No hay que olvidar que nos encontramos ante unas elecciones anticipadas. Anticipadas
porque hemos tenido que sufrir un gobierno desastroso, con crisis continúas, que
han perjudicado seriamente la imagen de Cataluña y, en consecuencia la de sus
políticos. Durante estos tres últimos años la mayor parte de los políticos catalanes
han estado ocupados y preocupados por temas que no eran del interés de nadie,
salvo de ellos mismos. Los que han gobernado y los que en teoría tenían que ser
su oposición se han dedicado a redactar un Estatuto que no les había pedido nadie.
Han justificado la inacción del gobierno con la excusa de la elaboración de ese
Estatuto como si su redacción agotase las energías de toda una legislatura.
Los catalanes ya hemos dicho lo que pensábamos de todo ello. El Estatuto fue apoyado
por uno de cada tres catalanes y el referéndum que lo aprobó tuvo un nivel de
participación tan bajo que únicamente admite una lectura: fue una descalificación
colectiva a una forma de hacer y de entender la política catalana.
Hoy,
el cambio es posible. Cataluña necesita que lo que es normal en la calle se instale
en el Gobierno de la Generalidad y en el Parlamento. Cataluña y los catalanes
necesitamos que se hable claro de seguridad, de inmigración, de economía, de la
rebaja de los impuestos, de vivienda y de infraestructuras, que es a lo que se
ha venido dedicando, se dedica y se dedicará en el futuro el Partido Popular de
Cataluña.
La política catalana se ha convertido en el reino de los intereses
creados a espaldas de los ciudadanos. Suceda lo que suceda y se denuncie lo que
se denuncie, aquí nunca pasa nada. Aquí, nadie asume nunca ninguna responsabilidad.
Nadie da la cara. Aquí, se hunde el Carmelo, hacemos el ridículo internacional
con el Forum de las Culturas, se suspende una reunión de los ministros de vivienda
porqué el Gobierno no puede garantizar la seguridad de los ciudadanos o se produce
una entrada masiva de inmigrantes ilegales y nadie asume responsabilidades de
la nefasta gestión que está detrás de esos hechos. Aquí, se paraliza el aeropuerto
de El Prat, se produce una refriega de acusaciones de corrupción con el 3% o nos
enteramos que se cobra un impuesto revolucionario por trabajar en la Generalitat
y no pasa nada. Nunca pasa nada. Y no pasa nada porque tanto el Tripartito como
CiU se han instalado en el conformismo de lo políticamente correcto. Se han tapado
mutuamente las vergüenzas en los últimos tres años.
Cataluña necesita
un Gobierno serio y honesto. Y eso sólo lo puede garantizar el PP. Porque CiU
no renuncia a pactar con los protagonistas del tripartito. Ni con ERC ni con el
propio Montilla. Sólo el PP lo puede garantizar. Hace falta sentido común.
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Daniel Sirera es secretario de comunicación del PPC.
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