¿Previenen las vitaminas el Alzheimer?

J.M. MARTÍNEZ LAGE
Profesor y Consultor de Neurología, Unidad de Trastornos de Memoria, Departamento de Neurología y Neurocirugía
Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra

09/02/2004

Hace unos años leí con mucha curiosidad un libro de divulgación titulado "El milagro antioxidante" (John Wiley, New York, 1996) publicado por Lester Packer y Carol Colman. Les Laster es un científico serio de la Universidad de California en Berkeley. En la tapa del libro se promovía su venta con eslóganes tan sorprendentes como "rejuvenezca su corazon, fortalezca su sistema inmune, potencie al máximo su capacidad cerebral, haga retroceder el proceso de envejecimiento". En definitiva, el libro defendía que una alimentación rica en sustancias antioxidantes y la toma de suplementos alimencios antioxidantes contrarresta el efecto de oxidación que el envejecer conlleva. Recomendaba el libro susodicho comer manzanas, fresas, zanahorias, naranjas, limones, broccoli, coliflor, berza, ajo, cebolla, verduras, uvas, tomates, calabazas, nueces, frutas secas, aceite de soja y daba el "Plan Lester" de suplementos a base de vitamina E, coenzima Q10, ácido lipoico, vitamina C, biotina, vitamina B6, ginkgo biloba y selenio. Los datos de laboratorio en animales apoyaban estas recomendaciones pero los estudios clínicos controlados en personas no han confirmado definitivamente los beneficios de estos regímenes alimenticio y nutrientes suplementarios.

¿Qué son las vitaminas?

Reciben este nombre los variados compuestos orgánicos que, en diminutas cantidades, son necesarios en la dieta de la mayoría de los animales para mantener las funciones metabólicas normales. En 1912 el químico Casimir Funk descubrió que la mayoría de estos compuestos tenían nitrógeno (lo que en química se llama una amina) por lo que poropuso que se les llamaran vitaminas (aminas vitales). Las vitaminas actúan especialmente como coenzimas y precursores de coenzimas que regulan los procesos metabólicos de las células. Las vitaminas, a diferencia de los macronutrientes (proteinas, hidratos de carbono y grasas) , no aportan energía al organismo ni participan directamente en la factoría celular. Sin embargo, la carencia o el exceso de vitaminas origina enfermedades de diverso tipo.

Las vitaminas , a pesar de sus diferencias en cuanto a estructura química, siguen denominándose popularmente por letras y números ( por ejemplo, no se habla de riboflavina sino de vitamina B2). En lo que concierne a su papel en la nutrición humana, las vitaminas se dividen en dos categorías: las que son soluble en agua (el grupo o complejo de la vitamina B junto con la vitamina C) y las que son solubles en grasas (vitaminas A, D, E y K). Las hidrosolubles se absorben en el intestino, pasan a la sangre y llegan a los distintos tejidos donde son necesarias. Las liposolubles ejercen funciones diferentes. La vitamina A se une a las proteinas y es protectora de la retina, la D es esencial para el crecimiento óseo, la E es necesaria para el desarrollo del organismo y la K es imprescindible para que se coagule la sangre extravasada.

Vitaminas y Alzheimer

La investigación sobre la enfermedad de Alzheimer tiene como objetivo fundamental lograr su prevención. De ahí la importancia creciente de ir eliminando, ya partir de los 50 años, los factores que aumentan el riesgo de padecerla y de ir promoviendo los factores que protegen contra la misma y retrasan su aparición. Las estrategias que pueden proteger el cerebro frente al Alzheimer son: evitar el estrés y el exceso de cortisol en la sangre, desarrollar actividad intelectual, ajustarse a una alimentación adecuada (pobre en grasas, baja en calorías, rica en frutas y vegetales, muy escasa en frituras), beber seis vasos diarios de agua, controlar decididamente la tensión arterial, glucemia y colesterol, realizar ejercicio físico aeróbico regular y abstenerse de fumar o de una ingesta excesiva de alcohol.

Con respecto al uso de vitaminas para prevenir esta enfermedad, hay que distinguir entre las vitaminas antioxidantes (A, C y E) y las del grupo B.

a) Vitaminas antioxidantes

El enjecimiento, el ir cumpliendo más de 65 años es el factor de riesgo máximo para padecer Alzheimer. No hay la más mínima duda de cada uno nace, vive, "se oxida" y muere. Es decir, la vejez hace fracasar las defensas antioxidantes que nuestra naturaleza tiene por lo que está muy extendida la idea de que hay que reforzar los mecanismos antioxidantes desde fuera y concretamente tomar con fecuencia vitaminas A (carotenos), C y E.

Se han realizado muy numerosos estudios poblacionales en los últimos diez años para estudiar si los suplementos de vitaminas antioxidantes disminuyen o no el riesgo de sufrir Alzheimer. Los resultados son discordantes. Unos indican que sí protegen y otros lo niegan. Los datos publicados en febrero de 2003 por investigadores de la Columbia University de Nueva York, sobre una población del norte de Manhattan constituida por 1422 indivíduos, afirman que ni la alimentación rica en carotenos y en vitaminas C y E ni la toma suplementaria de estas vitaminas reducen el riesgo de aparición de enfermedad de Alzheimer.

b) Vitaminas del grupo B

Es de sentido común que si aparece un déficit de cualquiera de las vitaminas B al realizar el oportuno análisis de laboratorio, hay que proceder a su normalización administrando siempre bajo prescripción facultativa la vitamina que falte. El defecto de vitamina B 12 , B6 o ácido fólico es malo para el cerebro tanto porque estas vitaminas son necesarias para las neuronas como porque ellas también reducen la cantidad de homocisteina de la sangre. Éste es un aminoácido que si está elevado aumenta el riesgo para padecer no solo infarto de miocardio o de cerebro sino enfermedad de Alzheimer. La cantidad de homocisteina en sangre ha de ser lo más normal posible como se hace con el colesterol de manera rutinaria. Por eso, ante toda persona que se queje de pérdida de memoria o que sea sospechosa de padecer Alzheimer hay que determinar en su sangre los valores de estas vitaminas, de ácido fólico y de homocisteina.

En suma, de cara a prevenir el Alzheimer, no hay argumentos suficientes todavía para recomendar tomar carotenos y vitaminas C y E como suplementos de la alimentación. En cambio, es necesario hacer un análisis de vitaminas del complejo B cada seis meses y corregir el déficit si se detecta.

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