Catering regio


Ociocrítico 22/05/2004

Palacio Real de Madrid
Almuerzo nupcial servido por Jockey
Plaza de Oriente, s/n
Madrid


Dar de comer a 1.700 personas y que todo funcione es un reto de difícil superación. En almuerzos multitudinarios los cocineros optan por la sencillez de elaboración y por los platos de "largo recorrido de cámara". Algún exquisito a la violeta dice que los menús de banquete son a la cocina lo que la música militar es a la Música. Sin suscribir esta apreciación, el Com.ilón de guardia sabe que no es lo mismo degustar el menú de la boda del Príncipe de Asturias en mesas de ocho comensales que hacerlo como cliente de Jockey.

El Com.ilon podría darse pisto acerca de la ingesta del menú de marras, pero no es su estilo. A distancia, hizo hoy un almuerzo casi idéntico al que consumieron la Familia Real y sus invitados, respetando las técnicas de elaboración previa. Y quedó relativamente satisfecho. Pero antes, hay que mencionar los aperitivos previos que transformaron los salones del Palacio Real en una especie de feria gastronómica de las autonomías españolas. Era el recurso fácil, aunque sabroso. Si los productos son buenos -y lo eran- no tiene mayor ciencia, si exceptuamos el corte, servir jamón de Jabugo, quesos manchegos y asturianos, tartaletas de txangurro, esqueixada catalana al punto y por ahí todo recto.

Sentados a la mesa, un hojaldre de frutos de mar -elaborado el día antes-acompañados de medio bogavante por persona cubre el expediente. Lo mismo sucede con el capón de Cascajares, ave agradecida donde las haya, que permite su asado por etapas. Las huestes de Jockey, con casi dos decenios, sirviendo banquetes de Estado se bastan y sobran para cubrir el expediente con nota alta. Personalmente, el Com.ilon hubiese sustituido el capón, por el pollo de Bresse (cosa que hizo en su emulación del banquete nupcial), pero se trataba de elaborar el menú con productos españoles.

El capítulo de bebidas, demuestra que lo de las catas ciegas y etiquetado ad hoc no sirve para guardar el secreto. Al final, como ocurrió en las bodas de las infantas, uno sabe casi todo. Y así, los cavas -el rosado del aperitivo y el del brindis- son de Cordorniu, el primero; y de Segura Viudas, del Grupo Freixenet, el segundo. En cuanto al Albariño servido con el primer plato, el misterio aún está por desvelar, no así con lo del tinto de Rioja que acompañaba el capón: un Viña Real del 94, cosecha calificada como excelente.

CALIFICACIÓN

Ambiente: *** Decoración clasicona pero no recargada, dadas las circunstancias.
Servicio: ** Amable y competente sin más.
Comida: ** Buena, sin mayores pretensiones, aunque lograda. La experiencia de Jockey en el Palacio Real siempre es un grado.
Precio medio: Unos 180 euros por comensal, aperitivos y vinos incluidos.

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