Sagartoki: algo más que pintxos

Com.ilón 15/12/2006
Sidrería Sagartoki
Prado, 18. 01005 Vitoria/Gasteiz (Álava)
Tel. 945288676

En el País Vasco, si hacemos abstracción de la funesta fast food, y nos vamos a la gastronomía local, uno puede comer bien o mejor. No hay vuelta de hoja. Es sólo cuestión de dineros. Del autohomenaje culinario que uno decida propinarse. Desde los pintxos, cocina en miniatura pero que puede llegar a lo sublime, hasta los grandes estrellados por la Guía Michelin, pasando, claro está por honrados figones y no menos decentes asadores y sidrerías. Lo dicho, cuestión de dineros.

Llega el com.ilón nómada a la capital vasca tremendamente machado por la simpar red ferroviaria patria y con un cabreo de tres pares de narices. Momento idóneo para, recurriendo a los buenos oficios de un guía local, decidir autohomenajearse. Y, claro, por azares del nomadeo periodístico, el pobre com.ilón anda ayuno de pescado, de buen pescado blanco, aún a sabiendas que le va a costar un huevo de la cara. ¿Hacen hongos y lubina, señor com.ilón? Hácenlo.

En el ránking hostelero de Vitoria, el que, a título informativo, se puede consulta en la web municipal, la Sidrería Sagartoki figura con la acotación de precio elevado. Y tienen razón. El precio para dos personas rondó los cien euros. Pero valió la pena.

Local céntrico –bueno, en Vitoria/G tampoco hay distancias, que todo está a tiro de zapato--, barra de pintxos abarrotada hasta extremos agobiantes y comedor montado al modo tradicional pero cómodo y con un ala en la que las mesas permiten una cierta intimidad de los comensales. Servicio femenino, eficiente, agradable aunque con tendencia a hacerte marcar el paso de la oca. Vamos, que son de los que te dejas un trocito de algo sobre el plato y te riñen.

Y la pitanza, claro... Prueba de fuego para cualquiera que se dedique, previo pago, a eso de dar de comer al hambriento y de beber al sediento. No hay problema, que pagando San Pedro canta hasta por peteneras. El menú elegido para la ocasión, de una carta ni corta ni larga, lo que es siempre garantía de profesionalidad y honradez coquinarias, era simple a más no poder: una cazuelita de codillo (especialidad de la casa), de correcta factura pero sin entusiasmar, seguido de una ración de hongos a la plancha, de finísimo paladar y en su justo punto de cocción. Y, luego, la lubina para dos. Con una de las reinonas de la mesa marina ocurrió lo mismo: frescura a raudales, paladar depurado y cocción excelente. De postre, una tarta de manzana, especialidad del repostero de la casa, lo que llevaba aparejada la inclusión de chocolate ya que V/Gasteiz es un puntal en la ruta española del cacao.

La benévola dama acompañante del com.ilón nómada se encargó de la elección del vino, situado en una carta sin demasiadas sorpresas ni en cuanto a variedad, ni sobresaltos en cuanto a precios. Y ella eligió un Marqués de Riscal (blanco de Rueda, monovarietal sauvignon), que cumplió ampliamente su cometido. ¿Desean agua los señores? Naturalmente. Y vino marchando una de Solan de Cabras, la de la codiciada botella azul (3.50 euros), con la severa advertencia de que ni se nos ocurriese hacernos con el codiciado envase. Precio total del festejo: 93.91 euros, IVA incluido, ya que la lubina para dos costó 40 euros de vellón. Pero, lo dicho, se trataba de un autohomenaje de desagravio que el nómada se daba a sí mismo, por aquello de compensar el zarandeo ferroviario previo.

Para primerizos visitantes de Vitoria, una recomendación: tanto en este local como en otros muchos de la capital vasca, de pintxos se come –o se cena—de morirse. Eso sí, por el abarrotamiento de las barras, igual hay que gastarse media fortuna en tintorerías. Y eso que Vitoria/Gasteiz está en la cadena mundial de slow cities, slow foods (el slow sex queda a la imaginación del amable lector).


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