Hay vida en la dieta...


Restaurante Don Gaiferos
Rua Nova, 23. Santiago de Compostela
Tel. 981 583 894

No hay placer, por pequeño que sea, que no conlleve algún tipo de riesgo anexo. Y el pecado capital de la gula lleva, en ocasiones, a la indeseada consecuencia de tener que pasarse luego largas temporadas a estricta dieta, vigilada por un trasunto contemporáneo (estamos en el año del Quijote) del doctor Pedro Recio de Tiertafuera. Y, aún y así, a poco que el paciente se sepa explicar podrá gozar -bueno, es un decir-de algún alegrías sápidas en las de por sí insípidas dietas a las que se ve condenado. Algo de eso le ocurrió al pobre Com.ilón trashumante, para el que no hay baja laboral que valga.

Tras un hartazgo de las bellezas arquitectónicas que ofrece Compostela, al final de una soleada mañana de abril había que apagar el ya de por sí monótono rugir estomacal. Y, el Com.ilón itinerante de guardia, que jugaba, todo hay que decirlo, en casa, encaminó sus cansinos pasos hacia el restaurante Don Gaiferos, por el que siente añeja devoción, tanto por su emplazamiento, como por sus fogones e, incluso, su decoración. Local pequeño, sólo de 12 mesas, llevado con buen pulso por Pablo, goza del predicamento entre la administración gallega, (de director general para arriba, claro), la clase periodística nativa y los catedráticos de la Universidad. Aparte de las intermitentes visitas de lo que alguien, con extraordinario tino, denominó como "guiris ilustrados".

Rememorando tiempos más felices, el com.ilón, en un alarde de masoquismo le dio, entre suspiros, un vistazo a la carta: carnes y pescados siempre en su punto justo de frescor y de cocción, algunas verduras de temporada y las celebradas vieiras salteadas con arroz a la marinera (plato éste de mucho predicamento entre la clientela habitual, pero que el com.ilón visitante, aunque no estuviera a régimen, rechaza bajo el principio de que si los valencianos no hacen tarta de Santiago o lacón con grelos, el gallego, en justa correspondencia, debería abstenerse de guisar arroces). En suma, productos de la tierra -y del mar- tratados con mimo, gracias al cual todo sabe a lo que tiene que saber. Mención especial merecen los postres, todos ellos de elaboración propia, entre el que brilla con luz propia el tocinillo de cielo, que no lo mejorarían ni las monjas del sevillano monasterio de Santa Paula, del cual los devotos de sus elaboraciones se cuentan por cientos.

No obstante, al sufrido com.ilón, tal que a Moisés la Tierra Prometida, le fueron negadas las alegrías gastronómicas propias del caso. La única frivolidad que se permitió fue la de ingerir un revuelto de verduras y langostinos (regado, eso sí, con una copa de Terras Gaudas) y un solomillo de añojo a la plancha (pedido al gusto: con color, caliente, pero que ande, o sea, crudo), al que la compasiva decisión del maître le añadió unas hojas de tierna lechuga, un poco de cebolla y unas rodajas de tomate, mientras la mala conciencia del pobre com.ilon añadía, por su cuenta, una copa de Glorioso, un rioja de crianza que, sin ser para tirar cohetes, dio un toquecito de alegría a la parca dieta. De postre, fresones con zumo de naranja.

Dos capítulos a destacar. El primero, naturalmente, en positivo. Y éste no es otro que el del pan: es riquísimo en las tres variedades que se ofrecen al comensal. El segundo es mucho menos gratificante: la bodega, surtida de algunos caldos gallegos de reconocido prestigio, como el Emilio Rojo, (para el com-ilon el mejor de los ribeiros de gama alta), es parca en exceso. No sucede lo mismo con los orujos. Tienen un buen surtido de ellos, aptos para todos los paladares. Sin embargo, el café es manifiestamente mejorable, sin llegar a ser horrible como en muchos de las restaurantes compostelanos.

CALIFICACIÓN

Ambiente: ** (especialmente si uno es amante de la tranquilidad y no le toca aguantar, en la mesa vecina, a Alberto Núñez Feijoo, vicepresidente primero de la Xunta de Galicia).
Servicio: ** (Pablo, factótum del local y una camarera cumplen el expediente con eficacia y saber hacer. En ocasiones se produce algún retraso en los platos)
Comida: *** (excelente calidad de la materia prima y su elaboración sin engaños).
Precios: 36 euros lo ingerido por el Com.ilón a dieta. De promedio, entre 45 y 50 euros por persona, en función de los vinos.