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Cuál es la diferencia entre
una pamela y un sombrero? ¿Y entre un cuello
chimenea y un cuello corola con escote en
pico? No se preocupen, porque aquí estoy
yo, Penélope Glamour, para sacarles de dudas
sobre todos los modelos que se han visto
en la boda de los ya Príncipes de Asturias.
¡Y menudos modelos!
Menos
mal que la lluvia se contuvo durante la
llegada de invitados a la catedral, pero
no aguantó hasta las 11.00, hora prevista
del enlace. Únicamente Letizia, entonces
aún sólo Letizia, tuvo que soportar el aguacero...
y eso que su salida del Palacio Real se
retrasó unos minutos, quizá con la vana
esperanza de que escampara. Sin embargo,
no hubo suerte. El mal tiempo no nos permitió
admirar el vestido de la novia en el recorrido
que debía haber hecho a pie a través del
Patio de la Armería hasta la catedral de
la Almudena, pero veámoslo desde el lado
positivo: como dice el refrán, "novia
mojada, novia preñada". Así que este
22 de mayo se ha dado el primer paso, y
con el pie derecho, para perpetuar la monarquía.
Para
empezar por el final (ya sé que están impacientes
por conocer todos los detalles de ese secreto
de Estado en que se había convertido modelo
diseñado por Manuel Pertegaz), les
diré que finalmente ha resultado ser mucho
menos vaporoso de lo que el propio maestro
había anunciado. Eso sí, ha sido principesco,
como no podía ser menos. "Línea princesa",
ha informado la casa Pertegaz. El genio
de la costura preparó un vestido realizado
en un único corte desde los hombros al suelo,
en color blanco roto (tono que la propia
Princesa puso de moda cuando se supo que
era la prometida del Príncipe), y con una
cola de 4,5 metros. Me gustaría saber cuánto
pesa ese vestido, pero sospecho que ni me
lo van a decir, ni me van a dejar comprobarlo
por mí misma, por muchas acreditaciones
que esgrima ante la Casa Real que tenga...
No sé si la princesa Letizia será supersticiosa,
pero si lo es, debe de estar feliz, porque
su vestido nupcial está bordado con todo
tipo de símbolos para atraer la buena suerte:
que si flores de lis que hablan de sangre
azul, que si tréboles (que ya sabemos de
qué hablan...). Por si eso fuera poco, en
el ramo de novia llevaba espigas, para atraer
la fecundidad, flores de manzano, para recordar
su tierra asturiana, rosas, en honor del
mes de mayo en que se casa...
La diadema de la boda de la Reina
Si
todas las novias están guapas, la esbeltez
de la novia resaltaba la belleza de un traje
perfecto, bordado en cuello y espalda con
hilo de plata y oro. El manto que lucía
la ya Princesa, en tul de seda natural,
era un regalo de don Felipe, que sujetaba
al recogido del pelo con la diadema de platino
y brillantes que llevó la reina doña
Sofía en su boda. El Príncipe, como
estaba previsto, vistió el uniforme de gala
del Ejército de Tierra, realizado para la
ocasión por el sastre de la Casa Real, Cecilio,
que lleva nada menos que 37 años en el puesto.
Precediendo a la novia a su entrada al templo
iban los pequeños de la familia. Sus trajes
de pajes y damas de honor, obra de Lorenzo
Caprile, reproducían la moda dieciochesca,
un homenaje a los primeros borbones y a
Goya. En tonos crudos y verdes, los niños
no dejaban de echar miradas atrás a la novia
y, más tarde, el travieso Froilán, sin amilanarse
por su elegante atuendo, incluso se permitió
dar una patada a un paje. Ese detalle me
parece bastante más interesante que el volver
a insistir en los bordados en oro de lirios
y espigas, porque, la verdad, dudo que los
benjamines, por muy reales que sean, estén
interesados en el asunto. Y ustedes ya saben
de qué va todo.
La
Reina vistió, siguiendo su costumbre, un
sobrio modelo en tono crema pálido, confeccionado
en crêpe de seda por Margarita Nuez.
Era un vestido largo: aunque fuera una boda
de mañana, el protocolo exige que la madrina
vaya de largo, y con mantilla, como la que
lució doña Sofía, en negro. Doña Cristina,
con una pamela verde que a duras penas permitía
verle la cara, pero preciosa, vestía un
modelo en guipur gris que ha sido bastante
criticado, aunque a mí me encantó. Doña
Elena sí recibió, sin embargo, los elogios
unánimes de los expertos, con mantilla y
un vestido rosa con encaje marfil superpuesto.
Sobriedad y algún modelo 'country garden'
Y no me voy a quedar con las ganas de hacer
algún comentario sobre el modelo 'country
garden' de la hermana del Rey, Pilar
de Borbón. Al verla llegar a La Almudena,
mucho antes que el resto de la familia real,
casi llegué a creer que era la reina madre
británica, por su vestido celeste con un
estampado de flores malvas y naranjas y
una pamela burdeos que, la verdad, la verdad...
Entre
los invitados, eso sí, mucha sobriedad,
muchos colores neutros, como manda ese protocolo
no escrito que dice que nadie debe eclipsar
a la novia, y quizá también porque aún está
fresco el triste recuerdo del 11 de marzo.
De las señoras, que son quienes tienen más
margen para la fantasía, quien más destacó
fue, sin lugar a dudas, la princesa Rania
de Jordania, que fue la única (aparte
de la madrina de la boda, pero de eso hablaremos
luego), que fue de largo. Lució una falda
vaporosa en tonos malva con encaje blanco
superpuesto y una blusa blanca a juego.
De ellos, aunque en términos generales se
percibió poca imaginación en los fajines
o en las pajaritas, únicos elementos susceptibles
de recibir la creatividad de quien los viste,
destacaría al príncipe Carlos de Inglaterra.
Fue el caballero que más estrictamente siguió
las normas que rigen este tipo de actos
y, con la elegancia que le caracteriza,
vistió un chaqué gris claro sobre camisa
azul claro con cuello blanco. Además, fue
el único que se movió como pez en el agua
bajo la lluvia: a la salida de la ceremonia
jarreaba (permítanme la expresión) y él,
ni corto ni perezoso, cogió un paraguas
(claro que lo tenía fácil: iba sin pareja)
y recorrió con soltura su camino de vuelta
a palacio.
De tocados y pamelas
Vi muchos tocados peligrosamente parecidos
al que lució Victoria Beckham cuando
hicieron a su marido caballero de la orden
de la Reina de Inglaterra, con muy
pocas variaciones: plumas al aire sobre
un montaje de alambres, eso sí, en otros
tonos que el de la ex spice girl,
que siempre ha habido clases. No gustó demasiado
el traje de chaqueta que lució Ana Botella,
pero sí el modelo tornasolado en tonos del
rosa al naranja que eligió la presidenta
de Madrid, Esperanza Aguirre. Mette
Marit de Noruega volvió a deleitarnos
con uno de sus inefables trajes de chaqueta,
y de Carlota Casiraghi no podemos
decir nada porque me quedé colgada de sus
ojazos y se me olvidó fijarme en el traje.
Sonsoles
Espinosa fue de las pocas que se saltó
el protocolo: eligió zapatos muy bajos,
quizá para no sobrepasar en estatura a su
marido, el presidente del Gobierno. Para
la próxima, Sonsoles, recuerda que el protocolo
dicta tacones de al menos 7 cm de altura.
Y que no se debe ir con los hombros al descubierto;
aunque tu vestido marrón fuera asimétrico
y tuviera una manga, eso no vale: han de
ser dos. Pero reconozco que ibas elegante.
Victoria de Suecia, perfecta en su
vestido color caldero, demostró que dejó
ya muy atrás sus problemas de anorexia.
La mujer de Carlos Herrera, Mariló,
llevó una de las pamelas más grandes de
la mañana, y eso que los encargados de organizar
los actos habían avisado que no se eligieran
modelos muy grandes, por problemas de espacio.
¿Qué pasará si Mariló, en la comida, se
vuelve para hacer un comentario a otro comensal
y le mete una pluma de su pamela en el ojo?
Aunque, en tamaño de pamelas, no se quedó
corta Alexia de Grecia; claro que ella tiene
enchufe con la familia real.
De
Ágatha Ruiz de la Prada, prefiero
no comentar nada: muy cardiaca ella. María
Oña, la periodista de Televisión Española
que ha estado al frente de los programas
especiales de la cadena en las vísperas
de la boda del siglo, y que presume de ser
amiga íntima de Letizia, llevaba un horroroso
traje de chaqueta morado sobre el que pasaré
de puntillas, para no envenenarme. Paloma
Cuevas sí despertó suspiros de admiración,
pero no sé decirles si también iba de Pertegaz,
como suele ser su costumbre. Con las más
guapas competía la madre de la novia, Paloma
Rocasolano, con un traje naranja subido,
casi rojo; lástima que las cámaras de televisión
no le hayan prestado la debida atención,
siendo la madre de la ya Princesa de Asturias.
La esposa de Reza Pahlevi, espectacular,
de gris y falda asimétrica. Creo que con
este modelo me quedo.
Especial
Boda Real
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