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Enfermedad
de Alzheimer: las verdaderas expectativas
ante los medicamentos anticolinesterásicos
Dr. José Manuel
MARTÍNEZ LAGE
Profesor y Consultor de Neurología, Unidad
de Trastornos de Memoria, Departamento de
Neurología, Clínica Universitaria de la
Universidad de Navarra, Pamplona.
Crear falsas expectativas terapéuticas ante
una determinada enfermedad no solo es un
fraude moral sino que, en el caso de la
enfermedad de Alzheimer, proceso muy crónico,
maligno y demenciante por excelencia, es
una canallada para los familiares del enfermo.
Con la aprobación en 1993 del primer fármaco
(tacrina) para tratar el Alzheimer y sobre
todo con la subsiguiente llegada de otros
tres nuevos medicamentos para tratar este
proceso (donepezilo en 1996, que se vende
en las farmacias con el nombre de Aricept;
rivastigmina en 2000, Exelon, Prometax en
las farmacias; y galantamina en 2001, a
la venta con el nombre de Reminyl), la opinión
pública, sobre todo en los EE. UU. donde
esta enfermedad es un auténtico mito, concibió
expectativas de que estos agentes podían
detener la evolución de la enfermedad o
al menos retrasarla de manera importante.
Falso. Estos medicamentos ni curan ni detienen
definitivamente la progresión de la enfermedad.
Las vanas esperanzas fueron fomentadas por
todos los agentes involucrados en este gran
tema: los medios de comunicación pública
y médica, algunas compañías farmacéuticas
interesadas e incluso algunas asociaciones
de familiares de enfermos de Alzheimer.
Reacción previsible
La reacción que está ocurriendo ahora era
previsible. Cunde una decepción notable,
impregnada de frustración médico-familiar,
frente a tales medicamentos a los cuales
solo se les quiere atribuir un valor terapéutico
nominal o simbólico lo que conduce a una
posición de nihilismo terapéutico, lógica
antes de descubrirse estos fármacos, injustificable
al día de hoy. Estos medicamentos proporcionan
unos beneficios terapéuticos moderados pero
incuestionables en al menos un 50-65% de
enfermos y en las tres esferas en que se
manifiesta la enfermedad (intelectual, conductual
y de dependencia de un cuidador). Esta triple
acción es importante tenerla en cuenta.
No solo se puede lograr una mejor cognición
sino que también es posible que mejore la
apatía, la ansiedad, la depresión, la desinhibición,
la agitación y las ideas delirantes. Esto
conlleva mejor calidad de vida del enfermo
y del cuidador. Y la reducción del distrés
del cuidador, bien puesta de manifiesto
recientemente con galantamina (J Cummings
y col. Am J Psychiatry 2004;161:532-538),
previene que éste también enferme.
Lo que cabe esperar sobre todo de los medicamentos
anticolinesterásicos es un efecto de no
empeoramiento al ritmo natural de la enfermedad.
Los anticolinesterásicos "paran" durante
al menos 12-24 meses el deterioro progresivo
que el enfermo va teniendo, mantienen los
síntomas estabilizados. En el caso de la
galantamina,por ejemplo, este efecto estabilizador
de los síntomas se mantiene durante 36 meses
(MA Raskind y col. Arch Neurol 2004;61:252-256).
La verdadera expectativa con estos fármacos
es ésta. Más que producir una mejoría de
los síntomas, constatable por las familias,
que sí puede comprobarse de manera neta
en bastantes casos, el efecto bien demostrado
es que tales síntomas no van a ir a más
durante el tiempo mencionado, a diferencia
de lo que ocurre en los enfermos que no
reciben esta medicación. Cuando, por hache
o por be, se retira el medicamento, la experiencia
general es que muchos enfermos caen en picado,
empeoran llamativamente.
En la enfermedad de Alzheimer, desde su
inicio y a lo largo de la misma, falta en
el cerebro una sustancia llamada acetilcolina,
imprescindible para que el sistema de neuronas
que la utiliza funcione normalmente trasmitiendo,
a través de las sinapsis, los impulsos nerviosos
por todo el circuito. Sin acetilcolina cerebral
no hay memoria ni razonamiento. Por tanto,
los enfermos van a mejorar si reciben agentes
que les proporcionan esta sustancia. El
donepezilo, la rivastigmina y la galantamina
actúan en el cerebro mejorando la función
de la acetilcolina. Todas las sustancias
neurotrasmisoras que hay y se necesitan
en el cerebro para un normal funcionamiento
(como la dopamina, noradrenalina, serotonina,
la susodicha acetilcolina, etc.) se han
de sintetizar momento a momento, consumirse
al realizar su misión de trasmitir impulsos
acoplándose a las moléculas receptoras o
receptores y, naturalmente, degradarse.
Este un ciclo permanente y repetido diariamente.
Esta degradación o metabolismo en el caso
concreto de la acetilcolina la realiza una
proteína o enzima llamada acetilcolinesterasa.
La única manera que los científicos descubrieron
hasta ahora de aumentar la acetilcolina
en el cerebro de los enfermos con Alzheimer
fue anular o inihibir la acción de este
enzima. Por eso, los medicamentos que logran
tal efecto se llaman anticolinesterásicos.
Entre los tres medicamentos anticolinesterásicos
disponibles hay diferencias en cuanto a
su composición química, potencia, selectividad
y modo de inhibir la acetilcolinesterasa,
dosis, tiempo que permanecen en la sangre
una vez absorbidos en el tubo digestivo,
manera de viajar en la sangre para llegar
al cerebro y mecanismo de eliminación del
organismo. La rivastigmina tiene la peculiaridad
de inhibir también otro enzima, llamado
burtirilcolinesterasa, lo que puede conferirle
un singular efecto clínico. Y la galantamina,
además de inhibir, aunque sea débilmente
la acetilcolinesterasa, destaca porque potencia
la acción de los receptores neuronales a
los que se acopla la acetilcolina, propiedad
que la dota de un papel de protección neuronal.
Sin respuesta definitiva
Si hay estas diferencias entre estos tres
medicamentos, ¿cabe esperar que uno de ellos
sea mejor que los otros dos? La respuesta
más honesta en mi opinión es que todavía
no hay una respuesta definitiva a este interrogante.
Se han hecho estudios comparativos entre
donepezilo y galantamina en cuanto a eficacia,
tolerancia y grado de aceptación por parte
de médicos y cuidadores lo mismo que entre
rivastigmina y donepezilo. Pero el diseño
de tales estudios deja mucho que desear
Probablemente, dentro de poco tiempo sabremos
si hay superioridad terapéutica de uno de
ellos sobre los otros dos, si uno de ellos
es mejor tolerado y más seguro que los otros
y si influye o no el número de tomas que
hay que hacer con cada uno de ellos. El
coste del tratamiento es parecido entre
los tres (en torno a los 145 €/m). También
habrá que estudiar si la relación coste/efectividad
es la misma o distinta entre ellos (B Winblad.
Neurobilogy of Aging 2004;25S1:S28).
Los medicamentos anticolinesterásicos se
toleran bien en general especialmente si
se comienza con dosis bajas y se va aumentado
poco a poco. Es muy importante llegar a
la dosis correcta de cada fármaco porque
el beneficio es tanto mayor cuanto más adecuada
sea la dosis que se emplee. La campaña médica
contra el Alzheimer se centra actualmente
en lograr el diagnóstico lo antes posible,
cuando los síntomas todavía no son importantes,
para instaurar el tratamiento anticolinesterásico
inmediatamente. Es entonces cuando se consigue
el mayor beneficio posible. Los anticolinesterásicos,
de momento, tienen la indicación para las
fases ligeras y moderadas de la enfermedad
pero se extiende cada vez más la percepción
de que mantienen su eficacia en las fases
moderadamente graves. A Burns y Col lo acaban
de publicar con el uso de rivastigmina (Int
J Geriatr Psychiatry 2004;19:243-249). Como
quiera que desde hace más de un año se dispone
de un nuevo medicamento, la memantina (Axura,
Ebixa en las farmacias) que es un agente
antiglutamatérgico, no un anticolinesterásico,
para tratar la fase moderada y moderadamente
grave de la enfermedad de Alzheimer, se
están usando ya los anticolinesterásicos
asociados a memantina. El donepezilo combinado
con memantina, en esas fases evolutivas
de la enfermedad, muestra mejores efectos
(PN Tariot y col. JAMA 2004;291:317-324).
Por último, los anticolinesterásicos consiguen
retrasar el triste momento en que el enfermo,
ya completamente demente y totalmente dependiente,
puede obligar a la familia a ingresarlo
en una residencia. Este retraso es de dos
años usando donepezilo (DS Geldmacher. J
Am Geriatrics Soc 2003;51:937-942). No se
sabe aún cuándo se conquistará la enfermedad
de Alzheimer con tratamientos curativos
pero todos los científicos están de acuerdo
en que este objetivo es alcanzable. Pero,
incluso entonces, podría ser necesario recurrir
a los medicamentos anticolinesterásico porque
sería necesario reparar la carencia de acetilcolina
(E Giacobini. Neurobiology of Aging 2004;25S:
S12). En todo caso, no hay que olvidar que
la mejor manera de tratar farmacológicamente
a un paciente con Alzheimer es la que aconseje
un médico con ciencia, conciencia, experiencia
y paciencia.
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