ASí VEN LA BODA (DIALÉCTICA HEGELIANA Y NUPCIAL VI)
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto
standing
financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, encargado de ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
Ruda prueba
Pues sí, amadísimos, globalizados y nupcializados ad nauseam niños y niñas que me leéis, no pensaba hacerlo, pero al final, por amor filial tuve que estar presente en La Almudena (sin comentarios), ofreciendo caballerosamente el brazo a mamá. Resulta que papá fue víctima anoche de una repentina indisposición ajena. Vamos, que dada la complejidad de nuestros negocios familiares, tuvo que atender, junto con tío Arturo, su hermano menor, una emergencia de un buen socio y amigo. Os cuento.
Ernesto de Hannover
, el marido de
Carolina de Mónaco
, a primera hora de la noche de ayer digamos que se sintió indispuesto. Una indisposición transitoria y francamente etílica, del tipo que las clases bajas denominan "tablón como un piano", "cogorza" o "pedo colosal". En fin, por hacerlo corto, que papá y tío Arturo fueron a cuidar del indispuesto y, a estas horas, deben estar tan indispuestos como él. Esto ocurre en las mejores familias, entre los Hannover y los Diagonal, por ejemplo. Si bien, el cabeza de la familia teutónica se caracteriza por su constancia en este tipo de indisposiciones, muy infrecuentes, por cierto, entre nosotros, los Bori Diagonal. (El doctor
Mateo Borràs
, jefe de mi equipo médico habitual, dice que nosotros metabolizamos mejor el alcohol, vamos, que sabemos beber mejor, tanto en calidad como en cantidad).
Total, que a las nueve horas 45 minutos, 36 segundos, del sábado 22 de mayo del Año del Señor dos mil cuatro, impecable en el chaqué, entré del brazo de mamá (elegantísima como siempre) en la madrileña Catedral de la Almudena. Consigno el dato espacio-temporal, por lo insólito. Desde mis tiempos del internado en Eton, nunca me he levantado antes de las once de la mañana. Mamá, en cambio, está más acostumbrada al madrugón, porque todos los días, a las nueve y cuarto de la mañana, asiste a la Santa Misa que celebra en el oratorio familiar su capellán.
Bueno, pues he soportado la ruda prueba del madrugón, y pese a ella, (¡mira tú que casarse el Príncipe de Asturias a las once de la mañana, como un empleado de banca!) mis convicciones monárquicas siguen inquebrantables. En cuanto a la boda, ¿qué queréis que os cuente? Los invitados a una boda de Estado son los que menos se enteran de su desarrollo. En este caso concreto, mi campo visual se veía obstaculizado por tres pamelas tamaño king size, y los fornidos hombros del contralmirante
Jaime Rodríguez-Toubes
. Con tan exiguo ángulo visual, no obstante, pude percibir algunos detallitos que paso a comentaros, porque no era cosa de elevar la vista más allá de cuarta y media por sobre de las cabezas de los asistentes, hacia el triforio y las bóvedas catedralicias, por no sufrir un feroz ataque a mi sentido estético. Y eso que el arquitecto
Ignacio Vicens
, Nacho para los amigos, consiguió, a base adornos florales y de tapices renacentistas que harían las delicias de los subastadores de
Sotheby's
, disimular en parte el horror neogótico del primer templo madrileño, pero aún así el riesgo era evidente.
Precioso, ni que decir tiene el traje de la novia. Por algo era de
Pertegaz
, el modisto favorito de mamá. Por lo general, los atuendos de las damas, marcaban los orígenes sociales de sus portadoras. Soltura en las que siempre lucieron prendas de autor sobre sus gráciles anatomías. Y envaramiento -especialmente en el sector de cónyuges de cargos políticos electos-en el elemento femenino ajeno a este tipo de celebraciones. Claro que toda regla tiene su excepción... E, incluso, dentro del primer árbol genealógico del país, había alguna disonancia como la de la infanta doña
Pilar
, viuda de
Gómez-Acebo
, hermana de Su Majestad el Rey. La egregia dama compareció con un conjunto de cretona estampada especialmente apto para el sofá o unas cortinas de una casa de campo, lo que motivó un significativo fruncimiento de las cejas de mamá y apostaría a que un soponcio en tía Ágata, encerrada en su cortijo del Aljarafe sevillano, dada su condición de objetora de conciencia ante el enlace regio, al conocido grito de
"¡Los príncipes se casan con princesas!"
.
En cuanto a los caballeros, pues también vale lo de las dos categorías aplicado a las damas. Se nota quien tiene, desde su mayoría de edad, un par de chaqués en su guardarropa y quien, (políticos y gentes así), recurre al alquiler en Sastrería Cornejo. Claro que, hay alguna excepción, aparte del chaqué gris que suele lucir
Carlos de Inglaterra
, príncipe de Gales y duque de Cornualles. La nota cromática, ciertamente extravagante, como casi toda su persona, la volvió a dar el duque consorte de Lugo,
Jaime Marichalar
, esposo de la infanta
Elena
. Siendo cuñado del novio, a una boda no se asiste con camisa celeste de cuello y puños blancos y una horrenda corbata en tonos verdes, que rivalizaba en mal gusto con las vidrieras y pinturas perpetradas, más que pintadas, por
Kiko Argüello
.
Y, en cuanto a la celebración gastronómica posterior, en el Palacio de Oriente, casi mejor pasar de puntillas. Se trataba de un catering de lujo que, salvo la variedad de aperitivos autonómicos (jamón de Jabugo incluido), nos hermanaba con los banquetes nupciales de las clases bajas: un poco de marisco (¡menos mal que no era el socorrido cóctel de gambas!) y un capón (pollo, pero a lo fino), más la tarta que cortaron los novios. A mantel puesto, descubrí la perfecta unión que existe entre la Monarquía y el pueblo. A la hora de comer, los soberanos y sus súbditos son iguales .
PEPE CARBALLEIRA
Chapista de Vallecas, hijo de una lavandera del Foro y de un cabo furriel gallego que ya pasó a mejor vida. Es el sentir del pueblo llano sobre el acontecimiento fastuoso que se nos avecina.
Paseo bajo la lluvia
Lo que es a mí, sólo una llamada a una manifa guapa contra el
Bush
o su palanganero de aquí, el
Aznar
, habría conseguido sacarme de mi sofá, mis cervecitas y el pedazo de bocata panceta que me he tomado mientras la
Leti
se transformaba, vía casorio, en Princesa de Asturias, sin dejar de ser la nieta de
Paco
el taxista de Vallecas. Apalancado al lado de
Concha
, que no se perdía detalle de lo que nos echaba la tele, he sido testigo de esta historia de amor y lujo, que para algo pertenezco a la sufrida clase de los paganos del asunto nupcial.
Si la televisión es el opio del pueblo, que más bien sí, hay que reconocer que esta vez el opio era de primera calidad, vamos de aquellos que colocan cosa mala. Hoy, en la caja tonta, no estaban los pedorros y las pedorras de siempre, lo que es muy de agradecer. Hoy había buen material y poderío. Y, encima, por cuatro chavos, porque no creo que ninguno de los que han aparecido en la tele cobrasen ni un euro por salir. No sé quien dijo estos días que lo de las monarquías habría que patrocinarlo como si fuese, un poner, lo de la Fórmula Uno, las carreras de motos o los rallies que siempre pierde
Carlos Sainz
por avería a medio metro de la meta. Y así, los reinantes y demás pandilla deberían ir llenos de pegatinas como los pilotos del motor. Pienso yo que, a los reinantes de aquí, sus hijos y yernos, la cosa no les va a venir de nuevo, digo yo. Porque se pasan todo el año subiendo y bajando de yates que llevan pegatinas de patrocinador hasta en la hélice.
Bueno, a lo que íbamos. Que
Concha
, mi señora, se emocionó y todo a la hora del
"sí, quiero"
... Y es que la Leti, que sigue estando flacucha, estaba tirando a guapa. Dice mi costilla que el vestido de novia era preciosísimo, o sea, que ya me veo yo a mi sobrinilla
Abigail
, la hija de mi hermana
Carlota
, que toma la Primera Comunión en junio, con su traje de Princesa Letizia. Y es que estos trajes se copian enseguida y, a estas horas, debe haber un montón de costureras que se están pegando panzadas del vídeo de la boda para sacar la versión Pepita del traje de
Pertegaz
, eso sí, por cuatro perras, que de eso se trata en las familias económicamente débiles.
Quienes sí que han echado la casa por la ventana han sido el Paco y la Enriqueta, los abuelos de la princesa Leti por parte de madre. Yo, al verlos aparecer en la tele es que hasta me emocioné. El taxista de Vallecas con chaqué, que parecía un archiconde o así. Y la señora
Enriqueta
tal que una marquesona, con aquel conjunto azul cielo con toques de añil (esto me lo ha soplado Concha) que le daba hasta un aire a lo
Mari Tere Campos
, y con aquellas gafas negras al estilo de "La Niña de los Peines". Y eso por no hablar de la
Paloma
, que parecía que había nacido con la pamela puesta, en lugar de haberse pasado media vida entre poner inyecciones y discutir convenios del personal sanitario, que la Paloma es mucha Paloma, dicen los del barrio que la conocen.
Lo único malo, aparte del derroche de la boda, fue lo de los nietos de los reyes y la sobrina de la Leti. Sí, ellos fueron las víctimas inocentes, las primeras víctimas inocentes de la
Letiboda
. Yo no sé por qué el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, que ahora es el pepero
Pedro Núñez Morgades
, no tomó cartas en el asunto, la verdad. Vestir así a unos niños, por muy hijos y sobrinos que sean de príncipes, princesa e infantas, debería estar perseguido por la ley. Las pobres criaturitas pueden sufrir graves daños psicológicos. Y esto no ha hecho más que empezar, porque, a partir de hoy, no habrá boda de barrio, sea por lo religioso o por lo civil, en la que no aparezcan unos enanos disfrazados de pajes de la Leti. Que ya me lo tiene como muy explicado el
Aurelio
, el ex cura, compañero de taller: el mimetismo, o sea, las ganas que tienen los de debajo de imitar a los de arriba, mismamente.
Y, mientras uno estaba tan ricamente en su casa, fuera San Pedro soltaba cubos y más cubos de agua. O sea, que la cosa quedó mojada tanto para unos, los del casorio, como para otros, los republicanos y rojeras varios que, al mediodía, querían montar un sarao guapo en la Plaza del Dos de Mayo. En este aspecto, digamos que la cosa acabó en empate, porque la lluvia, esta agua del mayo madrileño, no distingue entre monárquicos y republicanos, entre ricos y pobres, entre sociatas triunfantes y peperos escaldados. A la hora de caer agua, hasta el
Carlos de Inglaterra
, el viudo pelín golferas de la
lady Di
, tuvo que tirar de paraguas al salir de La Almudena para que no se le mojasen las orejas. Bien mirado, la lluvia deslució mucho el paseo de los novios. Se tuvieron que olvidar del Letimóvil y subirse en el pedazo de buga que les llevó Gran Via arriba, Gran Via abajo. Pero, a esas alturas del día, no creo que a la Leti y a su Felipe les importase mucho el ir paseando bajo la lluvia. Ellos iban a lo suyo, a dejarse ver por el personal (no mucho, la verdad y no sé si por culpa de la lluvia o por culpa de la seguridad que ha tenido el centro de Madrid cerrado con tropocientos mil candados en forma de maderos y municipales).
A la hora de la comida, nosotros hemos comido como los reyes: marisco y pollo campero, con la tele puesta, que a mi Concha le hace mucha ilusión lo de los besos de los novios. Y al final se lo dieron. Como de hermanos, que tampoco era cuestión de que en público se achuchasen como la Concha y yo en la
"fila de los mancos"
del cine. Que lo del tornillo y la lengua se deja para la intimidad íntima... Bueno, pues como ya tenemos a la Leti de princesa y al chico de los Reyes casado, pues eso... ¡Vivan los novios! y ¡Viva la República!, que para eso servidor es como es: rojeras y de Vallecas. Y eso imprime carácter.
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