La iniciativa de los convergentes de Mas y Durán, no cabe duda, han atraído sobre sí toda suerte de comentarios, incluso antes de que las copias hubieran sido distribuidas a sus destinatarios, el electorado catalán. Eso es lo que esperaban, naturalmente, aunque cabe plantearse por qué un millón y no los cinco o seis que pudieran ir destinados a los catalanes con derecho al voto. Se supone que con menos inversión se cubre a todo el electorado. Porque, a estas alturas, nadie con ganas de saber qué contiene el vídeo habrá quedado ajeno a estas eficaces técnicas de marketing empleadas por los convergentes.
Cuentan los cronistas que ya se han anticipado a su visionado que el famoso DVD de CiU contiene los episodios negros del tripartito, -desde el Tinell a la corona de espinas, pasando por las subidas de sueldos de algunos republicanos-, y que ha significado que se haya desatado una tormenta política. Hay reacciones para todos los gustos: desde la "profesional" de TV3 que denuncia que los nacionalistas utilizaron imágenes de la cadena sin su consentimiento, hasta las de los distintos partidos 'afectados', que censuran a CiU por ofensas gratuitas. Montilla destaca que no aparecen en la grabación 'los amigos del PP', insinuando, una vez más, que CiU juega a preparar su futuro gobierno con la derecha de Piqué. Mas alega que el documental no intenta nada y sólo recuerda lo que ha pasado. Pero en la producción se acusa directamente a Montilla de dirigir el tripartito, advirtiendo, de ese modo, con lo que puede venir encima tras el primero de noviembre. Una repetición: El candidato socialista es presentado como un garante de un nuevo gobierno de izquierdas, como que a Montilla probablemente ni siquiera le venga mal. Montilla bien quisiera un nuevo tripartito sin las hipotecas del viejo tripartito de Maragall, que ahora ha descrito el vídeo.
Por lo demás, una encuesta de la Generalitat da a Mas una ventaja de 1,8 puntos. Y se constata ya en medios políticos en qué medida Cataluña 'altera presupuestos y alianzas'. La coincidencia de la campaña amenaza las cuentas del Estado y la mayoría en el congreso. Los antiguos socios del gobierno, ERC y CiU, han dejado sólo a Solbes, siquiera hasta el primero de noviembre, para poderle ofrecer sus votos. Una vez que se haya superado ese tiempo de campaña y de votos, es probable que los convergentes o los republicanos regresen a los pactos anteriores. CiU, sin ir más lejos, acaba de señalar que la reforma fiscal pactada con Solbes es perfectamente aceptable. Y estos presupuestos lo hubieran sido, también, de no haber coincidido con unas elecciones en las que cada cual quiere apuntarse haber conseguido unos cuantos euros de más en las infraestructuras del año que viene.
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