A George W. Bush le crecen los enanos

Emilio LAHERA

Y enanos más bien gigantescos; como Richard Clarke, que ahora es profesor en la Universidad de Harvard, pero que ha sido nada menos que Coordinador del Consejo de Seguridad Nacional en la Administración de Bush, al igual que lo fue en la de su padre y en la de Bill Clinton. En marzo de 2003 renunció a su cargo y se puso a escribir un libro que salió a la venta en EE.UU hace un mes y que está desbloqueando más de un cerebro. Contra todos los enemigos se titula el tomo y Taurus lo publicará en el próximo mes de mayo.

Clarke
hace graves afirmaciones sobre el quehacer del gobierno Bush en la lucha contra el terrorismo que cobran mayor gravedad porque proceden de un hombre que ha estado en el centro del ojo del huracán. El ahora profesor Clark afirma, por ejemplo, que la Administración Bush desperdició la oportunidad de eliminar a Al Qaeda y que sus decisiones y su falta de decisión han contribuido a crear una nueva Al Qaeda mucho más poderosa.

Desde su puesto de principal asesor antiterrorista, intentó convencer a Bush de que debían tomarse a Al Qaeda tan en serio como hizo Bill Clinton, pero durante meses le negaron incluso la oportunidad de plantear la cuestión al Presidente. Desde su alto puesto, Clark afirma en su libro que el 11-S pudo haber sido evitado si el gobierno de Bush hubiera escuchado las advertencias de los asesores antiterroristas sobre el peligro y no hubiera rechazado informes específicos que anunciaban los ataques.

Richard Clarke, que dirigió el Gabinete de Crisis tras el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, defiende que Irak no era una amenaza real para EEUU y acusa a Bush y al resto de asesores presidenciales de interesarse sólo en defender desacreditadas teorías de conspiración en relación con una posible implicación de Sadam Hussein para justificar una invasión a Irak que aún hoy oculta los verdaderos costes y consecuencias.

Todo esto se ha intuido en uno u otro momento y sobre todo ello se ha escrito ya. La diferencia es que esta vez nos lo cuenta un hombre que lo ha vivido desde dentro y que se lo ha dicho al mismísimo presidente George W. Bush, artífice del enorme desaguisado en que ha sumido al mundo.