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Principios
generales de prescripción en pacientes geriátricos
Alfonso MORENO
Catedrático de Farmacología de la Universidad
Complutense
El paciente anciano suele presentar
varias enfermedades para las cuales toma
distintos fármacos, de esta manera se incrementa
el potencial de tener una respuesta alterada
al medicamento. Por lo tanto antes de iniciar
cualquier nuevo tratamiento es importante
definir una serie de principios básicos
que siempre debemos considerar.
1) Lo primero es plantearse si el tratamiento
es realmente necesario. Muchos de los síntomas
que pueden presentar o no requieren tratamiento
o bien no existe un tratamiento efectivo.
Con frecuencia llama la atención como mejoran
algunos pacientes cuando se suspende algunas
de las medicaciones que están tomando. Esto
significa que un fármaco no debe ser usado
por más tiempo del necesario; así la necesidad
de revisar a intervalos periódicos la medicación
prescrita resulta esencial.
2) El margen entre efecto terapéutico y
tóxico es tan estrecho para algunos fármacos
que su indicación para una determinada enfermedad
puede ser correcta en un paciente joven
y estar contraindicado en el anciano. Por
ejemplo, la toxicidad relacionada con la
edad para las benzodiacepinas con semivida
larga, desaconseja su utilización en el
paciente anciano.
3) Cuanto más fármacos se tomen, mayor posibilidad
de experimentar un efecto adverso. A esto
se une un aumento de la probabilidad de
cometer errores cuando el paciente toma
la medicación, bien por omisión de la misma,
disminuyendo de esta manera su eficacia,
o por tomar varias dosis, incrementando
su toxicidad.
4) Elegir el tipo de presentación farmacéutica
más adecuada. Las presentaciones sólidas
para administración oral, como cápsulas,
comprimidos o tabletas, son mal tolerados
por los ancianos ya que resulta difícil
su deglución. El uso de presentaciones líquidas,
como jarabes, soluciones y comprimidos efervescentes,
constituyen una mejor alternativa. En ocasiones,
los supositorios también pueden ser útiles
en los ancianos, por ejemplo, la administración
de indometacina en esta forma de presentación
puede ser útil para el tratamiento de artritis
y artrosis. Sí es posible cuando se emplean
varios medicamentos, se debería considerar
la posibilidad de administrar presentaciones
con distintos colores y formas, con el fin
de evitar equívocos. Cuando se usen medicamentos
cuya forma de administración sea compleja
(aerosoles, inhalaciones, etc.), se debe
explicar claramente al paciente la forma
correcta de utilizarlo.
5) En general se acepta que la dosis en
los ancianos deben ser menores que en los
adultos. Sin embargo, este hecho sólo está
claramente contrastado para algunos medicamentos.
No obstante, el ajuste posológico debe ser
cuidadoso, comenzándose con dosis pequeñas
para posteriormente ir aumentándolas según
la respuesta observada. La determinación
de niveles séricos del fármaco es una técnica
de gran ayuda en estos pacientes, así como
la vigilancia de ciertos parámetros clínicos
que nos permiten cuantificar la eficacia
del tratamiento (tensión arterial en hipotensores,
frecuencia cardiaca en la digoxina, etc.)
6) Mientras sea posible, las pautas de días
alternos o de descanso en ciertos días de
la semana, no resultan recomendables ya
que empeoran el cumplimiento. Se pueden
producir intoxicaciones al no recordar el
paciente si ha tomado o no la medicación.
Suele ser de gran utilidad hacer coincidir
su administración con alguna actividad (comida,
acostarse, etc), que refuerce la memoria
del paciente. Al mismo tiempo es preferible
la administración de una única dosis al
día ya que la comodidad mejora el cumplimiento.
7) El anciano debe comprender que medicamento
va a tomar y la importancia que tiene su
correcta administración para su enfermedad.
Se debe tomar en la consulta todo el tiempo
que sea necesario para educar al paciente
en cuanto a su utilización, e incluso, si
es necesario, proporcionar instrucciones
escritas de ello o sugerir el uso de un
diario o un calendario para recordar los
días de administración del medicamento.
A veces puede ser necesario la colaboración
con un responsable, vecino o amigo que pueda
ayudarle. Si el paciente no tiene a nadie,
puede ser necesaria la ayuda de personal
sanitario o cualificado para su administración.
8) Ciertos fármacos se prescriben para procesos
puntuales y, una vez que se ha controlado,
su mantenimiento es innecesario, por lo
que deben ser suspendidos. Sin embargo,
con frecuencia el medicamento sobrante es
almacenado en botiquines caseros, pudiendo
ser utilizado en el futuro como automedicación.
Por ello, parece razonable fomentar que
el paciente lleve los envases a la consulta
para informarle sobre la necesidad de utilización,
eliminando aquellas medicaciones innecesarias
que con poca probabilidad vaya a necesitar
en un futuro cercano, o aquellas que puedan
haber sobrepasado su fecha de caducidad.
En general, ante un paciente geriátrico,
siempre hay que intentar que tome el menor
número de medicamentos, prescribir formas
farmacéuticas bien toleradas y con pautas
simples, ajustar la dosis y educar al paciente
o a los familiares sobre el uso correcto
y de la importancia de la no automedicación.
Puntos clave
- La respuesta de los ancianos frente a
los medicamentos es distinta de la que presentan
los enfermos de menor edad.
- El incumplimiento, la automedicación,
la polipatología, y la polifarmacia son
particularmente frecuentes en estas edades
y modifican el efecto esperado de los medicamentos.
- El envejecimiento en si mismo puede alterar
el comportamiento farmacocinético y farmacodinamico
de muchas sustancias, haciendo a los ancianos
más susceptibles a los efectos negativos
de los medicamentos.
- Esta mayor sensibilidad a los efectos
adversos debe hacernos particularmente cuidadosos
a la hora de seleccionar y ajustar un tratamiento,
pero no debe llevarnos a la infrautilización
de recursos farmacológicos de eficacia probada.
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