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Los
anteriores romances de ella
Del profesor del instituto al compañero
"Que
nadie pueda decir jamás que se ha acostado
con la esposa del Rey". Esta
frase, antaño pronunciada con frecuencia
por los más cortesanos, pierde toda su vigencia
en los tiempos modernos, y Letizia Ortiz
es, desde luego, una joven de su tiempo.
Al igual que el Príncipe, tiene un pasado
sentimental hecho tanto de relaciones estables
como pasajeras. La más duradera fue la que
mantuvo con un profesor del instituto donde
estudió.
Alonso Guerrero, escritor y profesor
de Literatura en el instituto público Ramiro
de Maeztu, en Madrid, saltó a la fama inesperadamente
cuando se supo que estuvo casado durante
algo más de un año con la prometida del
Príncipe. Si bien el matrimonio, de carácter
civil, duró poco, lo cierto es que el noviazgo
sí fue largo. Ambos empezaron a salir juntos
allá por 1988, para envidia de todas las
otras alumnas que bebían los vientos por
el joven (entonces tenía 26 años) de aire
bohemio y culto.
El noviazgo juvenil tuvo una interrupción
de varios meses, aquéllos en los
que Letizia se desplazó a
México para completar su formación
con un máster. Dicen las malas lenguas
que su familia también buscaba, de
paso, alejarla de su relación con
Alonso para que reflexionara al respecto.
El caso es que la joven, recién obtenido
el título de Periodismo, supo disfrutar
de la vida en el país azteca. Hizo
prácticas en medios de comunicación,
pero se rodeó de amigos, salía
de copas casi todas las noches... Si mantuvo
algún tipo de relación sentimental
es algo que no ha trascendido. Lo que sí
se ha conocido es un indicio de qué
pudo significar para ella la etapa mexicana:
un retrato de Letizia desnuda, realizado
por un joven artista amigo, Waldo Saavedra,
que ahora ha servido para inspirar la portada
de un disco de Maná, Sueños
Líquidos. Saavedra ha admitido
que se enamoró de la joven, pero
sostiene que no llegaron a salir juntos.
El
caso es que, cuando Letizia regresó
a España, retomó su relación
con Alonso. El noviazgo duró 10 años hasta
que, el 7 de agosto de 1998, ambos se dieron
el sí en Almendralejo, Badajoz. Les casó
el alcalde y lo celebraron ante unos 200
invitados, entre quienes había familiares,
amigos y compañeros de trabajo (Letizia
trabajaba entonces en Bloomberg Televisión).
Sin embargo, la convivencia entre la pareja
empezó a resentirse del sacrifico que a
ambos les exigían sus respectivos trabajos.
Alonso vivía absolutamente entregado a su
creación literaria y escribía hasta horas
avanzadas de la noche; Letizia se veía obligada
a madrugar exageradamente desde que, a principios
del 99, entró a formar parte de la plantilla
de CNN+ como presentadora. A finales
de ese mismo año acabó formalizándose el
divorcio.
El
expediente de ese divorcio está guardado
bajo siete llaves (es un decir) en los juzgados
de Arganda del Rey, en Madrid. El consejero
de Justicia e Interior de la Comunidad regaló
a la decana de los juzgados una caja fuerte
de 600 kilos de peso y 1.946 euros de precio
(salidos de las arcas regionales) para asegurar
la custodia de dichos documentos, que contienen
los motivos de la ruptura entre la futura
Reina de España y Alonso Guerrero; unos
documentos por los que multitud de periodistas
estarían dispuestos a pagar oro. Una cerradura
de seis borjas, otra de tres discos y más
de un millón de combinaciones de cuatro
números garantizan ahora que ese secreto
seguirá siendo lo que es, un secreto.
Inesperados éxitos editoriales
Pese
a la curiosidad popular desatada, el ex
marido de Letizia ha hecho todo lo posible
por conservar el anonimato, si bien con
relativo éxito. Sus libros, que hasta entonces
no habían sido precisamente éxitos de ventas,
de repente se agotaron en todas las librerías.
Las grandes editoriales comenzaron a prestar
atención a este escritor, hasta entonces
desconocido. El hombre abreviado
(editorial De Bolsillo), una historia
de un fracaso de pareja que pasa por ser
autobiográfico y de la que se editaron 2.000
ejemplares, tuvo que ser reeditada para
lanzar al mercado 30.000 ejemplares más,
algo que Guerrero jamás se atrevió a soñar.
La
novela que publicó después del anuncio de
la boda del año, El edén de los autómatas
(Plaza & Janés), narra la historia
de dos jóvenes que estudian Filosofía y
en cuyo camino se cruza un grupo de neonazis
que los manipulan. Va camino de batir récords
de ventas. Guerrero aún tiene varias obras
en preparación, entre ellas una titulada
Declinio, pendiente de corrección
(una tarea que, según él, le llevará varios
meses).
Vidas rehechas
Guerrero, que en la actualidad vive en Guadalajara,
ha rehecho su vida junto a otra mujer y
el hijo de ella. Continúa escribiendo, aunque
sus ingresos proceden de las clases que
imparte por las mañanas. A veces se siente
acosado por los medios. En contadas ocasiones
ha aceptado las invitaciones de revistas,
radios, periódicos y televisiones y pocas
son las entrevistas que ha concedido. Cuando
lo ha hecho, siempre ha llevado la conversación
hacia su producción literaria y ha eludido
tenazmente dar dato alguno sobre su unión
con Letizia Ortiz o sobre el perfil de la
joven.
También
la ahora prometida del Príncipe recompuso
su corazón tras su divorcio. Se la relacionó
con el periodista Carles Francino (en
la imagen, durante su paso por Canal+,
hoy en TV3), y al poco de empezar
a trabajar en CNN+ inició una relación
sentimental con uno de sus compañeros, el
también presentador David Tejera,
que años antes había desempeñado la misma
función en otro canal, Antena 3.
Poco se sabe de la vida que llevaron ambos,
aparte de que llegaron a convivir juntos.
La relación duró hasta bien entrado el 2003,
el año en que el Príncipe entró de lleno
en la vida de Letizia. De Tejera nada ha
trascendido desde entonces: él mismo se
esforzó en desaparecer de la escena pública,
e incluso dejó de ir a trabajar para no
llamar la atención sobre sí mismo. En cuanto
a Letizia, ya forma parte de la Historia
de este país.
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