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Carmen MORAGA (Madrid)
La
expectación y la curiosidad no se disimularon
durante toda la mañana. Poco antes de la
una de la tarde, la pareja de moda, el Príncipe
Don Felipe y su prometida, Letizia Ortiz
Rocasolano, llegaban al Congreso de los
Diputados para almorzar con el presidente,
Manuel Marín, y Javier Rojo, su homólogo
del Senado, los presidentes del Tribunal
Constitucional y del Tribunal Supremo, los
miembros de las Mesas de ambas Cámaras y
los portavoces de los grupos parlamentarios.
Un almuerzo de gala a escasos días de la
que, sin duda, será la boda del año.
La llegada de los novios a la carrera de
San Jerónimo, dias después de que asistieran
a la solemne apertura de la VIII legislatura,
y entre fuertes medidas de seguridad, despertó
la misma expectación que entonces en el
Congreso de los Diputados.
Don Felipe y Doña Letizia,
muy sonrientes, bajaban del coche oficial,
procedentes del Palacio de la Zarzuela,
minutos antes de la una de la tarde. Él
con traje gris de raya diplomática, blusa
blanca y corbata salmón, y ella luciendo
un elegante abrigo rosa pastel bajo el que
se dejaba ver un traje de chaqueta blanco
de falda hasta la rodilla, combinado con
un jersey rosa fuerte. Un atuendo muy primaveral
pese al mal tiempo reinante en Madrid que
no parece querer dejar paso a la estación
teóricamente más agradable del año.
La pareja fue recibida por el presidente
del Congreso, Manuel Marín y el del
Senado, Javier Rojo. En el Salón
de la Reina les esperaban los presidentes
del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez
de Parga, y el del Tribunal Supremo,
Francisco José Hernando. Bajo un
alud de flashes los novios firmaron en los
Libros de Honor del Congreso y del Senado.
Don Felipe se tomó su tiempo. "Con nuestro
más profundo respeto y afecto, saludamos
al Congreso de los Diputados en esta nuestra
primera visita juntos, previo a nuestro
matrimonio", escribió el Príncipe en
el libro de la Cámara Baja, pasándole después
la pluma a su prometida, que se limitó a
poner bajo la dedicatoria su firma. A continuación
hizo la propio en el libro de la Cámara
Alta con una frase muy similar, casi idéntica,
que también fue suscrita por Doña Letizia.
Tras alguna broma inaudible con los presidentes
de las Cámaras mientras posaban para la
sesión fotográfica de rigor, los novios
se dirigieron al Comedor de Invitados de
la cuarta planta del Congreso. Allí, durante
un cóctel previo al almuerzo, departieron
durante unos minutos con las autoridades
y algunos diputados invitados al acto ya
sin la indiscreta mirada de periodistas,
cámaras de televisión o micrófonos de radio,
que, por cierto, no captaron ni una sóla
frase de la pareja.
El menú, elaborado por el restaurante Arturo,
consistió en Pencas de Acelgas rellenas
de marisco; Lomos de Lubina con pasas, piñones
y vinagreta de miel; Mosaico de Frutas,
Dulces y Café. Todo ello regado con blanco
Gran Viñasol y un excelente rioja Castilla
de Ygay.
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