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| Penélope
Glamour
Ya todo es Letizia
13/05/2004
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Está encantada de la vida de haberse conocido
(y de haberle conocido) y el periodista real
Jaime Peñafiel no se había enterado: se lo
tuvo que decir ella misma. Letizia Ortiz,
reina de las portadas de la semana y, en el
futuro, también de España, afronta la recta
final de su noviazgo en un marasmo de citas,
comparecencias y baños de multitudes. Que
si la visita a un colegio, que si la inauguración
del Forum de Barcelona, que si el homenaje
a las víctimas del 11-M, que si comidas con
tales y cuales personalidades, que si tarde
de toros... ¿Nadie le habrá cantado aquello
de "no me gusta que a los toroooos..."?
De
aquí a la boda real y verdadera, ya todo es
Letizia. Y si no, corran al quiosco
y vean si encuentran algún otro cotilleo que
llevarse al reseco gaznate. Y cuando hojeen
las revistas, díganme si hallan algo nuevo
de lo que hablar o todo son reportajes fotográficos.
Y es que la gente quiere ver Letizia, y Zarzuela
se ha decidido a dejarla salir de su cárcel
de cristal y pasearla por esa piel de toro
en la que algún día reinará. Lo del paseo
tiene su motivo: no vaya a ser que el 22 de
mayo luzca pálida y enfermiza... Que el aire
es sano, oiga.
Además, así tenemos ocasión de ver sus nuevos
modelitos. ¿No creen que ha mejorado algo
su estilo en los últimos días? De las recatadas
chaquetas que me vestía la jovencita en sus
primeros actos públicos, tan grises, tan recatadas,
tan modositas y relamidas, a los trajes que
luce ahora hay un mundo. Letizia, me alegro
de que me hayas hecho caso. Ser prometida
real no implica vestir como una abuela. Te
sugiero, y lo dejo caer para que calibres
la conveniencia de mi consejo, que nombres
a Penélope Glamour tu estilista personal,
consejera de imagen y shopper (¿te
acuerdas de tus tiempos de Bloomberg?),
todo en uno.
Personalmente,
y aquí te doy un adelanto desinteresado de
mi criterio (que por otra parte veo que conoces
sobradamente), me gusta más el traje de chaqueta
cruda y falda camel, moderno a la par que
discreto, que elegiste para ir a ver a Alberto
Ruiz-Gallardón (a propósito, ¿qué te dijo
Nacho Cano al oído?) que aquel rojo
que te calzaste para inaugurar el Fórum. Y
enhorabuena también por tu discreta vuelta
a los pantalones, acompañados por chaquetas
Chanel, tan de moda. Eso sí, no comprendo
por qué, para ir a comer con el who's who
de la Comunidad de Madrid, elegiste pantalones
y, sin embargo, para ir a los toros, te pusiste
falda, pese a la lluvia y al consejo de la
tonadilla popular. Y un 10 a la chaqueta de
cuero azul eléctrica que te enfundaste para
ir a cenar con tu novio y Laura Ponte,
compañera de futuro.
Por cierto, que la realeza está de moda y
todo el papel couché que en el mundo ha sido
se vuelca en la cobertura de minucias y argucias
referentes a otras jóvenes parejas con derecho
a corona. Ahí tenemos además, bien presente,
la boda del príncipe heredero del trono danés
con otra plebeya, la australiana Mary Donaldson.
Me pregunto si Letizia llevará en el bolso
un cuadernito de apuntes y tomará nota de
los must y los never. "Churri,
ni se te pase por la imaginación que en nuestra
boda va a haber tal gesto o cual detalle",
la imagino susurrándole al oído de su Príncipe
azul, pendiente ella de que el boato y la
rutilancia no eclipse su protagonismo, faltaría.
Y
me pregunto: ¿se besará la feliz pareja en
los labios tras el magno acontecimiento? Sé
que no soy la única que se cuestiona tan trascendente
incógnita y que el pueblo entero espera ese
momento de éxtasis. Les daré mi opinión: sí,
se besarán. Y será la única vez que lo hagan
en público. Será un beso de cuento de hadas
(perdonen que me ponga pastelona) que quedará
para la posteridad. Pero admito oír otras
opiniones. Se abren las apuestas, señores,
y disculpen si no les parece políticamente
correcto mezclar los juegos de azar con algo
tan importante como el protocolo de la monarquía.
Veremos quién gana.
Una
vez zanjado este polémico asunto, paso
a reseñarles otros temas menores que aparecen
en los papeles del corazón, para desintoxicar.
¿Se acuerdan de Romina Power? Yo casi
no, pero cierta portada nos recuerda que aún
existe y que sigue obsesionada con la desaparición
de su hija... y con la separación de su Al
Bano. Eso es constancia; las mujeres deberíamos
aprender algo de desapego de sentimientos
que no nos llevan a nada, y aprovecho para
entonar un mea culpa. Otros, sin embargo,
son más felices, como Ángel y Sabrina,
Blanca Romero, Carmina y Belén...
De vez en cuando la vida se nos muestra de
color de rosa.
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