BALBOA, nacido de la pasión

Román CENDOYA 18/12/2003

De mi afición a fumar cigarros de máxima calidad nació Balboa. La vocación empresarial y el reto de producir el cigarro que consiguiera reunir lo mejor de los distintos puros que fumaba (sabor, combustión, ceniza, temperatura, aroma, …) me llevó a asumir el reto de poner en marcha una nueva compañía tabaquera. Seis años de trabajo y una importante inversión han dado como resultado los Balboa que hoy están en el mercado. Balboa produce dos líneas de producto: Balboa azul y Balboa rojo.

En ambas líneas se encuentran las vitolas: Corona, Robusto, Torpedo y Churchill. La característica de los Balboa azul es que son cigarros con mucho sabor suave a puro. Es un puro para el fumador que se quiere iniciar en el mundo del puro y que normalmente fuma pitillos. Balboa rojo es un puro muy sofisticado en el sabor dirigido al fumador tradicional de cigarros habanos. Están elaborados con cinco clases de tabaco donde predomina el tabaco de semilla cubana. Todos los Balboa, azul y rojo, se caracterizan por una calada sencilla, una temperatura de combustión baja, la ceniza es consistente y persistente, no tienen acidez y su retronasal es muy sabroso.

El tabaco: Seleccionando las mejores cosechas

Una de las primeras decisiones que hubo que tomar fue qué tabaco utilizar. Cosechar nosotros o comprar el tabaco. La decisión fue comprar el tabaco. Balboa tiene firmados contratos con los principales productores de tabaco con el fin de garantizarse el suministro de hoja para su producción. El no establecer plantaciones propias ha sido una decisión estratégica. De esta forma nos garantizamos comprar las mejores hojas de las cosechas que cumplen las exigencias de sabor que tienen los estándares de Balboa. Nuestros ingenieros agrónomos viajan constantemente por distintos lugares del mundo visitando y seleccionando las cosechas que serán el tabaco de los cigarros Balboa. El añejamiento de las hojas

Todo el tabaco de Balboa sufre un proceso natural de añejamiento durante dos años. Hemos recuperado el tiempo para el tabaco. El desfase sostenido entre las compras del tabaco y la salida al mercado nos ha permitido, con mucho esfuerzo, ofrecer un tabaco cuidado y procesado según los más antiguos métodos. Todo el proceso está sometido a un riguroso control de temperatura y humedad que garantiza que cada hoja sufre todos los procesos que la convierte en la mejor materia prima para elaborar un cigarro. Todo el tabaco se Cura o seca en el campo al aire durante cerca de 50 días. Las hojas sufren su primer proceso de oxidación y mutan su color desde el verde intenso al rojizo con matices dorados. A partir de ahí, el tabaco sufre dos fermentaciones. La primera se produce en treinta días.

Las hojas clasificadas y tratadas en función de su destino final pasan a la segunda fermentación que dura más de dos meses. En esta segunda fermentación el proceso químico natural que se produce elimina toxinas e impurezas. Durante este proceso, a través de la temperatura que adquiere el tabaco de forma natural y de los días de fermentación al que sometemos a las hojas, hemos conseguido eliminar la acidez de los cigarros. La trama de la hoja se abre lo que permite una combustión homogénea y que, por sus poros, pase el aire con una facilidad desconocida hasta ahora en los cigarros puros. Este proceso reduce el calentamiento durante la combustión ya que, ente otras cosas, el esfuerzo de succión es muy inferior.

El torcido: Cómo se hace un puro

En la fábrica de Balboa los maestros torcedores son los responsables del proceso del torcido del tabaco. El proceso de torcido del puro se hace por parejas. El "empuñe" es el momento de juntar la ligadura de las diferentes hojas de las distintas clases de tabaco. El "empuñe" se hace "apretado" no torcido. La diferencia entre uno y otro radica en que el primero permite una mejor combustión y ofrece al fumador una calidad insuperable de "tiro". El empuñe se envuelve en el capote y como "tirulo" pasa a los moldes.

Los moldes de Balboa son de Kevlar. En Balboa hemos sustituido los tradicionales moldes de madera. Los moldes de madera tienen el problema de que absorben humedad de las hojas del tabaco. La sustitución responde al objetivo de poder mantener el tirulo en el molde mucho más tiempo. Con este tiempo el puro adquiere una estructura consistente que se traduce en una ceniza de una solidez y permanencia impresionante fruto de una equilibrada y homogénea combustión.
El tirulo se completa con el proceso de torcido de la capa.

Maestros torcedores siguiendo el método tradicional dan la terminación al puro en una sola pieza. La perilla (terminación del cigarro) se hace con la misma hoja, utilizando la cuchilla de media luna "chaveta" para dar el corte en el extremo de forma circular, y poder envolver la hoja sobre si misma. Los cigarros cubanos terminan la perilla pegando al tirulo una pieza circular de hoja de tabaco, obtenida mediante el corte, con un molde del diámetro necesario para cada vitola, del sobrante de la hoja de la misma capa.

Añejamiento en cava

Los cigarros Balboa los sometemos a un periodo de asentamiento en cava. El proceso de torcido es, en si mismo, traumático para las hojas. El periodo de añejamiento consolida al cigarro y le aporta el bouque final. Las cavas de madera mantienen unas condiciones estables de iluminación, humedad y temperatura. En esas condiciones el cigarro recibe el tiempo necesario para su terminación definitiva.

Mantenimiento de los cigarros

Volviendo al símil del principio, los cigarros deben conservarse, al igual que el vino, en unas condiciones determinadas. Todos los cigarros necesitan de una buena conservación para que en el momento de su encendido estén en las mejores condiciones de humedad y temperatura. Las condiciones idóneas del mantenimiento del cigarro son 70-75% de humedad y 20ºC de temperatura.

Es imprescindible mantener a los cigarros en cavas. En el mercado existen muchos modelos de cavas: armarios, vitrinas y cajas de madera dotadas de mecanismos para potenciar la humedad de los cigarros y mantener la temperatura.

Los cigarros Balboa van protegidos mediante una funda de material orgánico que, además de absorber humedad para ayudar a mantener los niveles que necesita el cigarro, cumple con la función higiénica de preservar la capa de la suciedad y la grasa que las manos dejan en los tocamientos que sufren los puros para comprobar la calidad y el estado del cigarro.