Una situación de la mujer no siempre bien tratada: la menopausia

Dr. Francisco ZARAGOZA (*)
20/01/2004

Una situación tan singular pero, a la vez, tan fisiológica, como es la menopausia, en muchas ocasiones no es considerada en su justa dimensión. Unas veces este tema es ocultado por un falso pudor, y otras, es ignorado por la falta de actualización de los conocimientos.

Hasta hace poco tiempo había que aceptar la situación, con sus síntomas, "con toda resignación"; no obstante, hoy sabemos que se puede (y, en la mayoría de los casos, se debe) modificar en beneficio de la paciente. Ciertos atavismos sobre los hechos naturales como la menopausia, han condicionado el comportamiento de muchas mujeres que han sufrido discretamente sus síntomas y, lo que es peor, las consecuencias a una edad temprana.

En efecto, las alteraciones que aparecen comúnmente durante este periodo, están ligadas al descenso de la producción de estrógenos que se da en tales circunstancias. Una vez que se determina este hecho, la consecuencia es clara: si faltan hormonas femeninas, cabe la posibilidad de administrarlas a modo de suplencia.

Sin embargo, la cosa no es tan sencilla y la experiencia demuestra que existe bastante refractariedad por parte de muchas mujeres. A ello contribuye el hecho tradicional de "no modificar el curso de la naturaleza", a lo que se añade la polémica surgida en los últimos años sobre el posible riesgo de cáncer que podría llevar aparejada la terapia hormonal. Y esto son palabras mayores.

Por otro lado, han irrumpido con fuerza los denominados fitoestrógenos, es decir, extractos de plantas con actividad estrogénica, que aún tienen mucho que decir.

Alteraciones más frecuentes

Con estas perspectivas veamos cuáles son las alteraciones más frecuentes y tratemos de analizar la situación.

1. A corto plazo.- Sofocos, sudoración, sensaciones extrañas, nerviosismo, irritabilidad, insomnio, pérdida de memoria, dolores articulares, cefaleas, mareos, taquicardias, etc.

2. A medio plazo.- Sequedad vaginal, incontinencia urinaria, infecciones urinarias, prurito genital, etc.

3. A largo plazo.- Problemas cardiovasculares y osteoporosis. Aún siendo los más importantes, se les presta inicialmente menos atención por manifestarse en silencio.

Todos estos síntomas componen situaciones cuando menos molestas, que pueden presentarse de modo totalmente inoportuno, agravando el cuadro.

El planteamiento terapéutico ha ido dirigido hasta hace poco tiempo a corregir los síntomas, pero con la introducción de la terapia hormonal sustitutiva (THS) han cambiado las cosas.

La THS consiste en administrar las hormonas ováricas cuya producción natural es deficitaria. Con ello se pretende reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y fracturas por fragilidad ósea. Además, evita los sofocos, la sudoración intermitente y la sequedad vaginal, mejorando otros aspectos menos concretos como la tersura cutánea. Las cuestiones básicas que se plantean a continuación son las siguientes: a) ¿Tipo de hormona a utilizar?; b) ¿Existen riesgos o situaciones especiales?; c) ¿Durante cuánto tiempo se ha de administrar?; d) Los fitoestrógenos, ¿proporcionan iguales resultados? ¿tienen riesgos?.

Pues bien, de entrada hay que aclarar que existe bastante controversia, sobre todo en lo referente a los posibles riesgos y será el ginecólogo o el endocrinólogo quien debía decidir la actitud a tomar en cada caso. No obstante, en términos generales podemos afirmar que no existe igualdad de criterios entre los especialistas europeos y los americanos debido a las diferencias de protocolización de los estudios realizados.

Las mujeres a las que se les ha extirpado el útero, lógicamente son las que menos problemas plantean, ya que se les pueden administrar estrógenos en sus diversas presentaciones, al menos durante cinco años tras el cese de la menstruación.

Pero en la mayoría de los casos, es decir, en mujeres que conservan su útero intacto, al administrar estrógenos con gestágenos (aunque sea a pequeñas dosis), posiblemente aparecerá menstruación, sin ovulación, pero lo que puede suponer un inconveniente. Si la mujer lo acepta, únicamente se debe guardar cautela en casos de mujeres con factores de riesgo previos, según la mayoría de los criterios europeos. No obstante, los norteamericanos prefieren no utilizar esta terapia al asociarla con una posible aparición de cáncer.

El tiempo de administración es cifrado por la mayor parte de los autores en 5 años, si bien últimamente se puede extender su uso hasta los 10 años.

Las mujeres japonesas

En relación con los fitoestrógenos hay que afirmar que su introducción en terapéutica partió de su uso en medicina popular de modo empírico. Mediante estudios epidemiológicos se ha comprobado que las mujeres japonesas apenas conocen los síntomas climatéricos, hecho que es atribuido a la ingestión de soja por su contenido en isoflavonas.

Ante la positividad de los resultados y la ausencia de efectos adversos, se han planteado la realización de estudios a largo plazo para poder valorar las posibilidades realas de los fitoestrógenos en el tratamiento de los síntomas de la menopausia.

Pero, independientemente de la THS existen otros fármacos que, racionalmente, se emplean para combatir los síntomas específicos de modo específico:

Osteoporosis.- Se utilizan para prevenirla, los moduladores selectivos de los receptores estrogénicos (SERM), como el raloxifeno. Se pueden utilizar, además, los bifosfonatos como el alendronato y también la calcitonina.

Sofocos.- Tal vez los fitoestrógenos sean la terapia más extendida, aunque también se utiliza la veraliprida, de modo más restringido.

Atrofia vaginal.- Se puede administrar crema con estrógenos directamente o simplemente cremas hidratantes que mejoren la situación.

Trastornos psicoafectivos.- El tratamiento de elección para corregir los estados de nerviosismo e irritabilidad, lo constituyen las benzodiazepinas de acción duradera como clorazepato dipotásico y el bromazepam.

Hiperlipemias.- Debido a la correlación entre hiperlipemia y enfermedad coronaria, conviene controlar las cifras de lípidos, teniendo en cuenta que las estatinas cumplen eficazmente su cometido.

(*) Profesor Francisco Zaragoza, Catedrático de Farmacología de la Universidad de Alcalá de Henares de Madrid.