Un restaurante en cada rincón

Ociocrítico 14/5/2004

Patones de Arriba
A 60 km de Madrid por la A-I, salida Torrelaguna, tras atravesar esta localidad.

Cuesta llegar a Patones de Arriba. Hay quien dirá que está lejos, quien alegará que nunca hay sitio para aparcar, quien argumentará que está demasiado frecuentado... Sí, lo está. Es algo así como un pueblo de atrezzo, tan meticulosamente remozado él, y el turista madrileño lo adora en las primaveras soleadas. Aun así, no ha perdido su encanto de rincón oculto en la serranía norte, de enclave ejemplar de la arquitectura negra regado por bucólicos arroyuelos, y, lo que es mejor, tiene múltiples y coquetos restaurantes para todos los bolsillos, casi todos con terrazas que permiten disfrutar de la agreste naturaleza mientras se degusta un buen plato de migas serranas o algo más sofisticado,
según pida el cuerpo en ese momento.

Lo mejor es llegar con tiempo, un par de horas antes de que el estómago reclame lo que por derecho le pertenece, y dar un paseo por los alrededores. Estirar las piernas para que el ejercicio y el aire fresco de la montaña hagan su trabajo antes de la colación es de lo más sano, palabra de com.ilón. El entorno está plagado de praderas ribeteadas de olivos y salpicadas de margaritas y jaras en flor; también de escarpados farallones y suelos empedrados cuya utilidad escapa al entendimiento del visitante pero igualmente pintorescos.

Cuando se canse de naturaleza, entre en las calles empedradas del pueblo. Paséelas, disfrútelas... y elija uno de los múltiples restaurantes que le saldrán al paso tras cada esquina, en cada callejón. Cualquiera de ellos tendrá una coqueta terraza donde dar buena cuenta de un almuerzo al sol, y en las noches de verano harán las delicias de quienes no soportan los rigores estivales. Si uno se decanta por la cocina de autor no debe dejar de entrar en El Poleo, donde Paco Bello se esmera, con fundamento y calidad (y quizá algo de ínfulas), en deleitar a los paladares. Sólo un pero: no espere en la terraza los mismos platos que en el interior. Una lástima.

Para bolsillos menos frondosos aunque gustos igualmente delicados, recomendamos hacer parada y fonda en Las Eras. Para ello hay que escalarse todo el pueblo (el establecimiento está al final de la calle principal), pero sus croquetas de albóndigas merecen la pena, lo mismo que sus morcillas de burgos al roquefort. El dueño se esmera en la atención y, si llevan perro (un must en un auténtico día de campo), le dará casi casi el mismo trato que a usted, lo cual es de agradecer.

En el camino a Las Eras le tentará El Rey de Patones; si deja que sus pasos le lleven por otros derroteros le saldrá al encuentro El Rincón de Patones... Servidor, sin embargo, les recomienda que no decaigan, que no se dejen vencer por la falta de originalidad en los nombres y que sigan subiendo. Encontrarán una tentación a cada momento: que si una pastelería artesana, que si un hotel con encanto (y carísimo, y con una lista de espera de aquí a Pekín...).

Si no pierden el resuello, pongan su piolet en La Terraza de Patones. En su terraza, con parrilla a la vista y una panorámica total del pueblo ante sus ojos, encontrarán un queso aliñado que les sabrá a gloria, unas migas serranas muy mejorables y unos huevos rotos en sartén que les resucitarán tras la caminata. La ensalada de queso de cabra también es recomendable, y en cuanto a las carnes, hay donde elegir. Eso sí, todo en plan poco elaborado y económico. Como última recomendación, no se les ocurra probar el vino de la tierra, por mucho que les insistan.

El Poleo. Tel. 91 843 21 01
El Rey de Patones. Tel. 91 843 20 37
El Rincón de Patones. Tel. 91 843 20 42
La terraza de Patones. Tel. 607 488 901
Las Eras. Tel. 91 843 08 61