Hay momentos en que las decisiones
que tomas marcan tu vida. En este contexto, las próximas elecciones del 1 de noviembre
son elecciones que marcarán el futuro de Cataluña, de las políticas sociales,
de las políticas ambientales, del modelo de sociedad que queremos ser.
Buena muestra del momento trascendental que se vive son las características del
debate político. Un debate que gira entorno a propuestas tan sonoras como clarificadoras.
Mientras unos hacen propuestas para ayudar con desgravaciones fiscales a todos
los que puedan llevar a su hijo a una academia de inglés, otros hacemos una propuesta
para hacer que sea la escuela pública, y no la renta familiar, la que garantice
el acceso a un tercer idioma. Mientras CiU propone ayudar en un 20% en la compra
de una vivienda, independientemente del precio de la misma, ICV-EUiA hace la propuesta
de multiplicar la oferta de vivienda social, garantizando así el derecho a una
vivienda digna. Mientras Mas hace una propuesta de carné por puntos en
materia de inmigración que nos acerca al medievo o a las propuestas de la ultra
derecha europea, desde la izquierda hacemos una propuesta para ampliar el Estado
del Bienestar abordando un reto como el de la inmigración. Lo que está en juego
es si después de una legislatura decisiva, con un nuevo Estatut, ponemos los nuevos
instrumentos en manos de la derecha o hacemos que el desarrollo de esta nueva
norma se haga en clave de equidad. La primera conclusión: el 1 de noviembre los
ciudadanos de Cataluña decidimos si queremos situarnos en una lógica mucho más
social y ambiental, o queremos convertirnos en el ejemplo ultraliberal del sur
de Europa. Esta campaña está poniendo encima de la mesa que existen dos modelos
de sociedad: el de CiU que quiere hacer de Cataluña el paraíso de los ultraliberales,
y el de la izquierda, el nuestro, que plantea un modelo de equidad, de ecología
y de ética.
En estas elecciones no se decide exclusivamente el futuro
de Cataluña. No podemos olvidar que el resultado de los comicios puede derivar
una política de alianzas en la que el PSOE, en el ámbito estatal, se apoye en
la derecha catalana, enfatizando más su vertiente liberal y bandeando su alma
más social; o por el contrario, puede ayudar a consolidar una alma progresista
en la que los acuerdos con CiU no vaya más allá de cuestiones puntuales como la
reforma fiscal.
En este contexto de doble orientación, tanto para Catalunya
como para el resto del Estado, uno de los discursos que más aparece en esta campaña
es el de la eficacia. Y es más que evidente que si algo le ha sobrado al tripartito
ha sido el ruido. Un nuevo gobierno catalanista y de izquierdas lo primero que
debería tener es un manual de buen gobierno, más que para cambiar la orientación
de sus políticas ( novedosas y decididas en educación, vivienda, sanidad…), para
saber comunicar sus aciertos. Es evidente que episodios como el de la corona de
espinas en nada han favorecido la imagen del Gobierno, pero no es menos cierto
que tampoco han perjudicado a la vida de la gente. Mientras que los errores del
tripartito han sañado su propia imagen, los errores del gobierno de CiU, dando
subvenciones a las escuelas de élite o acumulando un déficit de más de 1.200 millones
de euros por su mala gestión, han perjudicado a la ciudadanía.
En esta
tesitura, desde ICV-EUiA lo decimos de forma clara y diáfana: la única mayoría
que garantiza no volver al pasado, que garantiza el situar al pueblo de Cataluña
en una estela de equidad, sostenibilidad y justicia, sería una mayoría entre PSC,
ERC e ICV-EUiA. La discusión no está tanto entre Mas y Montilla -hay que
tener en cuenta que nuestro modelo no es presidencialista- sino en las mayorías
posibles y la correlación de fuerzas entre las diferentes fuerzas de izquierda.
El problema está en que ante la CiU más de derechas de la historia, el
PSC no descarta el escenario sociovergente, y ERC no cierra la puerta a un acuerdo
con la derecha nacionalista.
La propuesta de la coalición ecosocialista
para el próximo 1 de noviembre aporta contundencia y radicalidad en los planteamientos.
Es ICV-EUiA quien define un modelo de país menos dependiente del ladrillo y más
asentado en infraestructuras sostenibles y en una política industrial de futuro.
Joan Saura representa una forma de gobernar desde la serenidad, sabiendo que
ha sido precisamente el ruido lo que le ha sobrado a este Gobierno. A ello le
suma una política de alianzas clara: cualquier votante progresista sabe que un
voto a la candidatura rojiverde nunca acabará de forma indirecta dando apoyo a
las políticas que representa el señor Mas. ______________________________
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Joan Herrera es portavoz de ICV en el Congreso de los Diputados
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