Lo peor de la política española es que los políticos se han profesionalizado. Dicho de otra manera: viven de la política. Eso convierte cualquier cita con la urnas en un momento dramático y estresante, equiparable al trance por el que pasa quien piensa que puede quedarse sin empleo ante un cambio de propiedad en la empresa o la llegada de un nuevo jefe. Por eso comparecen inquietos y agresivos durante las campañas electorales.
En Cataluña, el gran escándalo en el arranque de la campaña es un DVD de contenido propagandístico distribuido por la oficina electoral del candidato convergente Artur Mas.
Ese es el escándalo; no que el 'Parlament' todavía no haya creado un comisión para investigar sí es cierto que había costumbre de cobrar un determinado porcentaje de dinero por la adjudicación de obras públicas -práctica denunciada en su día ¡nada menos que por el presidente Maragall señalando a los bancos de CiU!-.
Que el señor Montilla, hombre triste dónde los haya, parezca resignado a perder las elecciones para que el señor Rodríguez Zapatero tenga de socio parlamentario en Madrid al Artur Mas que formaba parte del 'Govern' de Jordi Pujol señalado por Maragall en el caso del '3%', es lo políticamente escandaloso. La ingeniería política debería estar mal vista por los ciudadanos y las prácticas maquiavélicas ser objeto de desprecio.
Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Habiendo sida desterrada la lealtad, en el solar de la política triunfa la doblez presentada como agudeza. Más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña -como los del resto de España- tienen problemas muy serios derivados del elevado coste de la vida y de los parvos salarios; de la insuficiencia de la red sanitaria: apenas hay hospitales comarcales y los ambulatorios no tienen especialidades.
Aunque hay más de un millón de casas vacías, a los jóvenes -y a quienes ya no lo son- les cuesta encontrar vivienda. Hay problemas, también, con los inmigrantes. Problemas sanitarios porque la presencia masiva de extranjeros en las urgencias, las colapsa. En Cataluña, además -hay problemas con la política de inmersión- todas las asignaturas se imparten en catalán y el castellano se enseña a la manera del inglés, como otro idioma más.
De todo esto y de la endogamia política que ha convertido a Cataluña en el pretendido 'oasis' de la política española, apenas han dicho nada los partidos políticos en los compases iniciales de la campaña. Pobrecitos, están tan preocupados con el DVD que no han tenido tiempo de apagar la tele, abrir la puerta y salir a la calle a preguntar a los ciudadanos qué es lo que de verdad les preocupa.
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