El ultimísimo Berasategui habla catalán

Lasarte, Mallorca 259, Barcelona. Tel. 934453232. infor@restaurantlasarte.com

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Lasarte es lo ultimísimo en la restauración catalana. De hecho, cuando se escribe este comentario, aún no ha sido inaugurado oficialmente, aunque ya la clientela llena sus apenas diez mesas a mediodía y de noche. Así que tendrá que reservar si decide aceptar mi consejo y darse una vuelta por este moderno establecimiento, sobriamente decorado --si es que así puede decirse-- y adosado al hotel Condes de Barcelona, en pleno Paseo de Gracia.

Esta es la última aventura de Martín Berasategui, el cocinero donostiarra que ya triunfó en su 'otro' Lasarte, en el Kursaal, en el Guggenheim bilbaíno...Uno de los nombres más consolidados de la cocina española y, desde luego, de la vasca, aunque en ocasiones le hemos detectado alguna irregularidad y una cierta falta de cuidado a la hora de garantizar la comodidad de los clientes.

Tampoco son excesivamente cómodos los asientos en este Lasarte barcelonés, animado por el joven Alex Garés, que pasó, cómo no, por las manos de Ferran Adriá --¿quién no habrá pasado por allí?-- y por otros varios lugares de interés, aunque nos quedamos con las ganas de saludarlo. Pero pronto se olvida el pertinaz acoso de un almohadón estratégicamente mal colocado en torno a nuestros riñones: ya desde la presentación de la carta --no excesivamente larga-- el cliente se divierte. Sobre todo, cuando le llaga la tampoco excesivamente prolija carta de los vinos, divididos en cuatro apartados según su cuerpo y poderío. Nosotros pedimos un Puntido del 2002, un Rioja honrado de a 33 euros la botella, para acompañar dos menús degustación (80 euros cada en carta, sin vino).

El menú comienza con un clásico de la factoría Berasategui, el milhojas de foie con anguila, siempre delicioso , seguido de una vieira caramelizada, un huevo poché con reducción de garbanzos, una lubina con cítricos (deliciosa) y un solomillo con fondo de panceta y patatas francamente inmejorable (el menú decía pichón, pero a este crítico no le va aquello de "lo que vuela, a la cazuela", así que lo cambió por la sólida y tradicional carne de buey). Los postres hemos preferido olvidarlos, que no dieron para tanto.

El servicio, amable y horrendamente vestido con ese 'look Carod' que se va imponiendo en la Barcelona que pretende pasar por progre. El conjunto, un almuerzo divertido, aunque la diversión salga un poco cara. Claro que una vez en la vida...

Calificación:
Ambiente, 8 (mesas suficientemente separadas), Servicio, 8 (corrección y hasta alguna transgresión a la máxima de que al cliente hay que disciplinarlo), Comida 9 (le damos la puntuación máxima porque los aperitivos no merecen mayor mención, lo mismo que los postres, mejorables).