Vanguardia culinaria


Ociocrítico 22/05/2004

Palacio del Pardo
Cena de alto rango ofrecida por SS.MM. los Reyes
Madrid

La cena con la que los Reyes de España agasajaron, en la lluviosa noche del 21 de mayo, a 380 de los invitados a la boda del Príncipe de Asturias, representa la irrupción, amable pero rotunda, de la modernidad culinaria en los platos de reyes, reinantes o cesantes, príncipes, princesas, infantas, infantes y asimilados. Trío de lujo: Juan Mari Arzak, Ferran Adrià y Paco Roncero en los fogones. Y un desfile de quince aperitivos fríos y calientes, servidos al modo de El Bulli.

El Com.ilon de servicio, por azares de la vida y de la amistad, conoce una gran parte de las novedades que Adrià sirvió. El cocinero catalán, que cuenta con una cocina laboratorio en la calle Portaferrissa, muy cerquita de las Ramblas barcelonesas, es un eterno experimentador de sabores, texturas y aspectos. Juega a sorprender y lo consigue, porque de eso se trata. Sólo bastaba que Arzak y Roncero le siguieran el juego para garantizarse un éxito memorable, que va mucho más allá de una operación de relaciones públicas. ¿Son redondos los guisantes? Sí, pues bueno, hagamos con ellos una esfera geométricamente perfecta, verde y jugosa, que siga sabiendo a guisantes. Y las fresas al Campari, o los cortes -helados, que hay que jugar con el contraste de las temperaturas-de queso parmesano y de foiegras... O el yogur que acaba sabiendo yogur, cigalas con ceps (seta muy apreciada en Cataluña), raviolis de calamar, bocadillo hueco de jamón, la açorda de gambas al curry (especialidad de Arzak), alcachofas con huevos de codorniz, pétalos de rosa en tempura y, rematando, huevos fritos con patatas. Pequeñas sorpresas en minúsculas raciones, pero con los sabores de siempre, como debe ser.

Y con los invitados sentados, la cena propiamente dicha: una apuesta por los productos de primavera, frescos y elaborados en el día. Por fin, veintinueve años después de la muerte del dictador, en el Palacio del Pardo, se cenó bien, ya que según contaba Mari Carmen Martínez-Bordíu, la nietísima, "en El Pardo nunca se cenó bien; sólo verdura y merluza hervida". El paladar del Palacio del Pardo, si es que los edificios lo tienen, se pudo resarcir con esas yemas de espárragos de Tudela, con trufa de verano y sopa de lo mismo... Para seguir con un rape con habitas tiernas y rematar la faena con lo que es, sin duda, un ejemplo de la seriedad creativa de Arzak y Adrià: recuperar algo tan carpetovetónico como el escabeche de toda la vida, despojándolo de su agresividad palatial. Y así lo hicieron en el pato en escabeche de vino tinto y puré de limón. De postre, el chocolate de siete texturas que hermana a Adrià con Paco Roncero, quien sometió a la opinión gustativa de los ilustres comensales las "pequeñas locuras" del Casino de Madrid: hojas de menta bañadas en chocolate, piruletas de chocolate o bombones de cardamomo. Un blanco de Navarra, "Chivite 125 aniversario" y un Ribera de Duero, Matarromera reservas del 2000, fueron el contrapunto líquido de una cena memorable. Y una pregunta inquietante ¿estaba Ernst de Hannover, esposo de Carolina de Mónaco, en estado de poder apreciar tantas exquisiteces?

CALIFICACIÓN

Ambiente: *** Decoración a la antigua usanza, que es lo propio.
Servicio: ** Amable y competente.
Comida: ** * Muy buena, propio del trío de estrellas.
Precio medio: Si nos guiamos por las tarifas de Adrià en El Bulli, no bajaría de 215 € por comensal, a reserva de los vinos.