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Así
es ella
De periodista a futura Reina
"La reina de la televisión" ha dado
en llamar la voz del pueblo a doña Letizia
Ortiz Rocasolano desde que, siendo copresentadora
del principal telediario de TVE,
junto a Alfredo Urdaci, saliera a la luz
pública su romance y posterior compromiso
matrimonial con el príncipe de Asturias,
don Felipe de Borbón y Grecia. Cuando dé
el "sí, quiero", esta joven, plebeya
y divorciada, guapa, culta y extrovertida,
recibirá el tratamiento de Alteza Real.
Un cuento de hadas hecho realidad.
La joven cumplía todos, o casi todos, los
requisitos para convertirse en Princesa
de Asturias, primero, y en Reina de España
después. A sus 31 años y, por una feliz
casualidad, nacida en Oviedo, Letizia
es una mujer de su tiempo, profesional,
hasta ahora independiente económicamente,
culta, decidida, llena de tesón, con experiencia
de la vida... cualidades todas que le serán
de gran valor para afrontar la tarea que
la vida ha puesto en su camino.
El
Príncipe ha elegido a su futura esposa,
como ha afirmado en múltiples ocasiones
y como él mismo ha repetido al anunciar
su compromiso, por amor. Y por amor, la
elección ha recaído sobre una mujer del
pueblo, con los pies en la tierra. La joven
(15 de septiembre de 1972) procede de una
familia como tantas: su abuelo materno es
taxista y su abuela paterna periodista.
Sus padres, Jesús Ortiz, periodista,
y Paloma Rocasolano, enfermera, ahora
separados, la educaron en el principio de
trabajar para vivir, algo que también han
aprendido sus dos hermanas, Thelma,
que estudió Económicas y trabaja para Médicos
sin Fronteras, y Érika, licenciada
en Bellas Artes y empleada de una editorial
del sector.
Los primeros 15 años de Letizia transcurrieron
en la capital del principado, lo que la
hace especialmente querida para los asturianos.
Estudió en un colegio público (y tampoco
en eso se diferencia de millones de españoles),
el Gesta de Oviedo, donde aún se conservan
sus notas, algunos trabajos y fotos suyas,
y donde aún la recuerdan como una chiquilla
lista, inquieta y vivaracha.
Allí comenzó a aflorar su vocación periodística,
una pasión heredada de su padre y de su
abuela paterna, Menchu Álvarez del Valle,
voz clave en la historia de la radio asturiana.
A los seis años la pequeña Letizia, cuando
salía de clase, iba a la emisora donde trabajaba
su padre, donde merendaba un bocadillo y
escuchaba atentamente sus programas. Luego,
a los 12 años, montó con otras amigas un
programa propio que se emitía en diferido
los sábados por la mañana. Cuenta el director
actual del Gesta que Letizia participaba
con mucho interés en el periódico mensual
del centro.
Luchadora y con carácter
Y
así, su vida está llena de pequeños pinitos
en el mundo de la información hasta que
entró, por primera vez, en una Redacción
de verdad. Fue a los 19 años en La Nueva
España, el diario de mayor difusión
en Asturias. Allí hizo sus primeras prácticas,
en la sección de Economía. El que sus padres
tuvieran que trasladarse, por motivos profesionales,
a Madrid, le ayudó a dar un salto en su
profesión: consiguió entrar en el periódico
ABC como corresponsal de Rivas Vaciamadrid.
El cambio no la amilanó; es más, incluso
llegó a plantar cara a uno de sus jefes,
que siempre le firmaba las crónicas como
Leticia, con C. Ella le espetó: "Letizia,
con Z, de Oviedo, con O". La joven siempre
ha mantenido esta peculiar grafía, procedente
de un error en el registro, como una de
sus señas de identidad, y la ha defendido
a capa y espada; una muestra más de su carácter
decidido y perseverante.
Sus
amigos y compañeros dicen de ella que es
inteligente y responsable, muy cariñosa
y con un fuerte magnetismo personal. Le
gusta ser el centro de atención, es ambiciosa
y, desde sus tiempos en la universidad,
se le conocen ideas progresistas y republicanas.
Le gusta la literatura -ella misma ha dejado
bien claro, desde que su vida ha adquirido
relevancia pública, lo mucho que le gusta
leer- y, según su último jefe, Alfredo
Urdaci, "es una periodista de raza".
En definitiva, es una joven con una personalidad
muy definida, además de independiente. Desde
que terminó sus estudios de Periodismo en
la Universidad Complutense de Madrid y,
luego, su Máster en Periodismo Audiovisual
en México, donde también hizo prácticas
en el diario Siglo XXI, doña Letizia vivió
siempre de su trabajo, como cualquier ciudadano
de a pie. Nada permitía adivinar el futuro
privilegiado que le esperaba.
Sabe, desde sus inicios en televisión, lo
que es madrugar para ganarse su sueldo cada
mes: su labor como presentadora en Bloomberg
Televisión, un canal norteamericano
especializado en información económica y
financiera, le obligó a trabajar por las
noches durante meses. Ella misma escribía
sus textos, se maquillaba y se peinaba y,
después, se enfrentaba a la cámara desde
el estudio. Después, en CNN+, se
vio obligada a levantarse en plena madrugada,
día tras día, para presentar los primeros
boletines de esta televisión privada.
Un divorcio y otra pareja sentimental
Precisamente
este trabajo tuvo mucho que ver con un acontecimiento
importante en su vida. La joven llevaba
un año casada por lo civil con quien fuera
su profesor de Literatura en el instituto
madrileño Ramiro de Maeztu y su amor de
toda la vida, Alonso Guerrero, que
combinaba su tarea didáctica con sus actividades
literarias. Pero el matrimonio se resintió
de horarios tan sacrificados, entre otros
factores, y terminó en divorcio. Una experiencia
de lo más habitual hoy en día. Posteriormente,
Letizia se unió sentimentalmente a un compañero
de profesión, el entonces presentador de
CNN+ David Tejera, con quien
convivió hasta que conoció al príncipe Felipe.
La polémica sobre el hecho de que la futura
Reina de España fuera divorciada duró poco:
la Iglesia pronto dejó sentado que un divorcio
civil no era un impedimento desde el punto
de vista canónico. La situación, además,
fue interpretada como un signo de modernización
de la monarquía, añadido a la circunstancia
de que la elegida del Príncipe fuera de
origen plebeyo, de clase trabajadora, y
de que la unión entre ambos estuviera motivada
por el amor.
Un rostro familiar para todos
De
hecho, para los españoles, aceptar a Letizia
como futura Reina fue, tras la sorpresa
inicial, fácil: por aquel entonces su rostro
ya era muy popular dado su trabajo como
presentadora de TVE. Entró en la
televisión pública en el año 2000 para desempeñarse
en el Canal 24 Horas, de ahí pasó
a Informe Semanal y luego a los Informativos
diarios. Contó, como reportera, las consecuencias
del 11-S en Estados Unidos, del desastre
del Prestige en Galicia y de la dictadura
de Sadam Husein en Irak. Su consagración
definitiva vino cuando el director de Informativos,
Alfredo Urdaci, la seleccionó para
presentar con él el Telediario principal
de la cadena.
Muchos han señalado que este salto no fue
casual, sino impulsado por la familia real
para, poco a poco, ir familiarizando a los
españoles con la mujer que el Príncipe había
elegido como futura esposa. Sea como fuere,
la cuestión es que la joven afrontó el reto
con profesionalidad y supo estar a la altura
de lo que se le exigía. Recibió un premio
TP como mejor presentadora de informativos;
anteriormente, su labor periodística ya
la ha había hecho merecedora del reconocimiento
de la Asociación de la Prensa como mejor
periodista menor de 30 años.
Sin
embargo, este envidiable currículum y una
profesión auténticamente vocacional, han
sido, precisamente, el primer peaje que
Letizia Ortiz Rocasolano ha tenido que pagar
tras el anuncio de su compromiso matrimonial.
Pese a que ella sentó desde un principio
que no quería desvincularse inmediatamente
de su profesión, a los pocos días no tuvo
más remedio que pasar página en su vida
y causar baja en la nómina de TVE.
A partir del 22 de mayo, día del enlace,
la ex periodista será no sólo princesa de
Asturias, (y la primera asturiana de nacimiento),
sino también de Gerona y de Viana, además
de duquesa de Montblanc, condesa de Cervera
y señora de Balaguer, y deberá ser tratada
como Alteza Real. Ni siquiera Cenicienta
soñó un final así para su cuento de hadas.
Especial
Boda Real
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