Edmundo, el recién nacido de Montecristo
Edmundo, el recién nacido de Montecristo. Visitar el taller donde se apiñan los cerca de trescientos torcedores que componen cada turno en la fábrica de Montecristo, en La Habana, es un espectáculo: gentes de casi todas las edades, con predominio de mujeres, se afanan en hacer surgir de sus manos, desde las hojas que les llegan en grandes canastos, el cigarro puro. Un rito y una tradición. Desde un estrado, una lectora desgrana con desgana algunos pasajes de textos revolucionarios, o del periódico
Gramma
, el único que se edita en Cuba.
Cuando llega un grupo de visitantes, los trabajadores les saludan haciendo sonar fuertemente sus regletas contra las viejas mesas de madera. Trabajan, lo mismo que sus padres y sus abuelos, con sus solas manos y algún elemento para cortar las hojas y goma vegetal. Nada más. Hacer cada puro es un arte que se les exige.
Edmundo es la última vitola, el último llegado. De hecho, aún no ha nacido, y se presentará en breve en París, cuna de
Edmond Dantés
, el conde de Montecristo. Pero el viajero tiene el privilegio de catarlo. Se lo ofrecen manos oscuras y atentas ennuna pequeña bandeja de aluminio. Es un puro grueso, sin ser un robusto (es más largo). Se fuma fácilmente, porque es tirando a suave.
David Ilario
, catador profesional de
Altadis
, le encuentra aromas y sabores, sencillos y naturales, que compartimos. Sin duda, tendrá éxito, porque su vitola (tamaño) y su cepo (grosor) se compaginan con manejabilidad, su tiro es fácil, su fortaleza suficiente y honestos su aroma y sabor. Hacía muchos años que
Montecristo
no alumbraba una nueva marca. Todos para uno y uno para todos.
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