En la cuna del tabaco
Ociocrítico asiste al nacimiento del único producto íntegramente manual de fabricación masiva: el puro habano
Fernando JÁUREGUI (La Habana/CUBA)
Visitar la cuna del mejor tabaco del mundo, allí donde se planta y crece, mimado hoja por hoja hasta el extremo de que algunos agricultores hablan con dulzura a la planta, es aprender a respetar algo más que una industria. Seguir la ruta de la elaboración de un cigarro habano, de un puro, con el secado, el destilado, el despalillado, el torcido, es condenarse a fumar el próximo cigarro con unción.
Porque decenas de manos habrán tocado personalmente ese material para ofrecer al degustador un placer exquisito.
Pinar del Río es una localidad a unos doscientos kilómetros al este de La Habana. En sus alrededores, en la zona de Vuelta Abajo, se cultiva posiblemente el mejor tabaco que existe en el mundo. Cuando uno conoce todo este proceso y compara, lo cierto es que lo que se llama el habano no admite equivalencias: es más compacto en el tiro, más homogéneo en el sabor, más sólido en todas sus dimensiones.
Vladimir Andino
y su más veterano compañero
Eumelio Espino
son los anfitriones de un grupo de expertos y aficionados de cierto calibre españoles invitados por la empresa Habanos, mixta de
Cubatabaco
y
Altadis
, para visitar estas plantaciones y el proceso de elaboración de un cigarro habano. Son dos ingenieros agrónomos enamorados de su trabajo, que te van explicando cómo han de plantarse el tabaco tapado, cuyas hojas servirán para la capa exterior de los puros, y el de sol, que produce las hojas que servirán para el capote (la envoltura bajo la capa) y la tripa.
Todas esas hojas, o las que realmente son válidas para someterse al proceso (que no sobrepasan el 35 por ciento en el caso de la capa), entran en fase de secado una vez que han crecido lo suficiente, un proceso que dura cuarenta y cinco días. Luego viene el despalillo (quitar a la hoja el nervio central, la selección (las mejores hojas de capa envolverán las grandes vitolas de puros
premium
), dos fermentaciones (tres, en el caso de marcas como el Cohiba) y, por fin, el empacado en hojas de palmera, para ir a las fábricas. Allí, tras nuevos procesos de selección, los torcedores -los auténticos especialistas tabaqueros-dan forma al puro, calificado según las clases de hoja para el capote o la tripa. Todo ello a mano, como el mismísimo embalado o la elabboración de las cajas de cedro qaue, con todos sus sellos de garantía, irán a parar al mercado.
Viaje apasionante el que comienza en Pinar del Río, en localidades como San Antonio de los Baños, en la finca La Sabana, donde se enclava el Instituto de Investigación del Tabaco, encargado básicamente de luchar contra mohos, virus y plantas parásitas. O Viñales, con sus colinas apodadas 'mogotes', un paisaje de belleza impactante: contemplarlo al amanecer desde el hotel Los Jazmines, que domina el valle, es una impresión inolvidable.
Viaje apasionante, repito, que incluye algunos de los parajes que pisaron los hombres de
Cristóbal Colón
, alguno de los cuales, como
Luis de Torres
, estuvo a punto de ser quemado en la hoguera por la Inquisición, que consideró que era diabólico aquello de echar humo por la boca gracias a la combustión de unas plantas que se inhalaban. Un periplo que incluye parada obligada en la casa -mucho más modesta de lo que pudiera imaginarse, y con ese aire destartalado que ha ido adquiriendo, a lo largo de medio siglo, todo Cuba-de
Alejandro Robaina
, un mítico cultivador, un octogenario -más bien va ya para nonagenario-que te dice que su longevidad y buena cabeza se deben a que fuma
"tres o cuatro"
diarios.
El culto al tabaco está en Cuba por doquier. Allá donde en otros países fumar es una ofensa social, aquí está fomentado. Los guajiros del campo machetean fumando un habano rechazado por las grandes fábricas por alguna mínima imperfección o quizá elaborado, torcido (liado) con sus propias manos. Las mujeres que despalillan lo hacen fumando un cigarro grueso y poniendo cara de aburrimiento ante la lectura, por los altavoces, de pasajes del
Gramma
. Los encargados de las fábricas fuman un habano tras otro. Sin prisas. En Cuba, la palabra prisa debe ser una más de las muchas prohibiciones a las que se someten más o menos voluntariamente los isleños.
Este año, te dice
José Pando
, un agricultor curtido por el implacable sol caribeño, que dice proceder de ancestros canarios, la cosecha ha de ser récord. Te lo repiten en casa del viejo
Robaina
, cuya familia da nombre a una marca de tabacos desde 1845. Y luego, lo ratifican los técnicos de Cubatabaco. La cosa va bien, y cuando estados Unidos permita el comercio con Cuba y la importación de tabaco cubano… Bueno, las perspectivas no pueden, claro, ser mejores, aunque los responsables de Altadis rechazan, para no dar pistas a la competencia, ofrecer cifras.
El viaje incluye, desde luego, catas de diversas marcas, vitolas y cepos (longitud y diámetro). Probamos un Hoyo de
Monterrey
suave y especiado, un Robaina más consistente y acaso dulce, un Montecristo del 4, el clásico, otro Montecristo del 2, con aspecto piramidal, un
Cohibas
Siglo VI, un Edmundo, la novísima creación de Montecristo (
ver explicación aparte
)…
Incluso nos asomamos a un Trinidad, ese tabaco exclusivo, largo y elegante, que elaboran -solo trescientas mil unidades al año-- en la fábrica Cohibas parea los jerarcas del régimen y para regalar a algunos dignatarios del mundo, como el
Rey de España
o
Felipe González
. ¿También para
Aznar
y
Rajoy
, buenos fumadores de puros? La pregunta no parece sorprender a
Emilia Tamayo
, la enérgica mujer de sesenta y tantos años, castrista hasta la médula, que dirige la fábrica, ubicada en una lujosa mansión en Los Laguitos, La Habana:
"Aznar es otra cosa"
, dice, poniendo cara de fastido. El presidente español no ha dejado, a lo que se ve, un buen recuerdo de su visita a la fábrica. O tal vez sean sus planteamientos anti-Régimen lo que acá molesta. De Rajoy, nadie dice nada: hay que esperar.
¿Cuántos cigarros salen de las fábricas de Los Laguitos, de la
H.Upmann
, en el corazón habanero, donde se elaboran los
Montecristo
, de otras factorías de vitolas célebres, como
Romeo y Julieta
o
Partagás
? Difícil decirlo: la transparencia no es precisamente grande en este punto. Puede que sean trescientos millones de unidades, mimadas y acariciadas una a una por técnicos, torcedores, medidores, controladores de peso, tiro, aroma, sabor, fortaleza y combustibilidad de cada uno de los puros. Es un proceso increíble, idéntico al de hace cincuenta años. Se calcula, aunque nadie parece haberse parado a contarlo de manera específica, que existen unos doscientos oficios distintos alrededor de la elaboración del puro.
Este mes de febrero, La Habana conoce otro año de la feria del tabaco. Es una buena ocasión para que los aficionados a ese rito que es fumar demoradamente un buen tabaco -que es como se llama a los puros en Cuba- en los atardeceres increíbles de esta isla, afortunada en paisajes y desafortunada en Historia, se acerquen a este recuerdo de España. Porque los cubanos saben que todo español tiene un ancestro en la isla, y viceversa.
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