Dicen que los Congresos -sobre todo si son de periodistas- sirven para poco. Especialmente cuando la libertad de exposición, el respeto a la pluralidad, la diversidad de criterios y el buen talante en los debates están garantizados. No es una afirmación baladí, aunque lo parezca, porque si en el mundo global hay debates amplísimos, con multitud de posturas opuestas y hasta irreconciliablemente enfrentadas en las que es imposible alcanzar ningún tipo de síntesis, los debates sobre periodismo y/o comunicación entre periodistas pueden rondar el infinito. Y más si se encara el ‘nuevo periodismo' en una actitud abierta y frente a la posición de los medios tradicionales.
Pero no ha sido así en el caso del I Congreso Internacional de Periodismo clausurado este sábado en Valencia nada menos que por la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega , y el conseller de Relaciones Institucionales y Comunicación de la Generalitat Valenciana , Vicente Rambla. Dirigido el evento por Fernando Jáuregui, patrocinado por la Generalitat y moderadas las mesas por profesionales de altísimo nivel, el masivo acto ha servido para mucho, pese a los ‘congreso-escépticos'.
Quizá no haya acuerdo global sobre nuevos códigos éticos y deontológicos que aborden los retos jurídicos del ‘nuevo periodismo' -como han demandado en esta sesión de clusura los abogados Enrique Arnaldo y Javier Cremades, o el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid Javier Fernández del Moral-, ni mucho menos en lo referente a un Estatuto para la profesión periodística -como quiere el presidente de la Asociación de la Prensa madrileña, Fernando González Urbaneja-, pero sí ha habido unas interesantísimas conclusiones de tres días de debate que han sido brillantemente expuestas por el conseller Vicente Rambla.
El Congreso de Valencia, aún con las críticas que puede –y hasta debe recibir- ha sido un éxito indudable, por mucho que a algunos les pese –y les pesa-, y lo ha sido por su organización, por su puesta en escena, por la plenitud de sus paneles sobre el conjunto de la problemática que confluye en el mundo de la comunicación –que no sólo periodismo-, por el altísimo grado de asistencia –más de 400 alumnos-congresistas de diferentes Universidades- y de seguimiento, por la calidad de los ponentes y participantes en mesas redondas –más de 60, y de todas las adscripciones, como ha destacado Rambla- y por la dosis de ‘buen talante' mostrado por todos, desde la organización de la Generalitat Valenciana hasta de la aceptación por La Moncloa de que Fernández de la Vega lo clausurara, al alimón, con el popular Rambla –recordemos que la inauguración corrió a cargo del Príncipe Don Felipe (con mensaje en vídeo) y del presidente Francisco Camps, del PP, y que las elecciones están a la vuelta de la esquina-.
Y el éxito se nota también en dos factores que no se pueden pasar por alto: las consecuencias del mismo: la asunción por el Gobierno valenciano de Camps de darle continuidad en años sucesivos y con sede en Valencia y la creación –anunciada por Rambla- de un Observatorio Internacional de Nuevo Periodismo, también en Valencia. No han sido, por lo tanto, unos debates baladíes los de los tres últimos días.
Y el éxito se nota también porque la vicepresidenta Fernández de la Vega llegó a Valencia cargada de compromisos gubernamentales respecto al reto del ‘nuevo periodismo' y del profundo cambio que se está operando en este mundo globalizado con las nuevas tecnologías. Hábil, como siempre, De la Vega aprovechó ese marco para, por ejemplo, comprometer oficialmente al Gobierno de Rodríguez Zapatero en que en 2007 todos los pueblos superiores a 250 habitantes tendrán banda ancha; es decir, hacer posible que la auténtica autopista de la información –de la comunicación globalizada- pase por España con la misma velocidad-luz que por los países más industrializados y comunicacionalmente más concienciados y desarrollados que el nuestro.
Fernández de la Vega apareció en Valencia cargadita de compromisos que se resumen en “facilitar desde el Gobierno [del Estado] el tránsito hacia la sociedad del conocimiento” para situar a España en 2010 “en el pelotón de cabeza europeo en lo que a las tecnologías de la información y comunicación se refiere”. Para ello, ahí queda el anuncio de la vicepresidenta de invertir un 2 % del Producto Interior Bruto más –hasta llegar al 7 %- en tecnologías de la información y la comunicación. Ardua tarea para que tanto compromiso no quede en poco más que palabras a la hora de cerrar un Congreso que ha respirado éxito por cada uno de sus poros.
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