Con jamón y vino se hace camino
Com.ilón 07/09/2006
Bar Leo
Calle Real, 9. 47490 Rueda (Valladolid)
Tel. 983 868 020 No sólo de manteles más o menos limpios, cristalerías a la moda y vajilla y cubertería en consonancia (otra cosa es lo que alberga esos recipientes) vive el nómada casual. De vez en cuando, siguiendo las recomendaciones de la DGT, hay que pararse a descansar, repostar y estirar las piernas. Si uno no conduce puede -incluso cabría decir que debe- apuntarse, además, a los placeres de Baco y a las ingestas de Pantagruel, mientras, como en el caso que nos ocupa, aprovechar para llenar despensa y bodega domésticas de algunas exquisiteces que nos ayuden a pasar el otoño e invierno que se avecinan.
El com.ilón itinerante de guardia recala, apartándose unos cien metros del trazado de la A-6, en la vallisoletana villa de Rueda, sede de la Denominación de Origen de su nombre, patria nutricia y nunca bien ponderada de la uva verdejo, una joya enológica con precios aptos para todos los bolsillos.
Animal de costumbres, al fin y al cabo, el com.ilón, de circular por la zona, lleva como cinco lustros haciéndolo. Y, encima, a unas horas que, o bien resultan demasiado tempranas o demasiado tardías para comer/cenar. Exigencias de la ruta, claro. Y cada vez, sin fallar una, aprovecha para surtirse de sólidos y líquidos, a la par que o bien desayuna o bien merienda… Y para ello, en el centro de la villa de Rueda, de alargado casco urbano, que tiene como eje principal su calle Real, el Bar Leo . Uno más, claro, dirán los lectores. De acuerdo, uno más, pero que merece la pena visitar tanto por las compras (estamos hablando de gastronomía, señoras y señores) como por algún suculento tentempié castellano, a base de jamón, de embutidos y quesos, naturalmente regados con caldos vallisoletanos: blancos de Rueda, rosados de Cigales y tintos de Ribera de Duero, cuyos viñedos se extienden en un radio de 30 kilómetros a la redonda.
Desde 1974, los hermanos José Luis y Félix Gatón regentan un bar limpio, honrado, de no demasiado recargada decoración a lo mesón castellano, en el que junto a vinos, cafés, licores, bollería y bocadillos y raciones, ofrecen una cumplida y apetecible selección –están las grandes marcas como Pingus, Belondrade Lurton, Pesquera, Vega Sicilia y el ahora emergente y remodelado Yllera) de los vinos de las tres denominaciones de origen vallisoletanas, con alguna inclusión, incluso de la vecina de Toro (Zamora), aparte de embutidos salmantinos (jamón de Guijuelo y lomos embuchados), gloriosas cecinas (lamentablemente sólo de vacuno, que no de caballo y de asno, esta útil, a juicio del com.ilón presente la más apetecible), y algunos productos de matanza como un recomendable lomo de orza, conservado en aceite de oliva, amén de los tres quesos que José Luis, el mayor de los hermanos, se llevaría a su casa.
Porque, en el capítulo de sólidos, de eso se trata, de una selección personal del Bar Leo, de esas que, pese a no ser numerosa, jamás defraudan. Por lo general, el cliente que pide una ración, pongamos que de jamón o de queso, tras comerla seguro que acaba inquiriendo dónde pueden adquirirse. Es cuestión de segundos que uno de los dos hermanos Gatón le ofrezca las piezas enteras o una buena porción de ellas para llevar.
En un reciente viaje, junto a cinco kilos de cecina, deliciosa en su secado y ahumado, el com.ilón no resistió una tentación asequible a su nunca poderoso bolsillo: seis botellas de verdejo Viña Mocén, equilibrado en aromas y acidez y un pack –sí, leen bien, un pack—de cinco litros de un tempranillo de Bodegas Antaño , que es de las mejores relaciones calidad/precio que he podido encontrar. Tanto el blanco y el tinto tienen dueño con nombre y apellidos, José-Luis Ruiz Solaguren , el conocido hostelero. En concreto, el verdejo Viña Mocén es el que utiliza José Luis como vino blanco de la casa en sus establecimientos.
Si uno, además de las compras, quiere llevarse puesto alguno de los productos, en loable y práctica actitud alimenticia, que haga como este com.ilón, que le dio la vuelta al refrán y, a la vista del panorama panificador de las Españas (horrendo, sin paliativos) y afirma que “con jamón y vino se anda el camino” . Olvídense del pan, que es malo de morirse, y no por culpa de los propietarios del Bar Leo. Es el que sirven en la zona.
El establecimiento abre sobre las 8:30 de la mañana y suele cerrar a media noche.
Calificación:
Ambiente: ** (pese a estar en el núcleo urbano junta nativos con transeúntes, como debe ser).
Servicio: *** (los hermanos Gatón son amables, serios, discretos, profesionales y, además, capaces de informarte sobre cualquier tipo de vino, queso y/o embutido.)
Comida: *** (lo que ofrecen, dejando de lado el pan, es realmente rico y apetecible).
Precios: moderados, en función del consumo. Dos hemos almorzado, compras aparte, por 11 euros, cafelitos incluidos.
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