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La
apuesta por la investigación biomédica
Federico Mayor Menéndez
(Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular
Universidad Autónoma de Madrid)
La investigación biomédica es un instrumento
fundamental para mejorar nuestra calidad
y expectativa de vida. En sus muy diversas
facetas y niveles, la investigación biomédica
persigue un mejor conocimiento de los mecanismos
moleculares y celulares de funcionamiento
del ser humano y de sus alteraciones en
circunstancias patológicas (investigación
básica), el estudio de las manifestaciones,
diagnóstico y tratamiento de las enfermedades
(investigación clínica), sus factores de
riesgo e impacto en la salud pública (epidemiología),
así como el desarrollo de tecnologías orientadas
al mejor diagnóstico y tratamiento de los
pacientes. La aplicación de los resultados
y los conocimientos derivados de la investigación
biomédica requiere la participación de las
empresas farmacéuticas y de biotecnología,
que contribuyen de forma notable a impulsar
la economía de los países más avanzados.
En definitiva, tanto por su papel esencial
para mejorar la atención sanitaria, que
constituye una demanda social prioritaria,
como por su impacto en la denominada
"economía basada en el conocimiento"
que se avecina, la investigación biomédica
se perfila como una de las actividades más
decisivas en el siglo XXI.
¿Preparados para el reto?
¿Están Europa y España preparadas para ese
reto? A nivel europeo, el objetivo manifestado
en las cumbres de Lisboa en el año 2000
y de Barcelona en el año 2002 de impulsar
la inversión en I+D para alcanzar el 3%
del PIB en el año 2010, con el fin de poder
competir con Estados Unidos y Japón, ha
dado lugar a la discusión de diversas propuestas,
pero todavía no se ha materializado en decisiones
políticas y presupuestarias. "La investigación
es una inversión, no un gasto", ha afirmado
repetidamente el Comisario Busquin en su
esfuerzo de hacer realidad este mayor apoyo
a la Ciencia. Es importante recordar que,
además de los incentivos para incrementar
la I+D en el sector privado, el apoyo a
la investigación biomédica básica (financiada
fundamentalmente por el sector público)
es esencial para garantizar el progreso
científico a largo plazo, para poder incorporar
el conocimiento generado por otros, para
formar y atraer personal altamente cualificado
en las diversas disciplinas, y para mantener
la calidad del propio sistema educativo.
Por otra parte, no sólo cuánto se invierte,
sino cómo, es fundamental. Existe un creciente
estado de opinión en sectores científicos
europeos que considera que el actual sistema
de financiación de la investigación básica
en Europa debe mejorarse. Aspectos como
la complejidad y burocratización del proceso
de solicitud y, en algunos casos, la imposición
artificial de las colaboraciones (imprescindibles,
pero siempre que se basen en verdaderas
razones científicas), dificultan un progreso
continuado. La propuesta de creación de
un European Research Council, con una dotación
financiera adecuada, y con órganos de gobierno
ágiles que garanticen su autonomía y le
den credibilidad y confianza entre los científicos,
puede ser un avance importante para incrementar
la competitividad de la investigación europea
de calidad a nivel global, y para formar,
retener y atraer a científicos altamente
cualificados para los institutos de investigación,
los hospitales y las empresas del entorno
europeo.
Reconfigurar el sistema de gestión
A nivel español, la necesidad de incrementar
los recursos y de reconfigurar un sistema
de gestión de la ciencia más flexible, coordinado
y eficiente es también evidente. Hace unos
meses un grupo de científicos de la Sociedad
Española de Bioquímica y Biología Molecular
propusieron un gran acuerdo institucional
y social que permita plantear un escenario
estable de inversiones a medio y largo plazo
y el consenso de reformas que hagan posible
un salto cualitativo de nuestra investigación
en general, y de la biomédica en particular.
En este caso, partimos de una buena red
de hospitales públicos y de un número significativo
de investigadores y de grupos de investigación
de calidad contrastada. Sin embargo, existe
una notable separación entre el sistema
nacional de salud y las tareas de I+D en
biomedicina y, en comparación con los países
de nuestro entorno, España dispone de un
menor número de investigadores, los grupos
de investigación son en general de tamaño
más reducido, la financiación media de los
proyectos es de inferior cuantía, hay más
dificultades en el acceso a plataformas
tecnológicas y el apoyo de personal técnico,
administrativo y de gestión es más escaso.
En definitiva, aunque se haya avanzado en
las últimas décadas, nuestro país debe (y
puede, porque tiene el capital humano y
las estructuras básicas necesarias) dar
un salto cualitativo para poder contribuir
activamente a obtener nuevos conocimientos
en el área biomédica, y ser capaz de incorporar
los que otros consigan a la práctica médica.
En mi opinión, este "salto adelante"
requiere, además de un imprescindible
incremento presupuestario sostenido en el
tiempo, nuevos planteamientos en lo que
se refiere a la coordinación de la política
científica en biomedicina, la atracción
de recursos privados, la creación y potenciación
de centros de investigación y plataformas
tecnológicas, la configuración de grupos
de investigación consolidados y competitivos,
la reforma de los currícula de licenciaturas
relacionados con ciencias de la salud, la
mejor definición de la carrera científica
en biomedicina y una mayor implicación de
la sociedad en el apoyo a la investigación
biomédica.
La masa crítica de investigadores
De entre todos estos puntos que requieren
reflexión, debate y consenso, quisiera destacar
dos: el papel central que deberían desempeñar
los Hospitales Universitarios como centros
de investigación, y alcanzar la requerida
masa crítica de investigadores.
El Hospital Universitario reúne las características
para convertirse en el centro nucleador
de la investigación traslacional, como interfase
que haga posible el acercamiento y las sinergias
entre las actividades asistenciales, la
investigación básica y la investigación
clínica. Deben introducirse las reformas
necesarias para que esta misión se facilite
y potencie.
Por otra parte, es particularmente importante
un marco claro y adecuado para la carrera
investigadora en biomedicina, que atraiga
y retenga a los médicos y científicos, y
en especial a los jóvenes. Para ello, hay
que ofrecer un horizonte de expectativas
de futuro, que ofrezca unas condiciones
de trabajo dignas y unas razonables oportunidades
de promoción y estabilidad para los que
acrediten una buena labor. El paso adelante
que constituye el Programa Ramón y Cajal
y los contratos de investigadores del FIS
debe complementarse con otras fórmulas (no
necesariamente ni principalmente funcionariales),
que propicien un sistema dinámico y flexible
de incorporación de científicos a los Hospitales,
a las universidades, al CSIC, a otros centros
de investigación y a las empresas. Es también
crítico incorporar en mayor medida a los
médicos a las tareas investigadoras, mediante
medidas de formación, incentivación para
su trayectoria profesional y compatibilización
con la tarea asistencial.
Estoy plenamente convencido de que la apuesta
decidida por la investigación biomédica
va a ser cada vez más importante para el
progreso y la calidad de vida de los países.
Los retos y los problemas planteados son
complejos, pero pueden acometerse contando
con la contribución y el compromiso responsable
de todos los implicados.
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