excelente juego, muchas ocasiones y cuatro goles, cuatro. Añadido a la savia joven que ha metido el seleccionador y a que todos los jugadores sudaron la camiseta y se entregaron a tope, las esperanzas de hacer algo grande son mayores. Pero ahora, y hasta el final de esta primera fase, lo que toca es disfrutar de este pequeño éxito, procurar que no se suba a la cabeza de los futbolistas –para eso está el sicólogo, suponemos- y saldar los otros dos partidos, ante los ‘parias' de Túnez y Arabia Saudí con juego y goleada similar.

Luego, ya llegará la hora de la verdad en los cruces a partir de octavos, que ojalá desemboquen en cuartos y éstos en semifinales. Pero ahí ya habrá rivales de entidad, como esa excelente Argentina, que el viernes nos quitó el récord de goles en un partido de esta competición (6-0 a Serbia, la que nos superó en la fase de clasificación y nos obligó a disputar la repesca).

O una Holanda que está muy fuerte, o una Italia también muy agresiva, o una Inglaterra más que competitiva, o un Brasil pleno de estrellas, o una Alemania que se lo ha creído y juega en casa, o alguna revelación que surja, como Ecuador. Eso sí, con los pies en el suelo -por donde debe transitar el balón cuando lo juegan los buenos equipos, como España ante Ucrania- , ahora podemos soñar con algo superior a nuestra oscura historia mundialista. No es poco.

 

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