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Vamos
a dejar de fumar
Alejandro EGUILLEOR
Secretario de la Sociedad Española
de Farmacia Comunitaria
Hablar de tabaquismo hoy en día, supone
hablar de la mayor amenaza para la salud
pública en los países desarrollados, que
constituye la principal causa prevenible
de enfermedad y muerte en las sociedades
de dichos países.
El tabaco es el responsable del 30 % de
todas las muertes en la población de entre
30 y 69 años. Se estima que entre los jóvenes,
de cada 1000 fumadores de 20 años, 4 morirán
por agresión violenta, 12 por accidente
de tráfico y 500 a consecuencia del tabaco.
Se atribuyen al tabaco el 30% de todas las
muertes producidas por cáncer y el 20 %
de las muertes por problemas cardiovasculares.
Las mujeres que fuman de 1 a 4 cigarrillos
por día presentan un riesgo 2.5 veces mayor
de sufrir un episodio coronario. Si toman
anticonceptivos orales, su riesgo de padecer
un accidente cerebro vascular se multiplica
por 20.
Los no fumadores expuestos al humo del tabaco
también sufren sus graves consecuencias
y en ellos aumenta considerablemente la
posibilidad de padecer obstrucción bronquial
y cáncer de pulmón.
Los hijos de padres fumadores sufren con
más frecuencia asma bronquial, tos persistente,
otitis, ingresos hospitalarios y pérdidas
de días escolares que los hijos de no fumadores.
Tras esta breve descripción de las consecuencias
asociadas al tabaquismo, cabe preguntarse
qué lleva a una parte importante de la población
al consumo de esta droga a sabiendas de
sus efectos tan nocivos.
¿Por qué se consume?
Según la OMS, más del 60% de los jóvenes
ha probado el tabaco a la edad de 15 años
y casi un tercio de ellos son fumadores
activos antes de los 18 años. Dentro de
este contexto del inicio del consumo de
tabaco en jóvenes, podemos destacar lo que
según los expertos son dos de los factores
motivadores que conducen a una buena parte
de la juventud a probar esta droga:
- A esta edad, el consumo de tabaco se encuentra
dentro del terreno de lo prohibido y el
hecho de transgredir la barrera de lo permitido,
conlleva una sensación de aventura y de
desafío a la sociedad que tiene gran calado
entre los jóvenes.
- Comenzar a fumar facilita a muchos jóvenes
la pertenencia a un grupo social. El hecho
de rechazar un cigarrillo, podría suponer
ser mal visto por el grupo o, incluso, ser
excluido del mismo.
No todos los jóvenes que prueban el tabaco
van a ser necesariamente fumadores en la
edad adulta, pero la realidad es que la
mayor parte de ellos pasarán de la etapa
de la experimentación a la de habituación
y posteriormente a la de adicción.
Pero, ¿qué tiene el tabaco para llegar a
generar unos niveles tan altos de adicción
en la población?. Pues básicamente el tabaco
tiene nicotina, que es el principal componente
psicoactivo que buscan los consumidores
de tabaco. Si fuésemos capaces de eliminar
la nicotina del tabaco, prácticamente eliminaríamos
el problema del tabaquismo. Podemos afirmar
que los cigarrillos y demás derivados del
tabaco, no son mas que meros instrumentos
para la administración de nicotina.
Además de nicotina, en el tabaco encontramos
otras sustancias entre las que caben destacar
los carcinógenos, el monóxido de carbono
y los irritantes, responsables de buena
parte de los efectos perniciosos de esta
droga.
Dejar el tabaco
Dejar de fumar es, en general, un proceso
que transcurre en un periodo de tiempo prolongado
y, en realidad, sólo uno de cada tres fumadores
consigue dejar de fumar antes de los 60
años, tras un promedio de 3 o 4 intentos
previos.
Se ha definido un modelo de clasificación
de las diferentes fases que atraviesa el
fumador a lo largo del proceso de abandono
del tabaco:
- Fase de precontemplación. El paciente
se ve a sí mismo como fumador, pero no hace
nada para evitarlo.
- Fase de contemplación. El fumador se plantea
que debería de hacer algo, pero no llega
a intentarlo.
- Fase de acción. El fumador intenta dejar
el tabaco. Pueden producirse varios intentos
y es importante tener en cuenta que las
recaídas son normales y no deben de ser
consideradas un fracaso en el proceso de
dejar de fumar.
- Fase de mantenimiento. Uno de los intentos
consigue el éxito y el fumador pasa a ser
exfumador. Llegará el momento en el que
se considerará a sí mismo como no fumador.
Papel del farmacéutico
¿Qué puede ofrecer el farmacéutico a la
sociedad para ayudar a los pacientes que
lo deseen a dejar de fumar?
En primer lugar el farmacéutico, como el
resto de los sanitarios, tiene una función
educadora y debe de explicar a los pacientes
fumadores el riesgo para la salud que implica
el fumar, resaltando los beneficios del
abandono del tabaco.
En segundo lugar tiene una función ejemplar.
El comportamiento de los sanitarios incide
directamente en la conducta de la población.
Difícilmente va a convencer un farmacéutico
a un paciente si no es capaz de convencerse
a sí mismo. De ahí la importancia de este
papel modélico o ejemplar de los farmacéuticos
como promotores de hábitos saludables al
comportarse ellos mismos como no fumadores.
Finalmente, el farmacéutico juega un papel
en la terapéutica del tabaquismo.
En este sentido, debe de averiguar en qué
circunstancias se encuentra el paciente
al que va a tratar de ayudar a abandonar
el tabaco. Primeramente deberá investigar
en qué fase de abandono del tabaco se encuentra
el paciente. En el caso de las fases de
precontemplación y contemplación, deberá
tratar de convencer al fumador de que avance
hasta la siguiente. Cuando el fumador se
encuentra en la fase de acción es cuando
se le puede plantear un intento de abandono,
tratando de hacerle progresar hacia la fase
de mantenimiento. Una vez determinada la
fase de abandono hay que evaluar el grado
de dependencia a la nicotina. Para ello
se utiliza un sencillo test de 6 preguntas
denominado Test de Fagerström, de gran utilidad
a la hora de plantear la terapia sustitutiva
con nicotina.
Como dice el Dr. Jiménez Ruiz,
responsable de la Unidad de Tabaquismo del
Hospital de la Princesa de Madrid, desde
el punto de vista científico, el único tratamiento
que se ha mostrado eficaz en la terapia
del fumador es la combinación entre el apoyo
psicológico al paciente unido a la terapia
sustitutiva con nicotina como forma de combatir
la dependencia física que el fumador desarrolla
por esta droga. Entre las diferentes formas
de terapia sustitutiva con nicotina nos
encontramos con el chicle de nicotina, el
parche, el spray nasal y el inhalador bucal.
Más recientemente se está utilizando un
fármaco denominado bupropión, desarrollado
inicialmente como antidepresivo y que se
está mostrando como interesante en el tratamiento
de la deshabituación tabáquica.
El farmacéutico puede ayudar al abandono
del tabaco a través del seguimiento de los
pacientes que deciden dejar de fumar, bien
ofreciendo apoyo psicológico al fumador
que decide abandonar el tabaco sin apoyo
farmacológico, como al que decide hacerlo
utilizando la terapia sustitutiva con nicotina.
De esta forma, y de acuerdo con el médico,
se plantea el seguimiento del paciente utilizando
un sistema de citas concertadas con el objetivo
de ir analizando la evolución del proceso,
de tratar de reforzar su motivación, de
enseñarle como afrontar los malos momentos
o incluso las recaídas y, en definitiva,
de ayudarle como sanitario al servicio de
la sociedad a lograr el tan ansiado abandono
definitivo del tabaco.
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