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Diferentes
formas de combatir el calor
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Emilio LAHERA
Ser o no ser, estar o no estar, dónde,
cuando, con quién. Infinitivos negados por
la reflexión que convierte en dudosa cualquier
identidad, cualquier paisaje, cualquier
lugar en el tiempo, huidizo como el llanto
de los niños cuando todavía no saben quiénes
son y todavía no saben que el estar tiene
una negación con terrible nombre propio
como es el de Ausencia. Estoy en el candelabro
es el título del libro de Rafael Martínez-Simancas
por el que hemos pasado los ojos para que
nuestra mente se desperezara del calor;
también sobre Las Américas, otro
interesante texto de Felipe Fernández-Armesto,
en el que revisa el devenir histórico de
aquel vasto continente que se conoció como
"Las Indias". Dos propuestas de lectura
muy diferentes.
Título:
Estoy en el candelabro
Autor: Rafael Martínez-Simancas
Editorial: La Esfera de los Libros
Precio: 16 €
Rafael Martínez-Simancas (no confundir
con el otro, a quien le falta nada menos
que el período de la izquierda del guión:
Martínez, entre otras cosas porque éste
estaba aquí antes) es alto pero no rubio,
por lo que nunca se podría equiparar a la
cerveza; en realidad es calvo, desde muy
temprana edad; pero, en su caso, la calvicie
tiene dos consecuencias: una, que de él
nadie podrá decir nunca -como se puede decir
de muchos con poblada cabellera, e incluso
calvos- que tiene la cabeza sólo para peinarse;
dos, que permite ver el brillo de su bruñido
cráneo, un brillo que no se debe al uso
de lociones especiales sino, estrictamente,
al talento. Por lo demás, es un ser muy
poco normal, exceptuando que es periodista;
aunque también ahí se desmarca: es un hombre
de radio y, sin embargo, habla poco; y escucha
mucho, quizá más de lo conveniente para
su salud; muchas de las cosas que nos gustan
de algunos programas de radio que llevan
afamados "conductores" se deben a
él, quien, más que hablar, trabaja en la
luminosa penumbra de la creación radiofónica.
En la foto de la solapa del libro nos mira
directamente en primer plano y, aunque parece
que sonríe, en realidad se está riendo;
solo que la carcajada está encerrada -por
si acaso- en un gesto hermético e indescifrable
que puede llegar a turbar a quien nunca
haya realizado ese complicado ejercicio.
Nos trae ahora un libro, Estoy en el
candelabro, que subtitula Y otros
nardos en la palabra, en nada escondido
homenaje al desaparecido Lázaro Carreter.
Son 300 páginas sembradas de escogidos
"nardos" pronunciados por la boca de
todo tipo de gentiles del mundo entero,
desde Jeb Bush a José María Aznar,
Idi Amín Dada, el príncipe Felipe,
Fidel Castro, Alfonso Guerra, Richard
Nixon, David Bustamante, Esperanza Aguirre,
Silvio Berlusconi, Mar Flores, Ana Obregón,
Victoria Adams y otros muchos personajes
y personajillos de la apasionante historia
de la que formamos parte; el título del
volumen se debe a Sofía Mazagatos,
que en un momento de lucidez articuló: "Me
gustan los toreros que están en el candelabro",
frase más o menos de la misma gloriosa época
en que nos regaló otra tal "Me encanta
cómo escribe Vargas Llosa. No he
leído nada de él pero le sigo". Épicas
expresiones de legítimos deseos y satisfacciones
de un personaje que, merecidamente, está
también en el candelabro.
El conjunto de las frases recogidas (cuya
selección imaginamos ha debido ser una labor
difícil dada la cantidad de tela que hay
para cortar), bien que tiene su enjundia,
no es lo más interesante del libro, sino
los textos que motivan en la pluma de Martínez-Simancas.
Son textos de dos, tres o cuatro páginas
en los que lleva a cabo un desguace de la
frase, un recorrido por las íntimas motivaciones
que la generan o la pueden generar; una
disertación bien histórica, sentimental,
psicológica, emocional o sociológica, pero
siempre con un afilado sentido del humor,
nunca bastardo y chabacano sino culto; y,
por si fuera poco, excelentemente escrita
en la lengua de nuestros mayores.
De tal manera, el mayor interés radica,
como decimos, en el trabajo de desmantelamiento
y disección debido a la originalidad del
tratamiento en el que se mezcla el imaginario
del autor con otros como el de Jardiel
Poncela, Gómez de la Serna e
incluso el de Cela antes de que Cela
perdiera interés. Los apóstrofes que lanza
como dardos se transforman en nardos precisamente
porque el autor practica la piedad y la
bonhomía, una actitud que aflora desde la
sabiduría de entender que el asunto es incorregible,
que no tiene remedio y que lo peor está
todavía por venir. Hay, pues, un toque de
amargura cual es la del observador ya impasible
a fuerza de ver el estado del patio del
mercado de la aldea global. A través de
sus textos se puede conocer a un autor,
averiguar sus fobias y sus filias; y en
este caso, deducir que, para su mal, es
un librepensador sin ataduras a quien tampoco
la situación le subleva porque poco espera
ya de la estulticia; en realidad se ha convencido
de que no debe esperar nada, y, por no esperar
no espera ni al autobús, del que, de hecho,
parece haberse apeado hace rato como quien
se apea del mundo.
Título:
Las Américas
Autor: Felipe Fernández-Armesto
Editorial: Debate
Precio: 14.50 €
No debería pasar desapercibido este
pequeño y modestamente editado libro de
Felipe Fernández-Armesto, profesor
de Historia y Geografía en la Universidad
de Londres; su contenido, de la primera
a la última página, es de gran interés.
Fruto de su profundo conocimiento histórico,
ya evidenciado en otras obras, el autor
presenta una visión histórica global y totalizadora
sobre el hemisferio en el que están situadas
las tierras conocidas como americanas, desde
la punta más septentrional de Alaska hasta
la Patagonia.
Es -el mismo autor es consciente de ello-
una obra de síntesis, pero si bien la historia
es una disciplina difícil de resumir por
los múltiples factores que influyen directa
o indirectamente en su devenir y configuración,
en ningún caso como en este la brevedad
no significa carencia de rigor; a través
de su novedosa explicación, el autor abre
numerosas vías de ampliación sobre el tema.
Lo que Fernández-Armesto nos ofrece es un
libro apasionante y divulgativo.
Particularmente interesante es la operación
de descabezamiento de algunos mitos que
se han manejado habitualmente -y se manejan-
como ejes desencadenantes para explicar
la disparidad de desarrollo entre Estados
Unidos, Norteamérica en general, y la llamada
América Latina; mitos tales como la religión,
el clima, la cultura, el carácter, la mentalidad
o la herencia colonial. "En general
-dice el autor-, es un error suponer
que los grandes acontecimientos tienen que
tener grandes causas y orígenes muy remotos.
Y las explicaciones socioculturales de los
cambios históricos, aunque muy del gusto
de los eruditos, suelen resultar poco satisfactorias,
porque ninguna sociedad o cultura es estática
y sin fluctuaciones; sus transformaciones
exigen explicaciones a su vez".
Mediante la transparencia analítica y la
amenidad expositiva, el texto ofrece al
lector un rápido recorrido por la historia
de lo que se conoció como Las Indias, asomarse
sobre un ancho balcón al pasado de las Américas
y entender la realidad actual del continente
en su conjunto, con la preeminencia de Estados
Unidos en el actual orden mundial. Si, como
dice el autor, "las historias contribuyen
a explicarse a sí mismas", su libro
hace lo propio: lo mejor es leerlo.
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