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¿Qué
puede ofrecer la Oficina de Farmacia a la
sociedad española?
Por Miguel Ángel GASTELURRUTIA
(Presidente de la Sociedad Española de Farmacia
Comunitaria)
La historia de la farmacia se pierde en
la historia de los tiempos. Siempre ha sido
necesaria la existencia de un profesional
que se ocupe de los medicamentos. Lógicamente
la farmacia ha ido evolucionando a medida
que el medicamento lo hacía. Así, antes
de la revolución industrial, el farmacéutico
era el preparador de los medicamentos; los
elaboraba magistralmente "según arte"
para cada paciente.
Con la aparición y posterior desarrollo
de las especialidades farmacéuticas, envases
preparados a nivel industrial con el medicamento
y su consiguiente información, el papel
del farmacéutico se fue orientando más hacia
labores de distribución e información sobre
los medicamentos. La Administración Sanitaria
estableció un sistema de ordenación y planificación
de farmacias que, junto a un sistema de
guardias bien estructurado, ha permitido
que los españoles tengamos una farmacia
cerca de nuestro hogar, con un horario amplio,
cubriendo las 24 horas durante los 365 días
del año y con un profesional muy accesible
en el que, en general, el ciudadano tiene
depositada una gran confianza.
De esta manera queda garantizado el acceso
al medicamento de la población española,
una de las funciones más importantes, si
no la más, de la oficina de farmacia. Así,
las oficinas de farmacia o farmacias comunitarias
como nos gusta llamarlas actualmente por
su vocación de atender a la comunidad en
la que se encuentran ubicadas, atienden
diariamente a todos aquellos usuarios del
sistema nacional de la salud, ya sean pacientes
privados como pacientes provenientes de
otros seguros como MUFACE, ISFAS, MUGEJU,
etc...
Proceso de cambio
Sin embargo el papel del farmacéutico comunitario,
aquel que ejerce su profesión en la oficina
de farmacia, está en pleno proceso de cambio.
Es cierto, como se apuntaba antes, que el
papel fundamental de la oficina de farmacia
hoy día sigue siendo garantizar el acceso
de los medicamentos a la población. Pero
esto no es suficiente. Los medicamentos
una vez dispensados por el farmacéutico,
o lo que es lo mismo, una vez adquiridos
por el paciente, deben ser consumidos correctamente
y su efectividad y posibles problemas de
seguridad deben ser controlados por alguien.
En efecto, hoy desde que el usuario acude
a una farmacia y recibe el medicamento,
hasta que él se encuentra mejor, o llega
la fecha de la revisión propuesta por el
médico prescriptor, normalmente nadie se
ocupa ni del paciente ni de su medicación.
Este hueco es uno de los que, como veremos
enseguida, puede ser cubierto por el farmacéutico
comunitario por su posición de profesional
sanitario, experto en medicamentos y probablemente
el más accesible de todos ellos. Esta actividad
a la que se ha venido en denominar seguimiento
farmacoterapéutico o seguimiento de los
tratamientos farmacológicos, es quizás la
más novedosa y el más difícil de implantar
de entre todos los servicios que la farmacia
está desarrollando en la actualidad.
Sin embargo es quizás el servicio que más
puede aportar, a medio plazo, en cuanto
a resolución de problemas sanitarios relacionados
con los medicamentos.
Futuro asistencial de la farmacia
Por centrar el tema que nos ocupa sobre
qué servicios puede ofrecer la oficina de
farmacia a la sociedad española del siglo
XXI, y recurriendo a un documento publicado
por el mismo Ministerio de Sanidad, el documento
de Consenso sobre Atención Farmacéutica
(2001), podría decir, de una manera resumida,
que el futuro asistencial de la farmacia
comunitaria pasa por realizar actividades
de atención farmacéutica.
Estas, de acuerdo con el mismo documento,
son todas aquellas actividades, que se realizan
en la farmacia, orientadas al paciente,
diferenciándose de la propias relacionadas
con la simple "distribución de productos"
del tipo de la gestión, adquisición y custodia
de los medicamentos. Estas actividades,
siendo importantes para garantizar la oferta
de un servicio de calidad, pasan hoy a un
segundo plano, en contraposición con todo
aquello que asegura que el paciente adquiere
en la farmacia el medicamento que necesita,
con la información suficiente y que su utilización
va a ser la correcta tanto en lo que hace
referencia al tiempo de utilización como
a la forma de tomar o utilizar el medicamento.
En este sentido el documento de consenso
define tres servicios que la oficina de
farmacia puede prestar hoy día, que sin
ser los únicos, sí es cierto que son de
gran importancia: la dispensación, la consulta
de indicación farmacéutica y el seguimiento
farmacoterapéutico personalizado.
Analicemos brevemente los tres para luego
comentar otros servicios que también se
vienen prestando ya o cuyo desarrollo está
comenzando en estos momentos.
La dispensación la podemos definir como
la actuación profesional de un farmacéutico
por la cual éste proporciona, a un paciente
o a sus cuidadores, además del medicamento
y/o producto sanitario, los servicios clínicos
que acompañan a la entrega del mismo. En
la dispensación el objetivo es, además de
entregar el medicamento correcto, ofrecer
información sobre su uso y asegurarnos de
que el usuario va a utilizar correctamente
el medicamento. La dispensación es la actividad
más tradicional de las que se realizan en
la oficina de farmacia debiendo ser preservada
para seguir garantizando el acceso al medicamento
a la vez que su uso racional.
Existe un segundo servicio que, por habitual,
en muchas ocasiones no es reconocido como
tal; se trata de lo que denominamos consulta
de indicación farmacéutica. Es muy frecuente
que una persona acuda a su farmacéutico
y le exponga unos síntomas referidos a alguna
patología leve. El farmacéutico debe de
hacer una evaluación de los signos y síntomas
del paciente y decidir si le remite al médico
o si le "indica" algún medicamento
que no requiera prescripción para paliarlos.
Digo "indica" porque los farmacéuticos
no prescribimos, siendo muy respetuosos
con el profesional médico que hoy es el
encargado de realizar el diagnóstico y la
prescripción de los medicamentos. Los farmacéuticos
"indicamos" medicamentos que no sean
de prescripción, fácilmente identificables
porque llevan unas siglas, EFP, en el cartonaje.
Junto a estos dos servicios ya tradicionales,
y consecuencia de la evolución de la farmacia
que ha hecho que en los últimos años surja
un movimiento que tiende a orientar la actividad
del farmacéutico, todavía más, hacia el
paciente, en lugar de centrarnos en el producto,
es decir, en el medicamento, se está introduciendo
la práctica del seguimiento farmacoterapéutico.
Esta actividad supone un cambio total en
la forma de trabajar del farmacéutico. Debe
establecerse una relación íntima con el
paciente, casi un contrato, siendo además
precisa, en muchos casos, la colaboración
de los demás agentes de salud, fundamentalmente
del médico. En la prestación de este servicio,
el farmacéutico junto al paciente, analiza
los medicamentos que toma el mismo y sus
problemas de salud, evaluando si la farmacoterapia
es necesaria o no y si está siendo efectiva
y segura. Esto, que es un proceso continuado,
sistematizado y documentado, supone la búsqueda,
identificación y resolución de problemas
relacionados con los medicamentos (PRM).
No debemos olvidar que la farmacoterapia,
incluso cuando todo el proceso de diagnóstico,
prescripción y uso del medicamento por parte
del paciente es correcto, puede fallar.
Y de hecho falla, bien porque no es efectiva
(no mejora el problema de salud para el
que se toma el medicamento) bien porque
surgen problemas de seguridad (efectos adversos,
efectos secundarios, etc...).
Seguimiento farmacoterapéutico
La realización del seguimiento farmacoterapéutico,
como decía antes, está revolucionando el
mundo de la farmacia ya que supone un cambio
en la práctica habitual. Es necesaria una
zona semiprivada donde el paciente pueda
hablar con el farmacéutico, ambos sentados,
sobre sus preocupaciones respecto a su medicación.
En este servicio, el farmacéutico no trata
de suplantar a ningún otro profesional de
la salud sino que lo que intenta es tratar
de conseguir que la medicación prescrita
por el médico sea efectiva y segura.
Todo ello supone una mejor formación del
paciente en cuanto a su medicación, y ¿por
qué no?, también en cuanto a sus problemas
de salud. De hecho son muchos los estudios
que demuestran que el paciente en seguimiento,
aparte de conseguir una mejora en la efectividad
de sus tratamientos, los conoce mucho mejor
que el resto de usuarios de la farmacia.
Probablemente el futuro de la farmacia asistencial
vaya en el sentido de potenciar al máximo
las posibilidades que ofrece el seguimiento,
aunque al día de hoy esta afirmación esté
todavía por demostrar.
Los tres servicios descritos coexisten con
otros que tradicionalmente se han realizado
en muchas farmacias españolas. Me estoy
refiriendo a los análisis clínicos, la óptica
y la ortopedia.
En efecto, en nuestras farmacias podemos
encontrar secciones de análisis clínicos
en las que el farmacéutico es un especialista
en esta disciplina, especialidad que hoy
se consigue mediante una formación hospitalaria
de 3 años de duración. También hay farmacias
que tienen una sección de óptica para lo
que, otra vez, es preciso que el farmacéutico
haya cursado los estudios de óptica, y por
fin, y aunque en todas las farmacias se
venden productos de ortopedia menor, hay
farmacias con secciones de ortopedia en
las que se elaboran plantillas personalizadas
y todo tipo de prótesis y ortesis.
Junto a estas especialidades concretas,
y junto a la dispensación de medicamentos
y productos sanitarios en general, en la
oficina de farmacia ha jugado tradicionalmente
un papel importante la dermofarmacia, la
nutrición y la parafarmacia en general.
El farmacéutico comunitario es un buen asesor
en estas áreas, siendo muy importantes,
por ejemplo, las campañas realizadas para
prevenir quemaduras solares o el papel del
farmacéutico como asesor nutricional.
No debemos olvidar tampoco la importancia
más cualitativa que cuantitativa que tiene
la formulación magistral. En efecto, cuando
un médico no encuentra en el mercado el
medicamento que necesita, a la dosis o en
la forma farmacéutica que requiere, puede
solicitarla bajo la forma de fórmula magistral
a la farmacia, donde ésta se elabora con
todas las garantías de calidad necesarias
y de una manera totalmente individualizada,
para cada paciente.
Por otra parte, hoy se ha convertido ya
en algo habitual el acudir a la farmacia
comunitaria a que nos midan la glucosa,
el colesterol o alguna otra prueba analítica
sencilla, mediante técnicas de química seca,
que puede permitirnos saber si la medicación
que tomamos está siendo efectiva y, por
tanto, el problema de salud que nos preocupa
está siendo controlado o no. También son
útiles para detectar lo que denominamos
"pacientes ocultos", personas que
tienen una enfermedad que no ha sido diagnosticada,
ya que no presenta ningún síntoma y por
tanto el paciente no es consciente de su
existencia.
Las medida del peso y de la talla son dos
actividades que también son tradicionales
en nuestros establecimientos y que hoy ayudan
a calcular el índice de masa corporal, parámetro
que nos da una idea sobre nuestro grado
de sobrepeso, en su caso.
Otra medida frecuente es la de la presión
arterial con los mismos objetivos que los
indicadores bioquímicos antes citados: detectar
"hipertensos ocultos", pacientes
con presión elevada cuya existencia es desconocida,
o valorar la presión arterial en pacientes
diagnosticados con tratamiento antihipertensivo
para conocer si éste está siendo efectivo
o no.
Junto a estas actividades, sencillas pero
de gran utilidad, por la comodidad y accesibilidad
que ofrece la farmacia, podríamos citar
todo un conjunto de actividades relacionadas
con el mundo de la drogodependencia. Están
alcanzando una gran importancia, con la
consiguiente repercusión social, los programas
de mantenimiento con Metadona orientados
a aquellos usuarios de drogas inyectadas
que tratan de integrarse en su entorno sociolaboral.
El que un paciente de estos, en lugar de
tener que desplazarse a su centro sanitario,
sea hospital u otro tipo de centro, pueda
optar por acudir a la farmacia de su barrio
para obtener la Metadona es algo que mejora
mucho su calidad de vida. En efecto, su
farmacia es cercana y se puede acercar a
ella en cualquier momento, sin alterar su
ritmo de vida, mientras que ir a un centro
sanitario puede hacerle perder toda una
mañana o una tarde.
Existen otros programas orientados al mismo
colectivo. Podemos citar los Programas de
Intercambio de Jeringuillas (PIJ) en los
que los usuarios de jeringuillas introducen
las usadas en unos recipientes, especialmente
diseñados para que se puedan introducir
jeringas pero no sacarlas. En estos programas
cuando un usuario introduce una jeringa
usada, el farmacéutico le entrega otra gratuitamente
con lo que se trata de evitar la utilización
de jeringas por más de una persona y los
contagios subsiguientes.
Otra actividad que puede estar orientada
a pacientes heroinómanos o a población general,
son los tratamientos directamente observados
(TOD) en los que los farmacéuticos garantizan,
mediante su presencia en el momento de la
toma de la medicación, que el paciente toma
todos sus medicamentos antituberculosos.
Esto es especialmente importante en esta
patología porque no se debe de olvidar que
el tratamiento de la tuberculosis es largo
y el número de pastillas muy numeroso. Esto
hace que sea frecuente que el paciente deje
de tomarlas con la subsiguiente aparición
de resistencias y fallo del tratamiento
antibiótico.
En el mundo desarrollado actual cada día
se tiene mayor conciencia de la importancia
y, sobre todo, de los peligros que el tabaco
tiene. Los diferentes agentes de salud van
concienciándose gradualmente de la gravedad
de este problema de manera que cada estamento
profesional lo aborda en función de su rol
sanitario. No es ajeno a esto el farmacéutico
comunitario que tiene también un papel importante
que jugar en el control y gestión de los
tratamientos sustitutitos con nicotina (TSN).
Se trata de aconsejar al paciente fumador
en la elección, si se considera necesario,
de la utilización de chicles y/o parches
con nicotina y en la realización del seguimiento
de estos pacientes para evaluar el éxito
o fracaso de esta terapia.
El tabaquismo es una de las áreas en que
la educación sanitaria tiene una gran importancia.
Es bien conocido el papel que los farmacéuticos
han desarrollado tradicionalmente en este
campo de la promoción de la salud y la prevención
de la enfermedad, tanto a nivel poblacional
como a nivel individual.
Es evidente que la educación sanitaria en
el seguimiento está muy dirigida a cada
paciente en concreto, mientras que las farmacias
en general participan en amplias campañas
de educación sanitaria, tanto a nivel provincial
como autonómico e incluso estatal.
Antes de terminar este repaso a la gran
cantidad de servicios que una farmacia puede
ofrecer, y de hecho ya está ofreciendo a
la sociedad, quisiera siquiera citar áreas
como la homeopatía, en continua expansión,
la creciente utilización de sistemas individualizados
de dispensación (dispositivos de ayuda al
cumplimiento) en los que el farmacéutico
prepara la medicación de un paciente concreto
en "unidosis", o la mayor participación
de los farmacéuticos en la gestión de la
medicación en centros sociosanitarios.
Espero que estas líneas haya sido capaces
de mostrar y analizar, sucintamente, las
cada vez más numerosas actividades que se
desarrollan en la farmacia comunitaria.
Junto a la tradicional actividad de adquisición
custodia y dispensación de los medicamentos,
queda claro que cada día son más numerosas
las actividades asistenciales que, dentro
de las oficinas de farmacia, se ofrecen
a los usuarios de loas mismas para tratar
de colaborar en la mejora de la salud pública
de nuestro país.
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