| 31 de octubre, jornada de reflexión en Cataluña, mientras en las Españas se continuará pontificando sobre lo que les conviene a unos u otros al margen de las apetencias, inquietudes y necesidades del electorado catalán, que es quien vota.
Voy a analizar cómo veo a unos y otros y cuatro pinceladas finales de una campaña que se inició el día mismo en que, hace tres años, el Tripartito gestó y suscribió el Pacto del Tinell interruptus .
CiU. Actitud prudente de quien va por buen camino y busca no torcer el rumbo. Es consciente de que, si suman, habrá reedición del tripartido PSC-ERC-IC por mucho que ERC vuelva a ponerse ahora el ropaje de equidistante. En los últimos días, Convergencia i Unió ha moderado sus críticas a ERC e incluso al PP para no poner puertas al campo. La buena fe existe en todos los lares, también en los feudos electorales de PP y ERC y conviene desenredar algunos entuertos, desde el paso en falso de la notaría para explicitar que no habrá pacto con el PP hasta las diatribas que les han caído a los de Carod-Puigcercós por cuenta de su papel determinante en la conformación del tripartito. Por eso se critica ahora a determinantes dirigentes, pero no a los votantes de esas formaciones con la esperanza de pescar algo.
Ellos mimos confiesan un déficit: Además de haber cabreado a sectores del PP partidarios del voto útil quizás no han pescado en los caladeros maragallianos: sectores catalanistas que no aceptan a Montilla por desclasado pero que demandan una OPA amistosa que no les comprometa ante la izquierda que una querida colega madrileña llama chic.
Ha cambiado la táctica: se ha pasado del famoso DVD algo incendiario, pero sobretodo plomizo en duración, a la técnica de la que sacó tanto rédito Pujol en sus buenos tiempos: la obra de gobierno en comparación con lo que no se ha hecho en estos tres años. En el mitin de Badalona, Artur Mas apeló a ese legado, al sentimiento, al programa y a un ideal de país para sus hijos. Carta ganadora, falta ver si suficiente.
Un riesgo: creerse la supuesta palabra de Zapatero de que respetará el resultado de las elecciones. Esta especie va corriendo en exceso y puede desmovilizar a los que dan el triunfo –y el gobierno- por asegurado.
PSC. Zapatero, valor seguro para los socialistas. Lo han paseado por Lleida, por Tarragona, ayer por Barcelona y sobretodo por Santa Coloma, feudo electoral de Manuela de Madre, esa sí que habría sido una candidata capaz de enervar a la izquierda y a la que no lo es tanto. Tenemos a Montilla, un candidato apocado –es cuestión de carácter- y apagado –fruto del tempo - necesitado de aparentar autonomía, pero que tiene que echar mano del presidente del Gobierno a ver si le levanta votos en el otrora cinturón rojo ahora compartido en sentimiento anticatalanista con el PP. Por cierto que, este domingo, Montilla corregía al periodista de El Periódico (¿?¿¿) que no es PSOE, sino PSC, y entonces ¿qué hacía ZP ayer con él en Santa Coloma o en Rubí?
ERC. Artífice del tripartito aunque no lo mente, pero en el debate de TV3 quedaron claras las alineaciones. Con la experiencia de hace tres años ahora ya no vale la presunción de que sumaría sus votos a un frente nacionalista con CiU y quizás IC. Ahora se la juzgará en tanto que integrante del tripartito. Si suma con PSC e IC y no baja sustancialmente en apoyo electoral estará legitimada para repetir la experiencia, si Montilla-ZP le dejan. Si le retira parte de la confianza el voto prestado desencantado, cansado o huidizo de Mas hace tres años, deberá tomar buena nota de por dónde van los tiros de cierto nacionalismo que no entendió la defección hacia el PSOE.
PP. El tripartito les aporta munición de alto calibre. No les importa la Generalitat , saben que no gobernarán ni directa ni indirectamente, sino que es una estación en el camino para reconquistar la Moncloa. Aquí se juega una doble estrategia: la de los Acebes-Zaplana que saben que la leña al mono catalán les da votos en Valladolid y en Almería, y la de los Piqué y alguno más desubicado que sabe que el PP no volverá al poder sin un resultado mínimamente aceptable en las elecciones generales en Cataluña, lo cual pasa por reducir los decibelios de la bronca.
En la base de los populares aflora una mala conciencia: tanta campaña en negativo le está haciendo el juego a los ácratas-desencantados-cachondos de Ciutadans, la formación que para mí, insisto, no pasará de unas décimas en el cómputo total de votos.
IC. No cuentan más que si PSC requiere de su suma. Campaña marginal de diseño a la espera de que los vientos soplen a favor. Bueno, esto es figurado porque por estar en contra incluso lo están de la energía eólica.
Hecho este repaso a las cinco fuerzas actualmente parlamentarias, aquí van cuatro píldoras de la campaña que se cierra esta noche del lunes:
Una. El tripartito nació contra el PP, que entonces gobernaba y que previsiblemente tenía que repetir en 2003 y contra el que ERC se pretendía erigir en una especie de Batasuna respondona. El diseño de la jugada empezó a hacer aguas a la que el gobierno Zapatero necesitó de sus votos para gobernar.
Dos. La socioconvergencia, aunque derogaría la alternancia en Cataluña, suma en España. El voto del PSC ya está descontado, -igual que el del PSOE- como en la Bolsa los valores emergentes, y en cambio ZP necesita de los votos de CiU para tirar cómodamente lo que resta de legislatura sin sobresaltos.
Tres. Exceso de teatralidad en la campaña. Pesa más el impacto mediático que el contacto con el ciudadano-elector. Desaparece el mercado como plató por un día, afortunadamente, pero La Vanguardia , por poner en caso, ha requerido a los cinco grandes candidatos hasta seis veces en quince días: entrevista con Sala Martín, vermú con Joan de Sagarra, consejo de redacción para hacer una portada ful, cultura gastronómica con Santi Santamaría, retrato de afinidades, aficiones y vestuario, y hasta una entrevista con la esposa.
Cuatro. Lamentable las carreras por hacerse la foto con Joan Laporta. Triste es que el icono-totem para arrastrar votos para Mas y Montilla sea el presidente de un club de fútbol. No he visto idéntica destreza o premura en reunirse, fotógrafos mediante, con un empresario emprendedor para ver cómo agilizar la constitución de una empresa, un científico como Joan Messegué para hablar de investigación, una asociación de disminuidos para interesarse por su integración igualitaria en una sociedad excluyente, o un demógrafo para analizar el escenario de Cataluña en el 2025.
Demasiado plástico.
Apostilla: Más allá de lo que en Cataluña se juega –reeditar el tripartito, regresar a la tradición de un gobierno de CiU o abrir nuevas vías inéditas –CiU+PSC-, no extrañe que el cansancio degenere en desánimo, pasotismo y abstención. Si votamos el 60 por ciento, démoslo por bueno.
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