Mucho más que un festival de vinos de calidad

Antonio SANTAMARINA (Valladolid)

Cuando se iniciaron los preparativos para el Festival Internacional Vinus Durii en Zamora todo apuntaba como dicen los buenos aficionados taurinos “buenas maneras”, pero los hechos han sobrepasado todas las expectativas y a partir de ahora se abre un nuevo futuro a dos regiones, a través de la cooperación, que hasta ahora si no habían vivido de espaldas, habían vivido con un río que durante 180 kilómetros separaba, hacia de frontera o como se conocía en esa zona “la raya”, y que a partir de ahora une, vincula y potencia todo lo que a ambos lados de su cauce existe, no solo vino, sino cultura, arquitectura, etnología y tantas y tantas cosas como tenemos en común en la bimilenaria provincia de la Lusitania romana, que no otra cosas son las dos regiones.

El Duero-Douro será a partir de ahora una sola imagen, un cauce que es motivo de inspiración para relanzar la economía, la cultura y el progreso de dos de las regiones con más historia de Europa, y que cuentan alrededor del mítico río con una riqueza vitivinícola que no es equiparable a ningún otro río o región de Europa, y cuyos caldos de alta calidad, competirán con ventaja con los que se producen en los otros grandes ríos viníferos de Europa, como son el Rhin, el Danubio y el Loira.

Pero como todo en la vida se necesita trabajo, mucho trabajo bien hecho, mucho esfuerzo y dedicación, porque la materia prima ya está sobre el terreno. Más variedades de vinos y de cepajes tiene el Duero a lo largo de sus 900 kilómetros, que en toda Europa. La arquitectura va desde puentes romanos hasta los más modernos y funcionales, uno de los cuales será construido próximamente en Zamora, sin olvidar los de estructura metálica tanto en Oporto, como el poco conocido de Requejo en las Arribes.

Pero además, castillos, villas amuralladas, extraordinarias catedrales entre las que no es fácil destacar una sobre otra, ya que cada cual tiene su estilo y son a cual más bella. Cultura, historia, etnografía, todo cuanto se pueda pedir está a lo largo del cauce del padre Duero.

Y las fortalezas de recia piedra que fueron defensivas, porque la historia está ahí, a partir de ahora serán testigos de la unión de dos pueblos históricos que quieren labrar su nueva historia, porque los tiempos no se detienen. Siempre hay que mirar hacia adelante, y es lo que han hecho Castilla y León y la Región Norte de Portugal.

A nuevos tiempos, nuevas soluciones. Hay que pedir en la sede de la Unión Europea financiación para el nuevo proyecto de desarrollo que se realizará en esta zona, y que tiene su cobertura en los Fondos Interreg III. Y que quede claro que no es pedir, que es justicia para alcanzar el desarrollo que otras regiones de Europa disfrutan y que éstas dos se merecen, porque volviendo al vino, la labor realizada en las laderas del río a lo largo de todo su cauce, donde se han plantado, cultivado, y mimado como si de un capricho se tratara, las vides centenarias y milenarias, merece el mejor premio de Medio Ambiente que pueda convocarse. Solo hay que observarlo y valorarlo.

Las jornadas han sido todo un éxito; las reuniones sinceras y exponiendo las cosas como son; alto nivel intelectual, político, empresarial, enológico y musical. Para abrir boca con la cultura, premios Cervantes y Camöes, lujo sobre lujo; la enología en su más alto nivel de representación; al igual que la arquitectura, la hostelería y la restauración; el Patrimonio en una ciudad como Zamora, con el mayor número de ermitas romanas en su interior que ninguna otra ciudad de Europa, y con una catedral que desde su cimborrio se intuye esa "raya" y que recibe por igual las brisas con aires lejanamente musicales y perfumados de naturaleza salvaje de Sayago, Aliste y Tras os Montes, y en la que Braganza o Miranda do Douro nunca han sido ciudades extrañas, sino próximas y hermanas.

Entonces ¿dónde estaba el problema? Pues en que había que hablar, porque hablando se entiende la gente, y si además es con una copa de buen vino, el éxito está asegurado. El paso está dado, la colaboración sobre la mesa y reflejada en diversos documentos que se han firmado sobre cuestiones que han sido debatidas y que serán de interés para las dos regiones como la creación de una carta de vinos con caldos de ambas regiones.

Y aprovechando que el Duero pasa por Zamora, el presidente de la Junta de Castilla y León se mostró dispuesto a atrapar “la oportunidad histórica” de asumir la gestión del Duero, para que el control de las aguas del río sea totalmente de Castilla y León, y no de la Administración Central, que está bastante lejos. Eso es ser un buen político, y aprovechar las oportunidades al vuelo.

Y dentro de las jornadas, una ceremonia peculiar y colorista, en la que Juan Vicente Herrera, fue nombrado “cancelario” de la Cofradía del Vino de Oporto, distinción que solamente tienen treinta Jefes de Estado, entre los que se encuentran el Rey Juan Carlos y el Príncipe de Asturias. Atuendo llamativo y con capas del color del vino tinto del Duero, y con gran tradición. Los consejeros de Agricultura, José Valín; de Hacienda, Pilar del Olmo, y el alcalde de Zamora, Antonio Vázquez, fueron distinguidos con el rango de “infancaos”.

Tanto el río como la historia, la literatura, están ahí. Ahora hay que consolidar la marca internacional Duero-Douro y explicar, que es lo mismo, para impulsar el futuro, sin olvidar las tradiciones, porque la historia de estas tierras, para sí la quisieran muchos países. Por eso el reto es el futuro y ya se ha empezado a ganar.

Un agradable reto fue el de mezclar quince clases de vinos en el “primer gran coupage del Duero”, en el que en una botella de cuatro metros de altura por uno de diámetro se introdujeron 2.100 litros de vino de las zonas más representativas del Duero, que posteriormente fueron degustados en los jardines del Castillo de Zamora, junto a la Catedral, por 1.500 ciudadanos afortunados que paladearon un vino de buena crianza, con alto grado de color y un tanino dulce y equilibrado.

También se celebró el Vintage 2003, que se realiza cuando una cosecha es de excepcional calidad, y a la que solo tienen acceso el cinco por ciento de los vinos de la misma. Esta vez, Zamora fue distinguida con esta muestra de afecto por parte de los cosecheros de Oporto, que consideran el nivel más alto de calidad de sus producciones y un gran reto el conseguirlo, además de ser la primera vez que se celebra fuera de Portugal.

Los éxitos conseguidos son un buen augurio y un punto de salida extraordinario para iniciar ese camino, que podrá ser largo, pero que sin ninguna duda será fructífero, En una de las reuniones mantenidas en los actos de clausura del Festival se pidió que los valores que atesora el curso del río sean declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, al igual que ocurre con las rutas del Camino de Santiago. Y este del Duero, sin duda, es un camino histórico pero también de prometedor futuro que se empezó a recorrer el pasado 8 de junio.

La perfecta organización que ha llevado a cabo la Junta de Castilla y León, consiguió que Zamora haya sido la casa de todos los que participaron durante las tres jornadas que duró el certamen, en las que todo estuvo adecuado a los objetivos, al marco y al entorno incomparable que brindaba la ciudad sede de la primera reunión, y que ha situado muy alto el listón para sucesivas ediciones.

Dicen los clásicos que el tono hace la música, y aquí hubo tono, hubo música, hubo prometedores acuerdos en los que el vino ha sido un compañero ideal de un Festival Internacional, que empezó y acabó con música, con una entonación justa que hará que a partir de ahora la voz de las dos regiones se escuche con más fuerza y atención en Bruselas, pero siempre con el agradable regusto del vino y el buen tono de la música, que puede ser melodiosa pero firme, como el proyecto Duero-Douro.