|
|

|
Don Felipe y doña Letizia, marido y mujer
Agencias/Ociocrítico (Madrid)
El
Príncipe Felipe y Letizia Ortiz son ya marido
y mujer. En presencia de representantes de
todas las Casas Reales, Gobierno y autoridades
nacionales e internacionales y personalidades
del mundo del deporte y la cultura, los ya
Príncipes de Asturias contrajeron matrimonio
en la primera boda de Estado desde la de Alfonso
XIII, bisabuelo del heredero. En su homilía,
el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María
Rouco Varela hizo alusión directa a los hijos
como fruto del amor y a "no tener miedo" a
la responsabilidad histórica que les toca
asumir.
La realidad superó los peores pronósticos
y, aunque la lluvia respetó la entrada de
casi todos los invitados a la catedral de
La Almudena, comenzó a caer cuando la Familia
Real se dirigía hacia el templo y se tornó
intensísima en el momento en que estaba prevista
la llegada de la novia, que finalmente fue
conducida en un Rolls hasta la puerta de la
catedral, diez minutos pasadas las once de
la mañana.
A las once menos veinte, una vez estuvieron
todos los invitados en el templo, aparecieron
por la majestuosa alfombra roja en primer
lugar Don Carlos de Borbón y Ana
de Francia -Duques de Calabria- seguidos
de la Infanta Margarita y Don Carlos
Zorita -Duques de Soria-; la Infanta
Cristina e Iñaki Urdangarín; la
Infanta Elena y Jaime de Marichalar;
el Rey Juan Carlos y la Infanta
Pilar y el Príncipe de Asturias
del brazo de la Reina Sofía.
La Reina lucía un vestido largo de Margarita
Nuez en tono champán bordado entre el
pecho y la cintura, que completaba con una
mantilla negra. La Infanta Elena escogió un
traje de chaqueta en tono fresa con bordados
blancos de inspiración goyesca. Al igual que
su madre, lució mantilla negra. Finalmente
la Infanta Cristina llevó un vestido amarillo
oro con una pamela a juego y un abrigo calado
de color gris.
Pasadas las once de la mañana, los pajes -los
hijos de las infantas Elena y Cristina, una
sobrina de Letizia y la nieta del Infante
Don Carlos- fueron trasladados en coche
hasta la catedral. Los niños, vestidos con
trajes de inspiración goyesca en colores blanco
y oro confeccionados por Lorenzo Caprile,
saludaron a través del cristal. Detrás de
ellos, las dos damas de honor también vestidas
con trajes de inspiración goyesca: Victoria
Codorniu Álvarez de Toledo, familia del
Príncipe y Claudia González Ortiz,
prima de Letizia.
Para entonces el Príncipe ya llevaba en torno
a quince minutos de pie esperando a su novia,
que llegó en medio de una intensísima lluvia
que cambió los planes iniciales. Letizia tuvo
que desplazarse hasta la puerta del templo
en un Rolls en lugar de hacer el camino del
Palacio Real a la Almudena andando.
Letizia Ortiz entró en la catedral del brazo
de su padre, precedida de los pajes un tanto
distraídos pese a los ensayos, mientras sonaba
el 'Allegro' de Haendel para recibirla. El
himno nacional saludó la entrada del Príncipe
Felipe en la catedral. Al llegar al altar,
la novia se santiguó y junto a su padre hicieron
una reverencia ante los Reyes. El Heredero
de la Corona la recibió con un beso en la
mejilla.
Lecturas en familia
La ceremonia estuvo oficiada por Antonio
María Rouco Varela acompañado del cardenal
arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo,
el nuncio de su Santidad en España, Monseñor
Manuel Monteiro de Castro, el arzobispo
castrense emérito Monseñor José Manuel Estepa,
y el arzobispo de Oviedo, Monseñor Carlos
Osoro, además de otros obispos auxiliares
y miembros de la Iglesia.
En el enlace estuvieron presentes todos los
monarcas europeos reinantes excepto la Reina
Isabel II de Inglaterra, que nunca acude a
bodas fuera de su país y que estuvo representada
por el Príncipe Carlos de Inglaterra. Por
parte de Japón acudió también el Heredero,
Naruhito. Además, entre los 1.400 invitados
se encontraban todos los miembros del Gobierno
y los presidentes de todas las comunidades
autónomas incluido el lehendakari
Juan José Ibarretxe.
Durante
la celebración, Beltrán Gómez Acebo,
primo del Príncipe, leyó una lectura del Libro
de Tobías que versa sobre el matrimonio entre
Tobías y Sara. Después, la abuela de Letizia
Ortiz, Menchu Álvarez del Valle leyó con una
fuerte carga interpretativa la carta de San
Pablo a los Corintios escogida en la mayoría
de las bodas y cuya frase central es "sin
amor no soy nada".
La última lectura fue una del Evangelio según
San Juan en la que se relata el milagro
de Jesucristo en las bodas de Caná,
donde en las que convierte el agua en vino.
Durante la homilía el cardenal Rouco Varela
les instó a "no tener miedo" ante las
responsabilidades históricas que les toca
asumir como matrimonio y familia del Heredero.
"El matrimonio y la familia aportan siempre
un inestimable e imprescindible servicio para
el bien de la sociedad y del hombre en general.
Constituyen la célula primaria de la que se
entreteje y de la que se nutre toda sociedad
sana, justa y solidaria. Vuestro matrimonio,
inserto en la línea dinástica y en la historia
milenaria de la Monarquía Española, os exige
un plus de disponibilidad al servicio de España,
absolutamente único y singular", dijo
Rouco.
"No tengáis miedo ante estas exigencias
extraordinarias que os advienen a vuestra
vocación de esposos y familia cristiana por
la responsabilidad histórica que os toca asumir
como matrimonio y familia del Heredero de
la Corona", continuó.
Durante el discurso, el arzobispo se refirió
al matrimonio como una donación "de todo
lo que sois: de vuestras personas, de vuestro
cuerpo y de vuestra alma, de vuestro corazón,
con una gratuidad y generosidad tales que
de vuestra mutua donación surja el don de
nuevas vidas, el don de los hijos".
"Así es el amor conyugal auténtico cuando
se le deja desplegarse y manifestarse en sus
más ricas posibilidades y tendencias propias:
un amor propio a darse cuenta hasta la expropiación,
a favor del hijo, de los hijos fruto de sus
entrañas. Por este amor gratuito y fecundo
os habéis decidido", continuó.
Pequeño lapsus
Tras la homilía se inició el rito propiamente
del matrimonio. Tras responder a las preguntas
de Rouco sobre si accedían al sacramento de
manera libre, voluntaria y sin coacciones,
se dio paso al consentimiento, para el que
los novios escogieron la fórmula más larga,
a modo de diálogo, en lugar del escueto
"sí quiero".
Después, la bendición de los anillos y el
intercambio de las arras. Una de las anécdotas
de la ceremonia fue el lapsus del Príncipe
en este punto que momentáneamente olvidó lo
que tenía que decir, ante la sonrisa de su
novia. A ella, por su parte, también se le
vio bastante nerviosa en algunos momentos.
Tras la bendición nupcial se continuó con
el desarrollo normal de la liturgia: bendición
del pan y el vino y a la comunión, dándose
por finalizada tras la bendición final. Aunque
no se vieron muchos momentos de emoción, sí
hubo varios detalles entrañables, como los
continuos comentarios y miradas de complicidad
de los novios.
La música fue interpretada por la Orquesta
Sinfónica de Radio Televisión Española bajo
la dirección de Jesús López Cobos.
Entre las piezas se interpretaron el Aleluya
de Cristóbal Morales, el Sancta
María de Mozart; el Tamtum Ergo
del mismo autor, el O Salutaris de
Juan Crisóstomo Arriga y el Pan
Divino de Francisco Guerrero.
Tras firmar los novios y los testigos, los
ya Príncipes de Asturias abandonaron la catedral
convertidos en marido y mujer y se montaron
en el Rolls que les esperaba en la puerta
para salvar de nuevo intensa lluvia que recibió
a los recién casados. La pareja se dirigió
hacia el Palacio Real para cambiarse de automóvil
y comenzar su recorrido por la ciudad.
|
|