El farmacéutico comunitario y las actividades preventivas


Eugeni SEDANO i MONASTERIO
Doctor en Farmacia por la Universidad de Barcelona

Las prioridades sanitarias de la sociedad actual están orientándose hacia una estrategia de promoción de la salud y de prevención de la enfermedad, como parte del interés general para la mejora de la calidad de vida.

La promoción de la salud y la prevención de la enfermedad se han transformado en una demanda social creciente y por tanto en una de las misiones de los profesionales sanitarios. Esta situación comporta una nueva estrategia sanitaria dirigida tanto hacia el estímulo de promoción de la salud, prevención de la enfermedad y detección precoz, como también hacia la continuidad asistencial cuando la persona cae enferma.

Este nuevo concepto constituye el llamado tercer gran cambio en la política sanitaria: El primer gran cambio sanitario se consiguió a principios del siglo XX a través del incremento de la salubridad pública, con el resultado de una importante disminución de las tasas de enfermedades infecciosas y de mortalidad infantil. Fue seguido de un segundo cambio, durante los años 30 y 40, con la aparición de medicamentos seguros y eficaces para el tratamiento de las enfermedades y con el nuevo concepto positivo de salud dado por la Organización Mundial de la Salud, en el año 1946. Posteriormente, aparece el tercer gran cambio sanitario fundamentado en la priorización de la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, tanto en el ámbito individual como colectivo.

Calidad de vida y eficiencia

El hecho de planificar y ordenar las prioridades sanitarias en esta dirección sirve para dos importantes propósitos: En primer lugar, la prevención de la enfermedad es el mejor cambio en la consecución de más altos niveles de salud y calidad de vida y, en segundo lugar, una estrategia dirigida a evitar la enfermedad es la mas eficiente, tanto en términos financieros como de recursos humanos. Hay que resaltar que la misma Constitución del Estado español reconoce la educación sanitaria como uno de los derechos de los ciudadanos.

Educación sanitaria


La educación sanitaria debe ser considerada un proceso de aprendizaje que modifica los conocimientos sobre cómo conseguir y mantener una buena salud, con el fin de obtener un cambio positivo en las actitudes y en el comportamiento de los individuos, grupos y colectivos. En este sentido, el objetivo final de la educación sanitaria es la modificación de los comportamientos en el sentido favorable a la salud, de manera que los conocimientos y las actitudes son los vehículos para conseguir el cambio de comportamiento.

Es necesario educar al paciente como individuo y como miembro de su comunidad en el auto cuidado de su propia persona y en su corresponsabilidad sobre la asistencia a su propia enfermedad, en caso que caiga enfermo, de manera que llegue a ser la figura clave en la correcta utilización de los recursos sanitarios que tiene a su alcance. Es un hecho reconocido que la información y la educación sanitarias mejoran la calidad de vida, reducen los factores de riesgo, personal y comunitarios y reducen el coste global de la asistencia sanitaria. Por tanto, este concepto educacional es las principales responsabilidades de todos los profesionales de la salud: médicos, enfermeras, farmacéuticos, epidemiólogos, donde cada uno debe contribuir en su ámbito de competencia, para que la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad se implante en toda su capacidad.

Para que la implementación en nuestra sociedad de la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad tenga el éxito deseado, la acción educativa debe ser suficientemente amplia y extensa que abarque el máximo de población, lo cual requiere la participación de todos los profesionales de la salud, de manera que la cooperación y la aceptación de esta responsabilidad por parte de los farmacéuticos es esencial para la efectividad y la eficiencia de las actividades preventivas.

El farmacéutico comunitario está considerado como un agente de educación sanitaria, ya que como profesional de la salud, forma parte del colectivo social que dispone de una gran capacidad para ejercer una importante contribución positiva o negativa en los conocimientos, actitudes y conductas de salud de la población. Igual que el resto de profesionales, el farmacéutico tiene una doble función: como modelo o ejemplo (rol educativo pasivo) y como educador sanitario (rol educativo activo) y, por tanto, tiene una incidencia muy importante sobre el comportamiento de salud de la población.

Situación óptima del farmacéutico


Considerando su localización física, los farmacéuticos de oficina están en una situación óptima para realizar actividades de promoción de la salud y prevención de la enfermedad, ya que disponen de la posibilidad de una comunicación y acceso al público, que a veces es más difícil para los otros profesionales sanitarios. Además, la sociedad les reconoce prestigio y autoridad en el campo sanitario y una especial habilidad en la transmisión de información útil para el ciudadano.

Su formación les permite evaluar la gran cantidad de información existente relacionada con la salud y, por su contacto diario con el público, puede transmitirla con total comprensión por parte de la persona receptora. Por tanto, desde la oficina de farmacia se puede educar a los usuarios con el fin de disminuir los factores de riesgo y modificar sus comportamientos en sentido favorable a la salud, ya que los farmacéuticos de oficina son fácilmente accesibles, tienen experiencia en comunicación con el público y son respetados como profesionales sanitarios.

Diversos estudios sobre la colaboración de los farmacéuticos en la educación sanitaria del público, indican que los pacientes a los que se informa adecuadamente y que se incluyen en un proceso educacional dirigido a su propio auto cuidado de salud y auto responsabilidad en su asistencia y tratamiento, tienen menos readmisiones hospitalarias, son más adherentes a las dietas alimenticias, toman la medicación de acuerdo con las pautas prescritas y, en general, siguen las indicaciones sanitarias más cuidadosamente, mejorando la calidad de vida y disminuyendo los problemas relacionados con el medicamento.

Históricamente, el papel del farmacéutico de oficina de farmacia o comunitario se ha desarrollado fundamentalmente en las funciones asistenciales orientadas a la dispensación de medicamentos y distribución de material sanitario, pero hoy en día, con el fin de dar respuesta, por un lado, a la demanda de la sociedad de actividades preventivas y, por el otro, a la necesidad de optimizar la extensa red de centros sanitarios junto con sus profesionales, ha sido necesario desarrollar el papel del farmacéutico incluyendo en sus funciones tradicionales de dispensación aquellas orientadas al paciente y también de salud pública en la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y la educación sanitaria.

Así, en las distintas Leyes de Ordenación Farmacéutica de las Comunidades Autónomas, cuando definen las funciones de Atención Farmacéutica, establecen toda una serie de actividades profesionales que se pueden agrupar, en primer lugar en actividades asistenciales vinculadas al medicamento: conservación de medicamentos, elaboración de fórmulas magistrales, dispensación acompañada de la información complementaria a la del médico con el fin de garantizar la observancia del tratamiento, consejo para prevenir posibles problemas relacionados con el tratamiento y la detección de efectos adversos; y, en segundo lugar, en actividades preventivas.

Prevención

Desde el punto de vista preventivo, el farmacéutico comunitario puede actuar en los tres ámbitos de prevención: primaria, secundaria y terciaria. El nivel primario incluye el concepto del mantenimiento de la salud, en el que los farmacéuticos comunitarios pueden colaborar mediante actividades de educación sanitaria realizadas en la oficina de farmacia o en escuelas o centros cívicos, en temas como, por ejemplo, hábito tabáquico, consumo excesivo de alcohol, nutrición, drogadicción, enfermedades de transmisión sexual, vacunaciones, intoxicaciones, enfermedades buco dentales y ejercicio físico. En el nivel secundario de prevención se encuentra la detección precoz de problemas sanitarios a través de cribajes, donde el farmacéutico también puede estar involucrado, en aspectos como la detección de hipertensos y obesos, ya que en las farmacias es habitual la existencia de aparatos de medir la tensión arterial y balanzas, así como la detección de hipercolesterolémicos o diabéticos, por la facilidad en su análisis cualitativo con técnicas de "química seca" o tiras reactivas, útiles en técnicas de despistaje.

A nivel de prevención terciaria, el farmacéutico puede actuar en el seguimiento activo de los tratamientos farmacológicos de pacientes crónicos o de colectivos específicos, con el fin de evitar posibles errores de medicación e incrementar el cumplimiento del tratamiento por parte del paciente, que permitan un mayor control de la enfermedad con la consiguiente disminución de reagudizaciones y una mejora de la calidad de vida.

Es necesario resaltar que para que estas actividades de atención farmacéutica cumplan con el objetivo previsto de mejorar el estado de salud de la población, deben ser realizadas de una manera integral e integrada con el resto de profesionales de la salud.

En conclusión, desde el punto de vista de salud pública, se debe remarcar la importancia de la atención farmacéutica por la contribución de los farmacéuticos a la educación sanitaria de la población, por el hecho que la mayor parte de personas acuden periódicamente a una oficina de farmacia, ya sea para la adquisición de medicamentos o de productos sanitarios de venta en las farmacias, lo que da como resultado que los farmacéuticos comunitarios pueden estar en contacto con más ciudadanos que en cualquier otra profesión relacionada con la salud, teniendo de esta manera una oportunidad única de realizar actividades preventivas, ya que como se ha comentado son fácilmente accesibles, con experiencia en comunicación y transmisión de información sanitaria y respetados como profesionales de la salud. Por tanto, su doble función como modelo (rol pasivo) y como educador (rol activo) tiene una relevancia especial sobre el comportamiento del público, ser potenciado y reconocido convenientemente.

Volver