12 recomendaciones 12 de Ociocrítico

Emilio LAHERA (Madrid)

Después de la Boda, la Feria. Y en plena coincidencia con la campaña electoral. Salvo los imprevisibles, que suelen ser desastrosos cuando no trágicos, los acontecimientos llegan encajados en los calendarios, cada cual en su fecha, como banderas de amarre donde arribar en este deambular por el mar del tiempo de la vida. Después de la boda del año, del siglo, y del milenio si se quiere, las puertas de la Feria del Libro de Madrid se han abierto, bien engrasadas, y abiertas permanecerán hasta el próximo 13 de junio. El "Engrasador Mayor" es su Director General, Antonio Albarrán, hombre meticuloso y conocedor de las dificultades de organización que una feria libresca de estas dimensiones supone. El madrileño Parque del Retiro es el escenario de este suceso industrial por el que desfilarán millones de personas (el año pasado superó la cifra de 3 millones de visitantes que se dejaron nada menos que 9 millones, 100 mil euros de vellón) en busca de libros, firmas de sus autores preferidos, o, simplemente, un motivo para curiosear entre las cientos de casetas de las editoriales.


La feria de este año hace la número 63 y lleva como lema "Europa se construye con libros", una declaración hermosa, al margen de que sea o no cierta en la realidad. Las editoriales han preparado sus baterías de papel y a sus respectivos pelotones de autores dispuestos a firmar ejemplares a todos aquellos que se acerquen a ellos...y compren un ejemplar, naturalmente.

Como todos los años, resulta paradójico contemplar la enorme capacidad de la industria editorial española -la segunda del mundo- en una sociedad en la que la inmensa mayoría de los ciudadanos leen una media -en la que están incluidos los libros de texto- de un libro al año. Ni siquiera ese libro debe constituir un consuelo; el libro como objeto en sí mismo no es más que eso, un objeto, sólo su contenido le proporciona entidad y calidad; una novela infame, aunque sea un éxito de ventas, seguirá siendo una novela infame, un objeto indeseable y pernicioso. Claro que cada cual tiene la libertad individual de comprar y leer objetos infames fabricados por la industria editorial, pero eso no quiere decir que consumir excrementos sea bueno para la salud. Son estadísticas: de los cientos y cientos de títulos que los distintos sellos editores ponen en el mercado español cada año, sólo un diez por ciento poseen interés. No se trata de leer un libro, sino de preguntarse qué libro leer y por qué.

Con sinceridad y, naturalmente, con clara intención de influir, recomendamos -la lista podría ser mucho más larga, pero no se trata de abrumar- una docena de títulos recientes, de distintos temas y estilos.

En novela española, París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas (Anagrama), Los viejos amigos, de Rafael Chirbes (Anagrama) y Al volver la esquina, de Carmen Laforet (Destino).

En novela extranjera, Elizabeth Costello, de J.M.Coetzee (Mondadori), Proleterka, de Fleur Jaeggy (Tusquets), Amor, de Toni Morrison (Plaza-Janés Areté) y Robinson Crusoe, de Daniel Defoe con traducción de Julio Cortázar y prólogo de J.M. Coetzee (Mondadori).

En novela negra o de intriga, Asalto a la Virreina, de Andreu Martín y Carles Quílez (Grijalbo) y Amigos absolutos, de John Le Carré (Plaza-Janés Areté).

En ensayo, Non Olet, de Rafael Sánchez Ferlosio (Destino); en panfleto esclarecedor y amargamente divertido, ¿Qué has hecho con mi país, tío?, de Michael Moore (Temas de Hoy).

En poesía, La torre, de W. B Yeats (DVD).