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Jugando
a las comiditas con las estrellas del Madrid culinario
Com.ilon
La cosa iba del Foro Gastronómico que, coincidiendo
con el Salón de la Alimentación (Ifema.- Pabellones
5 y 7.- Del 30 de marzo al 2 de abril). Las estrellas
de la restauración madrileña, en plan muy compadre,
ante un público entregado -esperaba degustar gratis-y
escasamente entendido, iban a dar muestras de
su sublime arte. Y, naturalmente, el Com.ilón
de guardia (en este caso foráneo) allá que se
fue.
Cualquier
ciudadano corriente y moliente, metido en la danza
de una feria, sino de las vanidades, sí de los
estómagos, sabe que el truquillo está en poner
cara de curiosidad ante los tropomilentos stands
que esperan que su imagen de marca se les quede
en la retina para ser, posteriormente, perfectamente
identificada en el super/hiper mercado. Es el
abecé, la madre del cordero, como aquel que dice.
A eso van los expositores y a eso va el público,
tanto el profesional, como el aficionado y el
gorroneador.
Pero, ante la ola de gastronomía que nos invade,
los organizadores del Salón de la Alimentación,
por aquello de vestir un evento que es, ante todo,
mercantil, han elegido la deriva del toque gastronómico,
la distinción, el demostrar que la Cocina, así,
con mayúsculas, es una de las Bellas Artes...
Y, hala, en la primera jornada se montaron un
evento a mayor prez y gloria del hispánico Huevo
Frito (en el que ninguno de los com.ilones estuvo
presente) y para el último día de marzo -segundo
del salón-fueron a por la cosa de la Cocina-Sin-Fronteras,
o, si lo prefieren, el Madrid Fusión.
Estrellas y estrellados: Sergi Arola (La
Broche), Alberto Chicote (Nodo), Andrés
Madrigal (Balzac), Juan Pablo de Felipe
(El Chaflán), Roberto Limas (Faisandé)
y Darío Barrio (Dassa Bassa), nombres conocidos
y sonados (aparte de cotizados a la hora de hacer
frente a la factura en sus respectivos cenáculos),
se nos pusieron a jugar a las comiditas, así,
como de muy buen rollito (primavera) y, cada uno,
con ingrediente sorpresa.
La cosa, en sí, no tenía excesivas dificultades,
por ser los participantes profesionales de buen
oficio. Y. Efectivamente, lo demostraron, optando
por irse hacia los productos de temporada, más
el ingrediente que, por sorteo, les tocó. Claro
que lo que podría haber sido un experimento interesante,
para el Com.ilón de guardia, le resultó
un soberano peñazo, incomible, por más señas,
por obra y desgracia de los presentadores del
evento. A dos de ellos, el cronista no tiene el
gusto -y procurará no tenerlo-de conocerlos personalmente.
Al tercero, Pablo Amate, crítico gastronómico
de Canal Sur, el Com.ilón le tiene cierta
ley y bastante respeto por sus saberes, por lo
que hubiera preferido verlo en situación menos
desairada y haciendo gracietas ante cocineros
y público. Ante lo que parecía una clase de EGB
(ahora ESO), asignatura Pretecnología, sección
comiditas, el Com.ilón, cobarde pecador de la
pradera, salió huyendo, abdicando de sus responsabilidades
críticas.
El mencía de Terras Gaudas
Como había que justificar el viaje, este comentarista,
ya metido en el Salón de la Alimentación, optó
por brujulear entre los stands, en busca de alguna
novedad. Y, en el capítulo de vinos, cabe resaltar
la presentación que los gallegos de Terras Gaudas
(uno de los blancos, denominación Rías Baixas,
más equilibrados y, por tanto, más caros) hacían
en Madrid de su tinto mencía, pero, ¡ojo al dato!,
elaborado en el Bierzo, en lugar de lo que es,
por definición, el marco natural de esta viña:
la Ribeira Sacra.
Carne roja y suculenta
Una aportación gastronómica notable es la presencia
de carnes argentinas. Esas carnes de vacuno, rojas
y suculentas, ya a partir de los añojos. Por querencia
personal, el Com.ilón de guardia (modestamente
viajado) se detiene en los sabores de novillos
de la raza angus, originaria de Escocia y que
allá, en la Patagonia, ha encontrado un nuevo
hábitat. En el stand de Iberangus, una selección
de los diferentes cortes de novillos de esta raza
hace que, del vacuno, en este caso argentino,
se pueda decir lo mismo que del cerdo ibérico:
que de él se aprovecha todo. Lamentablemente,
en España, a la hora del despiece exacto y preciso
de los canales, seguimos siendo un auténtico desastre.
Esturión de altura
Nada menos que veinte años lleva, en el término
granadino de Riofrío, la Piscifactoría de Sierra
Nevada criando esturiones en cautividad. Su director
comercial para España, Javier Rodríguez Núñez,
reconocía que la cosa es más por apuesta ecológica
de futuro que por ánimo de lucro (en 2004 facturaron
algo así como 1,3 millones de euros).
La empresa lleva puestas en el mercado seis añadas
de caviar beluga, a razón de unos 1.500 kilos
cada una, aparte de los filetes ahumados en caliente
del cotizado pez fluvial. De momento, la especie
elegida es el Accipenser nacarii, el habitual
en los ríos siberianos: "Vamos a una perfecta
renovación genética -explica Rodríguez Núñez-
puesto que los machos se sacrifican a los 11
ó 12 años, mientras que las hembras, en su estado
óptimo, son sacrificadas a los 18".
La intención última de la Piscifactoría de Sierra
Nevada es la de conseguir recuperar para su explotación
comercial el accipenser sturio, pez que, hasta
mediados los años 60 era habitual en las aguas
del río Guadalquivir. Cuyas huevas, prensadas
y saladas, fueron en su momento comercializadas
por la familia Ybarra.
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