Otras plebeyas con derecho a Corona
De Grace Kelly a Letizia Ortiz


El objetivo de mantener la sangre azul en una familia real parece pasado de moda. En la actualidad los árboles genealógicos no son lo más importante cuando un heredero de la corona busca esposa, como tampoco lo son los intereses políticos. Rainiero de Mónaco rompió moldes en su época al casarse con la actriz de Hollywood Grace Kelly; la boda de Carlos de Inglaterra con Diana Spencer causó furor en un país que preserva sus tradiciones cual feroz cancerbero. Letizia Ortiz, también de sangre plebeya, no hace sino confirmar una tendencia ya más que arraigada en los tiempos modernos.

Para un príncipe, buscar esposa puede llegar a ser como buscar una aguja en un pajar si, entre los requisitos principales, además de la lógica soltería, está el árbol genealógico o el interés por estrechar lazos con determinado país o con otra casa real, como ocurría antaño. Atrás quedan los tiempos en los que el rey Enrique VIII de Inglaterra tuvo que renunciar al trono para casarse con una bailarina divorciada, la norteamericana Wallis Simpson: el amor era incompatible, allá por 1966, con las obligaciones de la corona.

Hoy en día, el dicho de que el amor no tiene barreras es, más que una frase, una realidad, para lamento de los monárquicos más recalcitrantes. Y por las venas de las familias reales de todo el mundo la sangre plebeya, sangre roja, se mezcla con la sangre azul. Rainiero de Mónaco y Grace Kelly demostraron que las exigencias del trono no están reñidas con los sentimientos y que la corona puede sentar de maravilla a una plebeya, prescindiendo de los matices peyorativos del término. Los monegascos así lo comprendieron al acoger cálidamente a Grace como princesa. De hecho, ese tipo de matrimonios parece haberse convertido en una tradición en el seno de la familia Grimaldi: Estefanía de Mónaco ha incluido entre sus maridos y novios un guardaespaldas, un cocinero, un domador de leones y, ahora, un acróbata circense.

Sin llegar a tales extremos, también una monarquía tan rancia como la británica renunció a los principios que dicta la tradición al permitir la boda del príncipe Carlos con Diana Spencer, una joven empleada de guardería que se convirtió así en Princesa de Gales. Y eso que la reina de Inglaterra no había permitido, años antes, que su propia hermana, la princesa Margarita, se casara con el capitán de la Real Fuerza Aérea Peter Townsend. Sí dio luz verde, sin embargo, a los matrimonios de su otra hermana, la princesa Ana, con el capitán del Ejército Mark Phillips, primero, y con el capitán de la Armada Timothy Laurence, después, ambos sin rango nobiliario.

Mette-Marit y otros escándalos del pasado

Los nórdicos, que pasan por representar la mentalidad más avanzada de Europa, ya demostraron hace tiempo que el pedigrí no tiene por qué ser requisito imprescindible para sentarse en el trono. La reina Silvia de Suecia hizo una transición modélica desde su profesión de azafata a la de soberana. En Noruega, fue la propia reina Sonia, de origen burgués, la principal defensora de otro polémico matrimonio, el de su primogénito y heredero de la corona Haakon con una plebeya de turbio pasado, Mette-Marit Tjessen. El enlace entre ambos (sobre estas líneas) abrió un encendido debate no sólo en su país, sino en toda Europa: Mette-Marit era una madre soltera, tenía un hijo de un hombre arrestado en su día por asuntos relacionados con las drogas, y ella misma había coqueteado con los estupefacientes.

No ha quedado atrás en controversia la boda del futuro rey de Holanda, Guillermo Alejandro de Orange, con la argentina Máxima Zorreguieta (en la imagen), cuyo padre había sido secretario de Estado durante la sangrienta dictadura del general Jorge Videla. La boda finalmente se llevó a cabo superando todos los escollos, sí, pero el padre de la joven no fue invitado a la ceremonia. El hermano del príncipe Guillermo, Johan Friso, segundo en la línea sucesoria, ha preferido no llevar al extremo los sinsabores de un examen público y ha renunciado a sus derechos monárquicos para poder contraer matrimonio, el 24 de abril, con Mabel Wisse Smit, quien también, al igual que Mette-Marit, estuvo relacionada con un narcotraficante. El Parlamento holandés consideró que la pareja ocultó al Ejecutivo este oscuro pasado de ella.

El más reciente escándalo lo ha protagonizado el heredero del trono italiano Emanuele Filiberto de Saboya, que el pasado mes de septiembre se casó con la actriz francesa Clotilde Courau (imagen de la derecha). Ella estaba embarazada de cuatro meses. El único miembro de la realeza europea que asistió al enlace fue Alberto de Mónaco, el responsable de que ambos se conocieran.

En el trono del sol naciente

También Japón tiene su historia. Haciendo equilibrios entre las tradiciones milenarias del país y los usos que imponen los nuevos tiempos, el emperador Akihito consiguió sortear los más implacables vetos de la corte nipona para casarse con la cristiana Michiko. No era ya sólo que Akihito no tuviera ya la categoría de dios, como la tenía su padre, sino que eligió como esposa a la hija de un fabricante -multimillonario, eso sí- de salsas de soja. El heredero del trono, Naruhito, siguió el mismo camino: se enamoró de una plebeya de carrera diplomática, Masako (en la imagen inferior), a la que logró convencer para llevarla ante el altar.

En el trono jordano se sienta Rania, con quien ha sido comparada Letizia Ortiz por su parecido físico y su estilo moderno; en el de Marruecos, Salma Bennani. Noor de Jordania, la cuarta esposa del difunto rey Hussein, no era, antes de casarse, sino la norteamericana Lisa Halaby; y que conste no hay muchas norteamericanas que hayan emparentado con familias reales. Además, el club de las plebeyas con derecho a corona está a punto de aumentar con la incorporación, el próximo 14 de mayo, de un nuevo miembro: la abogada australiana Mary Donaldson, que contraerá nupcias con el príncipe Federico de Dinamarca. El enlace será, con toda probabilidad, el último acto público al que asista Letizia Ortiz antes de convertirse, una semana después, en Princesa de Asturias.

Especial Boda Real