El dorado caballero armado más anhelado del
cine espera impaciente su fiesta anual. La 77ª
ceremonia de los premios Oscar de la Academia
de Hollywood, que tendrá lugar el próximo domingo
27 de febrero en Los Ángeles, ya tiene todos
los detalles a punto de caramelo. Y es que,
de forma inevitable, todo el mundo (literalmente)
presta atención estos días al posible desenlace
del magno evento. No es para menos: los 30 segundos
de publicidad durante la gala, retransmitida
por la norteamericana ABC, han alcanzado
en esta edición los 1,6 millones de dólares.
La expectación es enorme, no obstante, y tras
el sonado escándalo del 'pezongate' en la Superbowl
el año pasado, los Oscar pasaron a ser, sin
duda, el espectáculo televisivo más damnificado
por lo que llamamos autocensura mediática. Este
año no va a ser diferente, cinco segundos de
delay o retardo guardarán las espaldas
de los defensores de la moral en EEUU, y eso
que han contratado como maestro de ceremonias
al deslenguado humorista Chris Rock,
que ya ha aprovechado para soltar algunas de
sus 'perlas'. En una entrevista publicada en
la última edición de Entertainment Weekly,
Rock aseguró que casi nunca miraba la ceremonia
de los Oscar, "¿Qué hombre negro heterosexual
se sentaría a mirar los Oscar?, muéstrame uno",
dijo.
Podríamos
pensar que este es uno de los trucos publicitarios
más viejos para alimentar el morbo y plantar
a más espectadores delante de la pantalla. Seguramente,
Rock hará un par de chistes sobre las películas
candidatas, sus directores o actores y meterá
algunas referencias políticamente correctas
al 'hacer' de la Casa Blanca. Y poco más.
Veremos si consigue emular al legendario Billy
Cristal, el casi institucionalizado presentador
de estos premios. En cualquier caso, éste no
es el único elemento nuevo, ya que la Academia
ha decidido variar de una forma un tanto exótica
la cadencia de la ceremonia.
Las razones son estrictamente de cara a la audiencia,
cuyas cifras han decaído considerablemente en
los últimos cinco años. Por primera vez desde
1997, las cintas aspirantes a mejor película
no incluyen ningún éxito taquillero, y por primera
vez en 15 años ninguna de las producciones nominadas
en esa categoría han superado los 100 millones
de recaudación. Este detalle trae de cabeza
a los ejecutivos organizadores de la gala, uno
de ellos, Bruce Davis, afirmó hace pocos
días que este año "No tenemos un 'Titanic'
ni un 'Lord of the Rings'. Es justo decir que
eso nos preocupa un poco". Es el triunfo
de la calidad artística sobre lo comercial.
Ante esto no había otra solución: cambiar el
habitual y conservador desarrollo de la ceremonia,
y en concreto, la manera de entregar las estatuillas.
Parece que algunos de los galardonados ni siquiera
pisarán el escenario del Kodak Theatre.
El productor de la retransmisión, Gil Cates,
explicó en el encuentro anual de candidatos
que, o bien determinados vencedores recibirán
sus premios de manos de un presentador situado
entre el público, o bien todos los candidatos
en una única categoría subirán al escenario
y luego se anunciará allí el ganador, o bien,
algunos aspirantes recogerán su Oscar al viejo
estilo. Todo un galimatías que recuerda al numerito
de los micrófonos 'fantasma' en los Goya españoles
de este año y que no sentó muy bien a la mayoría.
Porque también les han pedido a los ganadores
del Oscar que acorten sus discursos y que "no
saquen el típico papelito" con los gradecimientos
emulando a nuestro Pedro Almodóvar.
La demora el los últimos tiempos en hasta tres
horas de duración en el acto ha hecho reflexionar
a los responsables televisivos y, ante el más
que probable aburrimiento del espectador, se
han puesto manos a la obra. Varios representantes
de las categorías técnicas ya se han quejado
amargamente de estas modificaciones que, sospechan,
les pueden dejar fuera del escenario. Por supuesto,
en el caso de los premios más importantes, como
el de mejor director, actor y actriz, el galardonado
correspondiente subirá a por su recompensa,
como está mandado.
Y entre todos ellos es posible que veamos alguna
cara cercana. Nacho Vigalondo, con su
corto 7:35 de la mañana, y Alejandro
Amenábar con la archiloada Mar
adentro, se han hecho un hueco entre los
elegidos y podrían terminar llevándose
a casa una estatuilla. Lo tienen difícil,
la verdad, pero como se dice en estos casos,
el haber llegado hasta aquí ya es un
gran reconocimiento. Siempre les quedará,
en todo caso, el bar del fastuoso Kodak, en
el que a lo largo de la noche suelen confluir
'perdedores' y despegados de la parafernalia.
A nosotros, simples mortales, sólo nos
queda la opción de Canal +, que
ofrece la entrega de los Oscar y sus prolegómenos
con una esforzada traducción simultánea
y los comentarios ad hoc de algunos entendidos.
Lo malo, el horario, las 02:30 horas de la madrugada.
Así que ya saben, pidan el día
libre en el trabajo o atibórrense de
café, que a pesar de los pesares siempre
merece la pena quedarse hasta el final.
Web
oficial de los premios Oscar