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Cáncer
en el anciano
Manuel GONZÁLEZ BARÓN
Jefe del Servicio de Oncología Médica
y Coordinación Oncológica del Hospital Universitario
La Paz y Profesor Titular de Oncología de
la Universidad Autónoma de Madrid.
Introducción
Actualmente, las neoplasias malignas constituyen
un grupo de enfermedades de gran importancia
en la población anciana. Con la edad aumenta
la incidencia de la mayoría de tumores.
En España, el 65% de las personas que fallecen
por cáncer que se realizan afectan a pacientes
de más de 70 años. En estas edades ha aumentado
la incidencia en un 17%, mientras que en
pacientes menores de 65 años ha disminuido
en un 23%. En 1986 se estimó que en nuestro
país la población de más de 75 años aumentaría
en un 80% en 20 años. Estas cifras pueden
darnos una idea de la magnitud del problema,
que continúa incrementándose en las próximas
décadas a medida que aumente el envejecimiento
de la población.
Puede decirse que en el mundo de la oncología
existe un rechazo, un miedo, acaso, una
inseguridad hacia los pacientes de edad
avanzada con cáncer. Quizá por ellos no
se ha afrontado el problema de acuerdo de
su verdadera importancia, y son escasos
los trabajos de investigación, básica y
clínica, que se realizan para estudiar el
cáncer en la vejez.
Factores implicados en el desarrollo
del cáncer en el anciano
La edad es un claro factor de riesgo para
padecer cáncer, como lo confirman los estudios
epidemiológicos. Se ha postulado que la
edad podría modificar el comportamiento
biológico del cáncer, basándose en experiencias
in vitro. Esto no se ha constatado en la
práctica clínica, y no está demostrado que
las neoplasias que se desarrollan en el
anciano sean menos agresivas que las que
ocurren en pacientes jóvenes. A continuación
se describen algunos de los factores que
favorecen el desarrollo de tumores en la
vejez.
- Carcinogénesis:
A lo largo de la vida estamos en contacto
permanentemente con carcinógenes endógenos
y exógenos. Es posible que estos agentes
se vayan acumulando con los años hasta alcanzar
una tasa suficiente como para inducir el
desarrollo de un cáncer. La incidencia de
muchas neoplasias cono el cáncer de mama,
el cáncer de próstata o el cáncer de piel
no melanoma, se incrementan de manera exponencial
con la edad. Se ha observado que los cambio
moleculares en el ADN que se producen en
las etapas tempranas de la carcinogénesis
con los mismos cambios moleculares que se
han visto asociados al envejecimiento, por
lo que los tejidos "envejecidos" serían
más susceptibles a los efectos de las últimas
etapas de la carcinogénesis y por tanto
al desarrollo del tumor.
- Metabolismo:
En la vejez se producen cambio fisiológicos
como una disminución de la función renal
y, en menor grado, hepática, que implica
una menor metabolización y excreción de
los productos carcinógenos. La atrofia de
las mucosas digestivas, la pérdida de secreciones
gástricas y la tendencia al hipoperistaltismo
las hacen más vulnerables a ciertso agentes
carcinógenos presentes en la alimentación.
Existen muchas veces carencias dietéticas
o de absorción de cinc y selenio, que pueden
favorecer la aparición de neoplasias.
- Sistema inmunitario:
La función del sistema inmunitario disminuye
con la edad. A mayor edad, menor es el número
de3 linfocitos T, y, además, mayor es la
susceptibilidad a las infecciones. Estas
modificaciones se han relacionado con el
desarrollo del cáncer.
- Radicales libres:
El envejecimiento se debe principalmente
a la lesión de las células producida de
forma continua por los radicales libres
procedentes de diferentes reacciones en
las que el oxígeno es la fuente principal.
Estas lesiones pueden provocar roturas cromosómicas
y mutaciones que faciliten el desarrollo
del cáncer.
El anciano frágil
Un concepto fisiopatológico básico que caracteriza
al envejecimiento es la fragilidad. La capacidad
fisiológica de reserva y de adaptación va
disminuyendo de manera progresiva a lo largo
de la vida, encontrándose mermada en el
paciente anciano. Está determinada pro diversos
factores: envejecimiento biológico, factores
genéticos, hábitos tóxicos, enfermedades
crónicas y factores psicosociales y ambientales.
A partir de un determinado momento, diferente
en cada persona, este proceso alcanza un
umbral, denominado "umbral de fragilidad
fisiológica", a partir del cual existe una
mayor vulnerabilidad del organismo a situaciones
de estrés, se manifiesta un deterioro de
múltiples sistemas y se compromete su capacidad
de respuesta compensadora. La fragilidad
predispone al deterioro de la función en
el anciano ante mínimas agresiones externas.
Desde un punto de vista clínico la fragilidad
se ha definido como la existencia de procesos
clínicos con el alto poder incapacitante
y/o problemas geriátricos muy prevalentes.
Desde un punto de vista funcional se ha
considerado cuando existe necesidad de ayuda
para la realización de las actividades de
la vida diaria.
El concepto de fragilidad es fundamental
a la hora de realizar una valoración del
anciano con cáncer, para la toma de decisiones
en cuanto a pruebas diagnósticas y tratamiento.
Dificultades en el diagnóstico del anciano
con cáncer
A menudo existen problemas cuando se plantea
un diagnóstico histológico y de extensión
en un paciente anciano con cáncer. Por desgracia,
no solo la población anciana, sino también
gran parte de los familiares e incluso del
personal sanitario que les atiende tienen
una escasa formación oncológica y conservan
la visión del cáncer como una enfermedad
intratable e irremediablemente fatal. Esto
hace que el anciano o sus familiares planteen
rechazo a la realización de biopsias diagnósticas
y a sus exploraciones encaminadas a la estadificación
de la enfermedad.
Sería deseable conseguir una educación sanitaria
y una mentalización de la sociedad acerca
de la importancia de las pruebas para el
diagnóstico precoz y para el correcto diagnóstico
histológico y de extensión en los enfermos
ancianos con cáncer.
Dificultades en el tratamiento del anciano
con cáncer
La actitud terapeútica frente a un anciano
con cáncer variará en función del tipo de
neoplasia, como es evidente, y en función
del estado funcional y de la comorbilidad.
La existencia de fragilidad contraindica
la realización de tratamientos activos en
la mayoría de los casos, y en estas situaciones
se debería primar el tratamiento paliativo.
La edad por sí misma no debería de ser una
contraindicación a la hora de proponer cualquier
tratamiento oncológico.
Comentaremos las distintas modalidades de
tratamiento que se pueden aplicar en oncología
y las implicaciones que tienen en los enfermos
ancianos.
- Cirugía:
Es el tratamiento más resolutivo y menos
tóxico para el paciente de edad avanzado
con cáncer. Aunque a medida que aumenta
la edad del enfermo se incrementan los riesgos
de la cirugía, si la cirugía es el tratamiento
indicado, la edad por sí sola no debe de
ser un criterio de inoperabilidad.
- Radioterapia:
La tolerancia de los tejidos normales a
la radiación es de un 10 a un 15% peor en
los ancianos que en los jóvenes. La irradiación
en el anciano además produce una mayor mielosupresión
y aumenta la mucositis y la anorexia. Además
hay que sumar el problema social que se
supone el desplazamiento diario al hospital
para la administración de radioterapia que
muchos ancianos no pueden realizar por sus
propios medios.
Debido a que en muchas ocasiones la administración
de radioterapia en los ancianos tiene una
finalidad paliativa, es importante aplicar
las mayores precauciones para evitar los
efectos tóxicos.
- Quimioterapia:
Hasta hace poco tiempo los pacientes mayores
de 65 años eran excluidos de los protocolos
de quimioterapia, por razones difícilmente
explicables. Como se ha reseñado previamente,
en enfermos de edad avanzada existe un deterioro
progresivo de la función hepática y renal,
que puede contribuir a un aumento de la
toxicidad de la quimioterapia en los ancianos.
Al igual que ocurre con la radioterapia,
la tolerancia de ciertos tejidos se encuentra
disminuida, sobre todo la médula ósea y
las mucosas. A todos los efectos propios
del envejecimiento hay que añadir otros
como la polimedicación debida a la comorbilidad,
que puede ocasionar interacciones farmacológicas.
Por todo ello, muchas veces se prefiere
el uso de la monoquimioterapia, en lugar
de esquemas de poliquimioterapia, para evitar
en lo posible la suma de toxicidades y/o
interacciones medicamentosas. Este hecho,
no está siempre justificado, sobre todo
si se restan posibilidades reales de prolongación
de supervivencia, de mejora de la calidad
de vida, o incluso, de curación.
En los últimos años se está desarrollando
la administración oral de quimioterápicos
para distintos tipos de neoplasias, que
suele tener un mejor perfil de toxicidad,
y generalmente es preferida por los enfermos,
y más aún por los ancianos.
- Tratamiento paliativo:
En cualquier enfermo con cáncer el tratamiento
paliativo se debe iniciar desde el diagnóstico,
y pasará a un primer plano cuando exista
una progresión de la enfermedad que ocasione
al paciente un sufrimiento tanto físico
como psicológico. En el anciano frágil el
tratamiento paliativo será la alternativa
terapéutica elegida en la mayoría de los
casos, y en el resto de pacientes ancianos,
debido a la frecuente comorbilidad, el control
sintomático será primordial y deberá acompañar
siempre a cualquier otro tratamiento específico
realizado.
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