ASí VEN LA BODA (DIALÉCTICA HEGELIANA Y NUPCIAL VII)




  TITO B. DIAGONAL

Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, encargado de ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.

¡Viva la clase media!

Menos mal, amadísimos, globalizados y desnupcializados niños y niñas que me leéis, que se han acabado los fastos de la boda regia. Papá y tío Arturo, rejuvenecidos por la resaca hannoveriana, están todavía bajo la jurisdicción de nuestro equipo médico habitual. Mamá, como siempre fantástica, rememora con sus amigas los detalles más desconocidos del supermegaevento dinástico y yo, Tito B. Diagonal, me dedico a conjugar lo bello con lo útil, tras la jornada histórica que he vivido en la Villa y Corte, capital del Reino de las Españas.

Sé que el sábado, mis sobrinos Luis-Edua y Elisa de las Mercedes, a primera hora de la noche, estuvieron en el jolgorio doméstico de SS.AA.RR. los Príncipes de Asturias, que reunieron en su modesta residencia al elemento joven de los asistentes a su enlace matrimonial en un encuentro entrañable y sencillo, muy alejado de la despedida de solteros (¿os acordáis?) que protagonizaron Anita Aznar Botella y Alejandro Agag en la discoteca Gabana. La pareja real fue mucho más original. Nada de despedida de solteros, sino bienvenida de casados... Y esto marca distancias con el mundo plebeyo. Y, además, con tope de edad o corte generacional que diría un sociólogo. Al íntimo festejo sólo asistieron personas con edad inferior a los 39 años. Vamos, que la cosa parecía un kindergarten, una guardería infantil. ¡Menos mal que no ingirieron hamburguesas!. Y la cosa, para dejarlo en la definición de mi sobrina favorita -es la única que tengo-se quedó en lo de un botellón fashion.

Y, mientras tanto, el pueblo llano poco menos que alucinado por la sencillez y el buen estar de los príncipes. Que se fueron de viaje de novios a Cuenca. Detallazo -tengo que reconocer-que ni había pasado por el tamizo de mi mente privilegiada. Ni siquiera en los momentos más desfavorables de los casorios de las clases bajas (o sea, novias vestidas en Pronovias y banquete nupcial en uno de los tropocientos mil salones que tiene, regados a lo largo y a lo ancho de la geografía madrileña y zonas adyacentes, De Torres) a los recién casados se los ocurría irse de viaje de novios a Cuenca. O se iban, como sus padres en los años 60/70 a Palma de Mallorca -algunos a Benidorm-o a Santo Domingo o Acapulco. A Cuenca, jamás, y como segunda etapa a Zaragoza, no van ni los novios oscenses o turolenses, por más que Nuestra Señora del Pilar (la Pilarica en términos maños) no sólo es la patrona de Aragón, sino de España entera. ¿Servidumbres del altezado realengo? Pues igual sí.

Claro que el viaje nupcial de los protagonistas de la megaboda de las Españas, aún y así, pese a seguir derroteros escasamente convencionales, no deja de tener un tufillo a clase media que eleva severos fruncimientos de cejas en el club. S.M. el Rey, que Dios guarde, puesto a popularizar la Monarquía parlamentaria, quizá se haya excedido como tropocientos mil términos municipales, pedanías incluidas. Porque, dicho sea con todo respeto y subordinación, el viaje de novios de SS. AA. RR. los Príncipes de Asturias, don Felipe de Borbón y doña Letizia Ortiz, se parece muchísimo a un viaje del Inserso. Aunque cabe esperar que a ellos, al menos, no les habrán obligado a bailar "Los pajaritos" o la lambada. O sea, ¡viva la clase media!. Venida a más, por supuesto.

  PEPE CARBALLEIRA

Chapista de Vallecas, hijo de una lavandera del Foro y de un cabo furriel gallego que ya pasó a mejor vida. Es el sentir del pueblo llano sobre el acontecimiento fastuoso que se nos avecina.

Cuenca, mon amour

Pues nada, que aquí el Aurelio, el ex cura que es mi compañero de taller, se hace cruces -muy propio, en su caso-de lo que él llama la post-boda, que es algo sí, dicho en fino, lo que los de Vallecas llamamos la resaca o el "paren el mundo, que me bajo". Y es que España, la España plural de Zapatero, está tan enletiziada que veremos quién es el guapo que consigue desenletiziarla. Yo, al menos, no, mayormente por no tener un cirio con mi señora, que menuda es la Concha.

Mira tú que el sábado del casorio habíamos acabado en un empate técnico: o sea, que llovió -por lo visto el de arriba es republicano-y los chaparrones escachifollaron por igual (aquí, en esta cosa tan fina de Internet me han dicho que lo de utilizar el verbo "joder" queda como muy malamente) a los del bodorrio y a los de la cosa tricolor de la Plaza Dos de Mayo. Pues bueno, resulta que la Leti y su marido (Altezas Reales que les dicen) después de pasárselo de puta madre en su casa, con sus amiguetes y amiguetas pijos totales, así como el que cumple con un deber (para deberes, el madrugar cada día para ir al taller) se fueron a Cuenca.

Coño con Cuenca, tú. A mí, si me preguntan dónde está en el mapa, como no coja el de carreteras me cuesta media docena de huevos el localizarla. Dicen que es una ciudad de Castilla-La Mancha (es que yo, lo de las autonomías ya me lo he aprendido), que está situada entre Madrid y Valencia, tal como se va del Foro a mano izquierda. Pero bueno, Cuenca, como Soria o como Teruel también existe. Pues ya son ganas de liarla, en nombre de la Monarquía parlamentaria, joder...

Que si empezamos a hacernos los interesantes, la gente va a pasar cantimucho de los que, algún día, serán los sucesores de los Reyes que tenemos ahora. Que se rompe el equilibrio de poderes del Estado cosa mala. Por ejemplo, ¿el Zapatero, desde que le tocó la primitiva del 14M, ha estado en Cuenca? Seguro que no. A lo mejor, el presidente del Gobierno sabe por dónde cae Cuenca, pero estar, lo que se dice estar, mayormente no. En cambio ellos, los recién casados gratis total, ya se han paseado por la ciudad y, encima, con la ventaja de no tener que aguantar a José Bono, presidente, hasta hace cuatro días y seis telediarios, de Castilla-La Mancha, que se lo está haciendo de "A mí la Legión", el tío socialdemócrata a mano derecha. Que tanto la Leti como su príncipe y marido, llegaron, cenaron, se pasearon, se fueron al parador y si durmieron o no durmieron es algo que sólo le importa a los programas de las teles rosas que se traga mi Concha. Y casi todo esto delante de la gente. Para que todo el mundo pueda ver lo guapos, simpáticos y sencillos que son, que hasta el día después de las bendiciones, pues se ponen a cenar delante de todo el mundo. El Urdaci, con sus telediarios, no lo hubiese hecho mejor, el tío.

Dice mi Concha que no es normal que unos recién casados se anden por ahí, achuchándose lo justito, y presentando el lado bueno delante de las cámaras de video del personal. Ya sabemos todos que no se trata de "La casa de tu vida" -en todo caso sería el casoplón--, pero que la gente corriente se va de viaje de novios a Santo Domingo y no a Cuenca, mon amour (un detalle que me sopla el Aurelio, que para eso tiene carrera).