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11-m: libros un año después

Emilio LAHERA

Hace un año decíamos que mil libros surgirían de ese jueves ensangrentado. Era una metáfora, evidentemente, en tanto que los libros contienen la vida, en cuanto que la vida contiene todos los libros posibles; no han sido tantos, ni excesivamente interesantes: apenas sobrepasan la docena los títulos aparecidos en el mercado con la tragedia madrileña como argumento. No son muchos ni pocos para un enrevesado asunto cuyo sumario judicial sobrepasa ya los 40.000 folios.

Todos se presentaron en su momento con pretensiones de análisis definitivos, con revelaciones de claves ocultas desveladas a fuerza de investigación; en la mayoría de los casos, puras especulaciones en persecución de buenas cifras de ventas editoriales. Los autores, periodistas "especializados", no especializados, catedráticos de universidad y algún otro estudioso de temas hispánicos, como el francés Jean Chalvidant que, apenas dos meses después del atentado, se descolgaba con 11-m, la manipulación, un volumen para ser rápidamente olvidado y que fue el primero en aparecer si la memoria no nos falla.

Tampoco ninguno de los títulos que se han publicado después merece ser especialmente recordado porque no dejan de ser libros de oportunidad con los que las editoriales "necesitan" cumplir sus cuotas de producción; y el 11 de marzo de 2004 les proporcionó, ciertamente, un tema que, desde el punto de vista empresarial, no podían dejar de explotar, con portadas de gran impacto social como Cuatro días de marzo, de Consuelo Álvarez de Toledo, Las claves de una conspiración, de Bruno Cardeñosa, Días de infamia, de Enrique de Diego, 11-m-14-m, Onda expansiva. ¿Quién miente?, de Rosa María Artal, Voto de Castigo, de Pablo Ordaz, para llegar al más reciente El agujero: España invadida por la Yihad, de José María Irujo, en el que ya se nos presenta una versión de los hechos que roza el delirio. Lo dicho: periodistas y especialistas en temas ocultos que el día menos pensado encontrarán el Santo Grial.

Quizá el libro más interesante sobre el tema sea El nuevo terrorismo islamista, de Fernando Reinares y Antonio Elorza; interesante no porque desentrañe ninguna clave que las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado ni incluso los ciudadanos no conozcan sino porque hace un recorrido y una puesta al día de las nuevas formas de combate de los terroristas que profesan el Islam; algo, por otra parte, tratado y analizado hasta la saciedad en los periódicos españoles y extranjeros bajo diferentes puntos de vista y valoraciones dispares pero que componen un abanico de información suficiente para que el lector forme su propia opinión sobre el asunto.

Merce la pena destacar el de Casimiro García-Abadillo. La mayor parte del libro corrió a cargo de periodistas que redactaron sus folios de urgencia impresionados por la magnitud de la tragedia y de la noticia, así como por el cambio de era que se avizoraba con la llegada del PSOE al poder.

El libro definitivo es sin duda alguna ese sumario judicial que lleva el juez Del Olmo y la Fiscalía. Y no puede ser de otra manera. Considerar que un periodista, por muy experto que sea, posee los medios, el tiempo, las herramientas necesarias para explicar -más allá de las conjeturas- unos hechos como los que asolaron Madrid hace un año, sólo puede ser consecuencia de creer en esa especie de refulgente aura con la que algunos medios de comunicación coronan la testa de algunos de sus más prestigiosos cabezas de serie.

Mientras tanto, la Comisión de Investigación acaba como el rosario de la aurora, el Comisionado Peces Barba es públicamente insultado y los familiares de las víctimas se preguntan estos días cómo es posible que haya pasado el tiempo -un año, ya un año- tan deprisa, y no saben explicarse cómo han sido capaces de sobrellevar el dolor de la ausencia. Y siguen llorando sin lágrimas, con ojos enrojecidos por el insomnio.

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