Señalización celular y nuevas dianas farmacológicas


Federico MAYOR MENÉNDEZ
Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular
Universidad Autónoma de Madrid

El estudio de los denominados sistemas de señalización celular ha experimentado un extraordinario desarrollo en los últimos años, y constituye en la actualidad una de las fronteras más apasionantes de la investigación biomédica, tanto en el sector académico como en el de las empresas farmacéuticas. En efecto, comprender cómo las células reciben y coordinan señales del entorno y de otras células del mismo organismo es esencial para entender procesos biológicos básicos como la proliferación, diferenciación y muerte celular, la organización en tejidos, el metabolismo, la migración de las células o la propia percepción sensorial. A su vez, estos conocimientos están permitiendo avanzar en el diseño de nuevas estrategias diagnósticas y terapéuticas en muy diversas patologías.

Importancia fisiológica y farmacológica de la señalización celular

El espectro de procesos fisiológicos en los que participan los sistemas de señalización celular es amplísimo. La visión, la detección de aromas, el dolor, la contracción cardiaca, el ciclo menstrual, la migración de leucocitos... Todos ellos están controlados por sistemas de transferencia de información biológica. En general, estos sistemas se basan en la existencia de unas moléculas, denominadas mensajeros, que se liberan al medio extracelular, y llevan "órdenes" a aquellas células que poseen receptores específicos para ese mensajero. Estos mensajeros, según su origen celular, forma de liberación, y función se pueden llamar también hormonas, neurotransmisores, factores de crecimiento o mediadores químicos locales.

Los receptores, que muy frecuentemente son proteínas situadas en la membrana o superficie externa de las células, actúan como detectores y "decodificadores" de la señal que porta el mensajero, transformándola en una señal intracelular, denominada también segundo mensajero. Los segundos mensajeros, ya desde dentro de la célula, modifican la actividad, localización o interacciones entre proteínas celulares y también regulan la expresión génica (es decir, ordenan que se expresen o que se dejen de expresar determinados genes), promoviendo una respuesta celular específica e integrada. Así, por ejemplo, el mensajero noradrenalina actúa sobre receptores beta1-adrenérgicos en cardiomiocitos, lo que da lugar a la producción de AMP cíclico en estas células. Este segundo mensajero activa a una proteína quinasa llamada PKA) que fosforila y modifica la actividad de diversas proteínas de las células cardiacas, lo que a su vez conduce a cambios en su capacidad de contracción, modulándose de esta forma la fuerza y el ritmo del latido cardiaco.

Estos sistemas "en cascada" (con etapas secuenciales de detección, transformación, amplificación y diseminación de la señal) son, por tanto, un poderoso instrumento para el control de las principales funciones celulares. Es importante recordar también que, para cumplir sus objetivos, la activación de estos sistemas debe ser transitoria, de forma que sólo persista la señal intracelular mientras lo haga el mensajero. Es por ello que existen múltiples y complejos mecanismos que aseguran la terminación adecuada del proceso de señalización.

Muchas situaciones patológicas se derivan de un funcionamiento alterado (excesivo o disminuido) de estos sistemas de comunicación celular, y múltiples fármacos actúan modulando las cascadas de señalización a diferentes niveles. El cáncer, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, los procesos neurodegenerativos o inflamatorios cursan con alteraciones en sistemas de señalización celular, ya sea por cambios en los niveles de mensajeros, en el número o la funcionalidad de los receptores o de los distintos componentes de las cascadas de transducción, o en una mezcla de estos motivos.

La diabetes, por ejemplo, es resultado de los reducidos niveles de insulina, mensajero clave en el control de la glucosa plasmática (diabetes tipo I) o de una reducida eficacia de la cascada de señalización de la insulina (diabetes tipo II). En la enfermedad de Parkinson, la degeneración de las neuronas de determinada zona del cerebro disminuye los niveles del neurotransmisor dopamina.

En patologías cardiovasculares, existen aumentos en los niveles de mensajeros como catecolaminas, angiotensina o endotelina, que alteran a su vez el normal funcionamiento y crecimiento de tipos celulares cardiovasculares, y pueden conducir a situaciones de hipertrofia y fallo cardiaco. En el cáncer, se producen mutaciones en distintos genes implicados en la señalización de mensajeros claves en el control de la proliferación y diferenciación celular (los denominados factores de crecimiento), lo que los convierte muchas veces a las proteínas transductoras que codifican en constitutivamente activas, por lo que dan órdenes continuas a las células sin posibilidad de control externo.

El mejor conocimiento de los procesos de señalización implicados y alterados en los distintos procesos fisiológicos y patológicos permite también utilizarlos como dianas de fármacos. La idea básica es aprovechar la gran capacidad de control de las funciones celulares de estos sistemas para modificarlas de la forma más eficaz y específica posible.

En algunos casos, la estrategia consiste en modular exógenamente los niveles de mensajero, bien para evitar su carencia, como sería el caso de la administración de insulina, o para evitar que se produzca en exceso, como la aspirina y los inhibidores de ciclooxigenasas de nueva generación, que evitan la excesiva síntesis de los mensajeros denominados prostaglandinas y de otros derivados del ácido araquidónico, controlando así procesos inflamatorios.

En otros casos, se administran compuestos químicos capaces de unirse con gran afinidad a los mismos receptores que los mensajeros endógenos, consiguiendo así mimetizar (agonistas) o impedir (antagonistas) su acción. Por ejemplo, agonistas de receptores beta2-adrenérgicos son eficaces broncodilatadores; antagonistas beta1-adrenérgicos se utilizan para el tratamiento de la hipertensión; antagonistas del receptor H2 de la histamina inhiben la excesiva secreción gástrica; agonistas de receptores de opiáceos, como la morfina, se utilizan como analgésicos, etc.

Todos estos últimos son ejemplos de fármacos moduladores de distintos miembros de una gran superfamilia de receptores de membrana, denominados receptores acoplados a proteínas G, de los que se estima que existen del orden de 1500 en los genomas de vertebrados, aunque hasta ahora en humanos sólo se conocen los mensajeros endógenos y la función fisiológica esencial de unos 160. Más del 50 por ciento de los fármacos actualmente en el mercado tienen como diana miembros de esta familia de receptores, lo que da idea de su importancia actual y futura. La identificación de los procesos biológicos en los que participan los receptores aún "huérfanos" (es decir, de los que se tiene el gen, pero de los que se desconoce la función que controlan y el mensajero endógeno) y de posibles ligandos moduladores es un reto muy atractivo en el inmediato futuro.

La modulación farmacológica de los sistemas de señalización celular puede, además, realizarse a otros niveles distintos de la interacción receptor-mensajero. Se trata en este caso de interferir específicamente en las actividades de componentes clave de la cascada de señalización intracelular. Un acampo de enorme interés es el de las enzimas que fosforilan (quinasas) o desfosforilan (fosfatasas) a otras proteínas, que es, como se ha mencionado, una estrategia ampliamente utilizada en biología para modificar temporalmente su actividad, localización o estabilidad. Fármacos inmunosupresores empleados para evitar el rechazo a órganos transplantados, como la ciclosporina, son inhibidores de una proteína fosfatasa modulada por calcio, denominada calcineurina.

La inhibición de esta fosfatasa impide que se active en respuesta a mensajeros extracelulares un factor de transcripción llamado NFAT, lo que a su vez impide la producción de citoquinas como Interleuquina-2 y la proliferación de células T. En el cado de las quinasas, un área experimental muy activa (con varios ensayos en fases I a III) es la búsqueda de inhibidores de tirosina quinasas asociadas a receptores de factores de crecimiento relacionados con el cáncer. Muy recientemente, el mejor conocimiento del papel celular y de la estructura de una tirosina quinasa denominada Abl ha conducido al descubrimiento de un nuevo fármaco, denominado Glivec, que ya ha demostrado ser de gran eficacia en el tratamiento de cierto tipo de leucemia y de cáncer.

La señalización celular en la era post-genoma

A pesar de los extraordinarios avances de las últimas décadas, también hemos aprendido que hemos de saber aún más sobre las vías de señalización celular, que emerge como uno de los grandes retos tras la secuenciación del genoma humano y de otros organismos modelo. El disponer de la secuencia del genoma es sólo el principio de una nueva era de la investigación biológica ,en la que vamos a disponer de unas extraordinarias herramientas experimentales, pero en la que también vamos a tener que abordar cuestiones mucho más complejas.

Un aspecto esencial de la denominada genómica funcional es el estudio del "transcriptoma" y el "proteoma", el conjunto de mRNAs y de proteínas, respectivamente, que se expresan en una célula determinada. A diferencia del genoma, que es independiente de contexto (todas las células de un individuo tienen el mismo DNA), la expresión del transcriptoma y el proteoma (las proteínas son los responsables directos de las funciones celulares) es dependiente de contexto, variando con el tipo celular y las circunstancias fisiológicas o patológicas concretas, y todo ello está controlado por los sistemas de señalización celular. Es decir, el conjunto o combinación de proteínas (proteoma)que expresa un hepatocito es distinto del de un cardiomiocito, y por eso son dos tipos de células distintos. Más aún , el proteoma de un cardiomiocito no es el mismo en circunstancias normales que en patológicas, o tras tratamiento con un determinado fármaco.

El complejo reto futuro es abordar, con la ayuda de las nuevas metodologías genómicas, la descripción sistemática de estos programas de expresión en los diversos tipos celulares y cómo varían en diversas circunstancias fisiopatológicas. Se trata de saber dónde, cuándo, cuánto, y en respuesta a qué señales se expresa cada gen y cada proteína. Para ello va a ser fundamental conocer los mecanismos de señalización celular y de control de la expresión génica, que son los que gobiernan esos programas, y en cuya disfunción tienen su raíz una gran parte de las enfermedades.

En definitiva, los estudios de las cada vez más complejas redes de señalización celular, en lo que se ha denominado "interactoma" o "celómica", y de cómo se alteran en procesos patológicos fundamentales, serán esenciales para detectar nuevas dianas terapeúticas y para el desarrollo de futuros fármacos. Esperemos que los investigadores de nuestro país puedan participar de forma significativa en la vanguardia de esta apasionante tarea, en un escenario estable de apoyo a la investigación básica en este campo, así como que propicie las interfases entre la investigación básica, la clínica y las empresas farmacéuticas.

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