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Algunas
curiosidades en torno al medicamento
Prof. Dr. Francisco
ZARAGOZA, catedrático de farmacología
Cuando a través de los medios de comunicación
nos llega la noticia de la obtención de
un nuevo medicamento, lo solemos recibir
con indiferencia si no nos afecta ó, en
el mejor de los casos, nos congratularemos
con el descubrimiento. Pero, pocas veces
intentaremos reflexionar acerca de las dificultades,
problemas ó motivaciones que guiaron al
investigador hacia la molécula que habría
de constituir el medicamento. Y la verdad
es que, si así lo hiciéramos, entraríamos
en un complejísimo mundo con un intenso
atractivo que nos puede deparar alguna sorpresa.
A los profesores de Farmacología ó de otras
materias vinculadas al medicamento, nos
gustaría poder decir que son los investigadores
de los departamentos universitarios quienes
mayoritariamente introducen los fármacos
en la terapéutica, pero, la realidad demuestra
que no es así. Entonces, ¿quién introduce
los medicamentos en el arsenal terapéutico?
La respuesta es bien clara: la industria
farmacéutica mediante sus departamentos
de investigación y desarrollo (I+D), tal
vez basada en alguna idea ó apoyada en alguna
técnica de investigadores de la Universidad
ó de un organismo público de investigación.
Actualmente se estima que el coste medio
de la puesta en el mercado de un medicamento
innovador viene a suponer más de 400 millones
de euros, lo que da idea de la inversión
que hay que realizar. Los estudios básicos,
preclínicos y clínicos suponer un coste
muy elevado y, si a ello añadimos el riesgo
de la retirada de un producto por algún
problema inesperado, comprenderemos que
la I+D de los nuevos medicamentos está al
alcance de muy pocos.
Sin embargo, las grandes compañías siguen
aportando innovaciones al arsenal terapéutico
cuya obtención, en un principio, han de
custodiar hasta que puedan quedar protegidas
por la correspondiente patente.
Por este motivo, no siempre se divulga la
forma como se obtuvo el fármaco ó la idea
que guió al investigador para introducirlo
en terapéutica, siendo de un gran interés
este tema para todo investigador.
La pregunta que con más inmediatez se formularía
un profano en la materia sería: ¿de qué
materia prima y de qué idea parten los investigadores
para conseguir un fármaco?
A este respecto cabe señalar que son diversas
las fuentes y los modos de obtención: a)
la Naturaleza; b) la síntesis y semisíntesis
química; c) la aplicación racional de los
conocimientos fisiopatológicos, etc. En
este último punto inciden claramente las
novedades aportadas por la Biotecnología
y las que se obtendrán próximamente derivadas
de los estudios del genoma. Pero a estos
puntos hay que añadir otro muy importante,
bastante difícil de definir, que habitualmente
forma parte de lo que conocemos como casualidades,
aciertos, errores y, en definitiva, suerte.
Simplemente suerte
A este asunto voy a referirme por ser, tal
vez, el menos divulgado. El método científico
no siempre es suficiente para que el investigador
culmine con éxito su obra. La observación,
la experimentación y la integración de todo
ello, no suele bastar para obtener el punto
deseado; hace falta algo más: habilidad,
perspicacia ó, simplemente, suerte.
Precisamente, gracias al azar, se han obtenido
algunos de los medicamentos más importantes.
En unas ocasiones, se ha partido de la observación
de efectos tóxicos que, para un individuo
sano pueden ser perturbadores pero, si tenemos
en cuenta que el medicamento ha de ir encaminado
a corregir funciones que están alteradas,
es posible obtener en algunos casos consecuencias
positivas si normalizan dicha función. Citemos
a este respecto algunos ejemplos curiosos
de obtención de fármacos.
Primeros ansiolíticos.- La era de los tranquilizantes,
como así se les llamaba, comenzó con la
observación de que la ansiedad disminuía
apreciablemente al administrar meprobamato,
fármaco utilizado en un principio, como
relajante muscular.
Los trabajos destinados a buscar este tipo
de fármacos partieron de la observación
por Berger de casos de intoxicación con
ginebra elaborada con una variedad de jengibre,
los cuales presentaban parálisis muscular
de origen central, habiéndose comprobado
que la sustancia que causaba este efecto
era el tritolilfosfato. En la búsqueda de
preparados de acción análoga pero de efecto
menos intenso, se encontró una sustancia,
la mefenesina que tiene en su molécula un
grupo tolilo. Los estudios de Berger tuvieron
por finalidad buscar nuevos medicamentos
dotados de esta actividad, cuyo efecto fuera
reversible y de mayor duración que la mefenesina,
uno de los cuales fue el meprobamato.
De estos hechos, que ocurrieron a finales
de los cincuenta en Francia, cabe deducir
que se culpó al jengibre de algo injusto,
ya que éste no puede generar un compuesto
organofosforado como el tritolilfosfato.
¿No sería más lógico pensar que este producto
provendría de una fumigación clandestina?
¿No se estaría en ese momento ante un "síndrome
tóxico"?
Paracetamol.- El origen de este fármaco
tan utilizado en la actualidad, se debió
a un hecho rocambolesco propiciado por un
error de administración. A un enfermo febril
al que se le había prescrito un vermífugo,
se le cambió por equivocación este producto
por acetanilida que el farmacéutico tenía
en su mesa como base de un tinte, y se observó
un notable descenso de la temperatura. Posteriormente
se reconoció su acción analgésica. Desde
un principio, se constató la aparición de
cianosis por metahemoglobinemia, por lo
que más adelante se sintetizó el p-etoxiderivado
de la acetanilida que se llamó fenacetina.
Este producto constituyó con la aspirina,
el Piramidón y la cafeína, el tratamiento
más popular durante la mitad del siglo XX
para combatir los síntomas de la gripe y
de los catarros nasales.
Como quiera que algo más tarde se comprobó
el importante efecto nefrotóxico que producía
la asociación de aspirina y fenacetina,
ésta fue sustituida por su metabolito activo
que no ejercía tal interacción. Dicho metabolito
es el paracetamol.
Las modasa influyen también en los
fármacos
Cuando de las plantas medicinales se fueron
extrayendo los principios activos responsables
de sus efectos, se trató de imitarlos mediante
la síntesis química. Pero los investigadores
fueron más allá y trataron de introducir
perfeccionamientos en las moléculas con
el fin de mejorar su comportamiento. Así
ocurrió con las observaciones empíricas
del efecto antitérmico y analgésico de los
extractos de dos plantas: Spiraea ulmaria
y Salís alba que condujeron al aislamiento
del ácido salicílico como responsable de
dicha actividad. Posteriormente, en un intento
de combinar moléculas con grupos conocidos,
se puso en marcha una línea de acetilación
de compuestos que condujo a la síntesis
de la aspirina, aunque también de la heroína.
Esta última procedía de la acetilación de
la morfina y, lógicamente, su obtención
fue mucho menos celebrada que la de la aspirina.
La cuestión es que, al igual que se acetilan
compuestos, se trata de dimerizar (o duplicar)
otros, comprobando qué ocurre desde el punto
de vista de los efectos terapéuticos; del
mismo modo, si con la incorporación de un
halógeno se incrementa una actividad, se
obtendrán otros fármacos halogenados.
En este contexto, la obtención de dos productos,
triflusal y fosfosal, constituyó un ejemplo
ingenioso de optimización del comportamiento
de la aspirina. No hace mucho tiempo, un
laboratorio español potenció sus efectos
antiagregantes con la introducción de un
grupo trifluorometilo en la molécula, obteniendo
así el triflusal. Además, ante la observación
de que el radical acetilo era el principal
responsable del efecto inhibidor de la agregación,
se esterificó la molécula con ácido fosfórico
en vez de hacerlo con acético; de este modo
se obtuvo el fosfosal, producto con actividad
analgésica pero sin efectos antiagregantes.
La dipirona magnésica ó metamizol (registrado
como Nolotil), no es más que el fruto de
las tendencias de obtención de dímeros (duplicados)
que imperaban en su época, a partir de la
dipirona sódica.
La indometacina fue obtenida a raíz de la
observación de que en la artritis reumatoide
se da una perturbación del metabolismo del
triptófano. Por ello, en plan sistemático,
partiendo de la síntesis de miles de compuestos,
se estudiaron cerca de 300 candidatos con
grandes dosis de paciencia. El trabajo fue
encargado, tal vez por esa razón, a un investigador
chino, Chen, que culminó con éxito su labor.
Pues bien, estos casos que parecen perderse
en el tiempo, se siguen dando en el momento
presente con las moléculas actuales. Gracias
a la biotecnología se pueden obtener por
ejemplo péptidos similares a los contenidos
en determinados venenos de serpiente, con
los que comparten sus propiedades con la
ventaja de que, al poder manipular la molécula,
seleccionamos los beneficios pero no los
inconvenientes.
En fin, el inagotable mundo del medicamento
presenta un atractivo inigualable cuando
se conocen sus orígenes y las condiciones
que han motivado su obtención.
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