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| Penélope
Glamour
La Almudena,
templo del color
29/04/2004
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Pásenme otra vez el frasco de sales, por favor,
que me desmayo. No, las revistas no, el frasco
de sales. A golpe de oraciones y ayunos me
han pintado los frescos de la catedral de
La Almudena. Ay, que me da un síncope. ¿Pero
este Kiko Argüello no es un predicador, un
iluminado, un líder espiritual? No digo que
no haya pintado alguna vez algún tabique de
gotelé, pero de ahí a confiarle nada menos
que esta tarea para esta ocasión... Cuando
los novios reales entren en el templo van
a tener que ponerse gafas de sol, tal es el
colorín que invade ahora techos, cúpulas y
paneles varios.
No
creo que haga juego el amago de inconos bizantinos
que ha pintado el fundador de los Neocatecumenales
con el tono rígido y neoclásico de la catedral
y con los tapices clasicones que van a colgar
en las naves. ¿Por qué no me han pedido consejo
primero? Penélope Glamour siempre está
dispuesta a contagiar con su apellido cuando
la ocasión lo merece. Menos mal que uno sólo
se casa una vez (en términos generales, no
le saquen punta a todo), porque si Letizia
y el Príncipe tuvieran que pasar por
el trago más de una vez, fijo que acabaríamos
con unos reyes algo turulatos. El arquitecto
(que no interiorista) Ignacio Vicens
jura y perjura que la decoración de la catedral
será "sobria". Me lo expliquen, por
favor.
Y que se lo expliquen también al iluminado
de Kiko Argüello, que presentó sus
pinturas entre sermón y sermón, entre lecciones
de catequesis y modestas observaciones. "No
me siento digno de pintar una catedral",
decía, cruzando los dedos por la espalda.
Claro, como se lo pidió personalmente el propio
arzobispo Rouco Varela... Claro, como
luego resultó que no era una petición personal...
Claro, como la elección del artista fue el
resultado de un concurso en el que no se sabe
quién participó... Menos mal que Argüello
dice que no va a cobrar nada. Un regalo para
las gentes sencillas, vaya, para que se enteren
de lo que les espera. "Vengo pronto",
reza un lema pintado junto al Pantocrátor,
así, en cheli. Más claro, agua.
Claridad, supongámosla; pero ¿arte? Lo ha
hecho en sólo tres meses. Si Miguel Ángel
levantara cabeza, con lo que se curró la Capilla
Sixtina... Estos mismos pensamientos debían
de estar cruzando las mentes de los miembros
de la jerarquía eclesiástica que estuvieron
en la presentación de la nueva imagen de la
catedral. Ni uno solo mostró entusiasmo, fue
imposible arrancarles elogio alguno.
Y veremos qué pasa con la decoración callejera.
Agárrense, porque el alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón,
se la ha encargado a un famosísimo interiorista,
Pascua Ortega. O sea, que un arquitecto
decora el interior de la catedral y un interiorista
engalana las calles. Si es que no ganamos
para sustos. Alberto, que gasta una brillante
inteligencia, parece que se ha dejado llevar
por la Letiziamanía. Y eso de encargarle
una sinfonía a Nacho Cano, ya me parece
el colmo. El ex Mecano no va a cobrar su trabajo,
por cierto, pero ¿y Ortega? Porque este profesional
debe de tener un caché que ni siquiera cabe
en mi calculadora. Le pediré a Alberto que
me muestre luego la factura, a ver si decido
cambiar la decoración de mi residencia por
esos tonos rosa y dorado que Pascua va a derramar
por las calles madrileñas.
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