Así se conocieron
Un flechazo de cuento de hadas


Sólo existía una fugaz imagen del Príncipe y doña Letizia juntos cuando los españoles se enteraron de quién sería la futura Princesa de Asturias y después Reina de España. Se conocieron en una reunión semi-profesional, pero lo que prometía ser un encuentro aburrido acabó en flechazo. Unos pocos meses les bastaron para saber que querían compartir su vida.

Para cuando el romance salió a la luz, la relación entre ambos estaba tan cimentada que los Reyes no tuvieron más remedio que dar su visto bueno y anunciar oficialmente el compromiso matrimonial. En todo ese tiempo no hubo ni un solo rumor, tal fue el secretismo con el que la pareja llevó su relación.

El Príncipe tiene por costumbre reunirse con distintos sectores de la sociedad y la economía para mantenerse en contacto con el mundo real. Uno de esos encuentros tuvo lugar en octubre de 2002, en casa de Pedro Erquicia, ex director y presentador de Informe Semanal, el programa que emite los sábados por la noche La Primera de TVE; un programa del que Letizia Ortiz había sido, asimismo, presentadora. Don Felipe había roto su relación con Eva Sannum nueve meses antes.

La cita, en un ático de la madrileña calle Alcalá, estaba organizada como una cena tranquila para que el Príncipe pudiera conocer los puntos de vista de un grupo de periodistas sobre el conflicto de Irak. Doña Letizia ni siquiera estaba invitada; sí el director adjunto del mencionado programa, Manuel Rubio, pero su esposa no pudo asistir. Fue, por tanto, el azar el que llevó a Rubio a pedir a la joven periodista que le acompañara. Rubio dijo después que, cuando recogió a doña Letizia, ella apareció especialmente "guapa y elegante".

El caso es que los dos invitados más jóvenes al encuentro, el Príncipe y la periodista, pasaron la noche charlando y bromeando, según los allí presentes. Congeniaron inmediatamente, pero no ocurrió nada más. Poco después, ambos volvieron a encontrarse fugazmente con motivo de la entrega de los premios Príncipes de Asturias, y ese mismo invierno ambos estuvieron en la costa gallega conociendo de cerca las consecuencias del desastre del Prestige -él para interesarse por la situación y los afectados, ella para retransmitir la información- aunque no llegaron a coincidir por encontrarse en distintas playas.

Ella se resistía

Al parecer, pasó el tiempo antes de que don Felipe se atreviera a pedirle una cita. Se dice que ella al principio se resistió, y que incluso, con el carácter de que suele hacer gala, le espetó que no estaba dispuesta a ser una más de sus aventuras y que su profesión resultara dañada por ello. Sin embargo, finalmente cedió y, ya en la primavera, tuvo lugar la primera cita entre ambos, en un restaurante-bar de copas del centro de Madrid propiedad del marido de Mar Flores.

A esa cita siguió otra, y otra, y otra... La historia de amor se iba afianzando, rodeada de secreto y discretos dispositivos de seguridad. Para que nada trascendiera, incluso se facilitó a doña Letizia un teléfono dedicado exclusivamente a comunicarse con "su chico", como ella le llamaba siempre para evitar dar pistas sobre su identidad.

La prueba de fuego llegó ese verano. Don Felipe pasó parte de sus vacaciones en Mallorca y, en esos días, se embarcó con algunos amigos en un crucero de varios días. Invitó a Letizia, que recibió la aprobación de los treintañeros de clase alta que conforman el círculo íntimo del Príncipe. Y de nuevo, nada trascendió. De hecho, don Felipe se permitió despistar a los habituales paparazzi dejándose ver con alguna antigua amiga, como Gwyneth Paltrow. La periodista, mientras tanto, seguía desempeñando su labor de presentadora en TVE como si nada ocurriera.

Una red de misterios y citas a escondidas

La relación avanzaba y, mientras Letizia ascendía profesionalmente y se iba dando a conocer a los españoles, en privado los jóvenes cultivaban su particular juego de misterios que les permitía encontrarse sin levantar la liebre. A veces era con motivo de una jornada de caza en alguna finca resguardada, otras en casa de algún amigo de máxima confianza, algunos viajes relámpago al extranjero, lejos de miradas que pudieran reconocerles... Doña Letizia ni siquiera varió la estrecha relación que le unía a su entonces compañero sentimental David Tejera, y mientras se maquillaba en los camerinos de TVE, llegó a hacer comentarios sobre sus actividades juntos. Alguna periodista del corazón llegó a bautizar esta estrategia como "Operación Silenzio".

Pero ocurrió lo inevitable: que, poco a poco, los compañeros de Letizia fueron atando cabos (entre otras cosas, cada vez vestía ropa más cara) y adivinando a medias lo que ocurría. Llegó un momento en que el rumor estaba en boca de todos. Fotógrafos y cámaras de distintos medios empezaron a montar guardia el viernes 31 de octubre en TVE en la esperanza de captar alguna pista. En las últimas horas, alguna emisora de radio y cierta cadena de televisión empezaron a adelantar acontecimientos, si bien sin datos concretos. El nombre de ella aún era una incógnita. Por la noche, Letizia Ortiz Rocasolano presentó, junto a Alfredo Urdaci, su último telediario sin que le temblara la voz, y luego salió de Torrespaña sin ser vista.

¿Cómo aceptaron esta relación los Reyes? Como es lógico, ellos jamás han opinado públicamente al respecto. Sin embargo, se asegura que la noticia también pilló por sorpresa a los monarcas, y que don Felipe encontró cierta resistencia entre sus padres: ella es divorciada, no es católica, es plebeya e independiente y no podrá hacer frente al sacrificio que conllevan las tareas reales... Al revés de lo que ocurrió con sus anteriores noviazgos, en esta ocasión el Príncipe fue tajante: "esto es lo que hay y estoy dispuesto a jugarme el Trono", dicen que dijo. Y, al parecer, dado que estas cosas jamás se confirman, los Reyes no tuvieron más remedio que digerir esta política de hechos consumados en aras de la felicidad de su hijo.

Todo se destapa

El sábado por la mañana, la periodista abandonó en taxi su casa de Valdebernardo con equipaje ligero y destino desconocido. "Voy a hacer algo muy importante", dijo al portero. Ese mismo día, la Casa Real emitió un escueto comunicado haciendo oficial el compromiso de la pareja. Luego se supo, o quizá más bien se intuyó, que los novios habían volado a Praga. La opinión pública sólo tenía una imagen de los novios juntos: la de los últimos premios Príncipe de Asturias, que la joven había retransmitido en directo desde Oviedo (la segunda imagen al principio de este reportaje, en la que aparecen junto a José Antonio Sánchez, director de RTVE); tras el programa, don Felipe se acercó a saludar a todo el equipo de TVE. El apretón de manos, histórico, que se dieron los dos jóvenes, ella tratando de mirar a otro lado, se retransmitió en todos los canales de televisión cientos de veces.

Para evitar que las posibles polémicas dieran al traste con la relación, una agria experiencia que ya había atravesado el Príncipe, la pareja decidió coger al toro por los cuernos y dar la cara. En la tarde de ese mismo lunes, 3 de noviembre de 2003, el Príncipe convocó a los periodistas que habitualmente informan sobre la Casa Real en su residencia de Zarzuela. Allí, en el jardín, y acompañado de Letizia (entonces aún no era "doña"), los dos pusieron punto final a la clandestinidad y reconocieron abiertamente su amor.

Con los ojos brillantes e intercambiando miradas cariñosas, ella claramente embelesada y algo nerviosa, él más sonriente que nunca, hablaron de su "proyecto común" al "servicio de España y de los españoles". El Príncipe expresó su "convicción de que es la persona adecuada con la que compartir mi vida y formar una familia". "Enamorados, comprometidos, convencidos e ilusionados" fueron las palabras con las que don Felipe expresó cómo se sentían. Letizia, por primera vez protagonista de la noticia y no mera transmisora, casi se disculpó por la sorpresa causada y garantizó que esa relación era "una decisión medida, fruto de una reflexión intensa y, sobre todo, del peso y la solidez del amor profundo que nos tenemos". El Príncipe añadió que su futuro matrimonio servirá para "dar continuidad a la Monarquía Parlamentaria, como consagra nuestra Constitución".

"¡No me interrumpas!"


Tres días más tarde tuvo lugar la petición oficial de mano en el Palacio de El Pardo, arropados por sus respectivas familias al completo. Él le regaló a ella un anillo de oro blanco y diamantes y una joya familiar, ella a él una "joya literaria", un libro del siglo XIX del periodista Mariano José de Larra, y unos gemelos. La flamante prometida del Príncipe se mostró ante la prensa exultante y sonriente: dominó la escenificación del acto (lo que en su momento fue criticado), llevó la iniciativa en las respuestas a los periodistas ("¡anda ya!" y "¡no me interrumpas!" fueron dos frases que, espontánea, se le escaparon a doña Letizia cuando se dirigió a su prometido) y mostró una simpatía desbordante. Él tímido como siempre y risueño como nunca, reconoció que querían tener "más de dos niños y menos de cinco". En ningún momento dejaron de darse la mano.

Desde entonces, doña Letizia reside en el ala de invitados del Palacio de la Zarzuela, a la espera de ese 22 de mayo que la convertirá en esposa del heredero de la Corona y Princesa de Asturias.

Especial Boda Real