Lágrimas negras...y amargas
'Lágrimas Negras', Hotel Puerta de América, Avda. de América, 41, Madrid. T 34917445400.
www.hotelpuertamerica.com
Comilon.com
El hotel, de lo más vanguardista arquitectónicamente (diseño de Jean Nouvel), sorprende en la grisura de la zona del camino al aeropuerto. Una vez dentro, sus toques entre minimalistas y vacuos sorprenden y, personalmente, este crítico piensa que incomodan. Allá a quienes gusten estos espacios enormes decorados con prácticamente nada, esas sillas de diseño bastante incómodas, esa música tan particular en el bar donde un gin tonic te cuesta casi dos mil de las antiguas pesetas, esos ascensores donde resulta imposible encontrar el botón del piso al que deseas ir.
Y es que este comilon, que tanto ha visto y visitado, está preocupado no sólo por algunos restaurantes rácanos --ahora hablamos del tema--, sino por el entorno tan supermoderno que ha suprimido toda calidez y funcionalidad.
Entonces entras en el restaurante del supermoderno hotel, al que llaman 'Lágrimas Negras', vaya usted a saber por qué, y que está decorado (por decir algo) básicamente sobre tonos negros y sillones incomprensibles. Las mesas están agolpadas, de manera que resulta imposible no escuchar las críticas de tu vecino a la escasez de la comida. Es como el Vips, pero en más caro.
Obviamente, no se lo dices a
José Luis Estevan
(aprendió en el cenador de Moralzarzal), que acude presuroso, en cuanto lo llamas, a comprobar si la comida te ha gustado. Y sí, el canelón de atún no estaba malo, pero frío en exceso; los huevos de corral eran eso, huevos de corral, el
sashimi
,
sashimi
(lo he tomado mejor en algún japonés) y el risotto de langosta, con poca langosta y un plato con muchas pretensiones, que fomenta la tacañería de las cantidades. El postre, de chocolate blanco, para no dar gritos. Fumar, estrictamente prohibido (eso le gustaría a
Elena Salgado
). La carta de vinos, bastante amplia. Todo incluído, con un tinto de La Vicalanda reserva de 1999, unos setenta euros.
Lo peor, ya digo: la tacañería, que este establecimiento comparte con otros madrileños de nueva creación, como el que
Sergi Arola
ocupa en el Museo Reina Sofía. Ya hablaremos de él, ya...
Calificaciones:
Ambiente: 4 (mesas extrajuntas, luz extraña, decoración agobiante).
Servicio: 7 (bastante atento y profesional).
Comida 5 (calidad sí, pero cantidad no. Lo primero no basta para tapar lo segundo).
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